¡Padre...perdónalos!
Pedro Valenzuela, profesor universitario y conferencista internacional, ha salido al paso de quienes denigran de su tío abuelo, Padre Pedro María Ramírez, Mártir de Armero, cuya beatificación ratificará en Colombia el Papa Francisco. En nuestra niñez escuchamos de sus milagros, incluso siendo mi familia muy liberal tenemos testimonio de uno que nos concedió. Su sobrino nieto afirma: “No lo conocí, pero crecí oyendo historias sobre su vida y su muerte. El padre Pedro María, como se resalta en las crónicas, nació en el seno de un hogar conservador y católico. Mi abuelo y mi padre fueron dirigentes de ese partido y por esa razón la familia fue víctima de ataques durante los aciagos años de La Violencia. Mi abuelo fue golpeado y apuñalado en Neiva. Lo salvó un médico liberal. Era una familia prestante y respetada hasta por sus opositores políticos”. Pedro está sorprendido por la falta de rigor y el uso selectivo de evidencias para respaldar falsedades, como: “Fue asesinado por perseguir las ideas y a los militantes liberales”. O ésta: “Los sectores tradicionales, eclesiásticos y políticos, le han metido un gol al Vaticano, y ante todo al Papa Francisco.” Han llegado al colmo de preguntarse si no habría “algún tipo de relación entre funcionarios del Vaticano que están contra del Papa y sectores eclesiásticos, para hacerlo quedar mal”. El proceso de beatificación comenzó en 1993, con Juan Pablo II. La investigación por parte del Vaticano se inició en 1995 y culminó en 2013. No es, pues, un intento de los malquerientes del Papa Francisco por “meterle un golazo”. Afirma Pedro: “Lo único claro es que el sacerdote, además de ser muy piadoso, “tenía inclinaciones por el Partido Conservador”. Lo demás, son insinuaciones de alguien que “oyó” cosas que nunca ocurrieron…” En cuanto a su muerte también hay muchas mentiras: “No le cortaron la cabeza, ni jugaron fútbol con ella, ni murió maldiciendo al pueblo y condenándolo a ser destruido, como aseguran “testigos” que lo “oyeron” de sus padres”. El jesuita Daniel Restrepo escribió en 1951 el libro “El Mártir de Armero: ¡Padre… perdónalos!” con una ilustración del sacerdote de rodillas con los brazos en alto. Esta frase hoy todavía tiene mucha validez.
