viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-08-09 04:00

¿Para dónde va el café?

Escrito por: Carlos Tobar
 | agosto 09 de 2017

A comienzos del mes de julio, se realizó en Medellín el Foro Mundial de Productores de Café, promovido por la Federación Nacional de Cafeteros. El objetivo, era revisar la relación entre productores y consumidores, de manera particular, la situación de bajas remuneraciones que, desde el rompimiento del Pacto Internacional del Café, reciben los países productores. Para darle cuerpo a tal pretensión, fueron invitados el expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton y el economista norteamericano Jeffrey Sachs, de quienes se esperaba dieran luces para abordar la desigual e insostenible relación económica que mantiene, sobreaguando, a un sector que en nuestro país es vital para la sobrevivencia de 550.000 familias campesinas.

Fuera de los lugares comunes, a que nos tienen acostumbrados los expertos en el tema del café, no hubo nada novedoso, a no ser que las declaraciones o peticiones –como la de Sachs de que los consumidores ‘donen’ 5 centavos de dólar por taza consumida en favor de los productores, o la de Clinton quien pidió convertir el grano en un “ancla para el desarrollo rural”–, se consideren aportes sustanciales a la sin salida en que las reglas del libre comercio tienen a los productores de commodities en el mundo entero. Porque bajo el ‘perrero’ del neoliberalismo los monopolios de la comercialización, quienes ejercen el control hegemónico de los mercados, no solo en los países consumidores, sino en los productores, impusieron la manipulación de los precios como norma, envileciendo los ingresos recibidos por los productores campesinos de países como el nuestro.

Para completar el cuadro de dificultades, el mercado internacional, ha migrado de consumir cafés suaves a preferir robustas –donde Brasil y Vietnam, tienen la delantera–, cambiando la proporción de 70% de suaves – 30% de robustas de hace unas décadas, a 50% de unos y otros, hoy. Es un consumo de mezclas de las cuatro variedades básicas de café, que controlan los grandes importadores, las multinacionales tipo Nestlé, donde los productores terminan recibiendo, en el mejor de los casos, el 10% de los 200.000 millones de dólares que se estima factura anualmente la cadena del café. ¿Existe alguna posibilidad de cambiar esa relación desigual, mejorándola así sea en una proporción mínima, como propone Sachs? Bien dudosa la propuesta de apelar a la ‘caridad’ capitalista.

De todos los entresijos del Foro, lo que si debe preocupar a los caficultores es la posición de la cúpula de la federación. No solo la actitud de someterse en la dura pelea por mantener la garantía de compra, uno de los activos históricos de Fedecafé, a los intereses del sector asegurador, renunciando a exigir del gobierno la financiación del fondo, sino el posible cambio de la línea estratégica de producción interna. Me refiero a la consideración hecha, antes y durante el foro, por el gerente general, Roberto Vélez, de empezar a explorar el cultivo de robustas en la altillanura, cuando afirma que “el país, en general, debe tomar la decisión de qué cultivar en las zonas que empiezan a aparecer como nuevas, (…) Los terrenos bajos donde no se produce la caficultura de montaña y de café arábica, tendrían la posibilidad de la siembra del robusta.” Una orientación que puede tener aspectos positivos, pero que indudablemente generaría riesgos muy altos para la producción de los cafés suaves de cordillera. Sería de entrada, abrirles paso a las grandes empresas industriales para producir robustas a costa, posiblemente, de la producción tradicional. El tema da para largo y mi deber es dejarlo servido sobre la mesa.

Neiva, 8 de agosto de 2017


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