¡No más Duque!
Por Darwin Méndez Losada
El país requiere un líder que asuma, decididamente, una lucha sin cuartel a la corrupción. Que se comprometa en esclarecer y evitar las continuas amenazas y muertes de líderes sociales. Que cumpla la palabra dada por el estado en la implementación de los acuerdos de paz con las Farc; que, de no hacerse, traería consecuencias nefastas. El país requiere un líder gestor de iniciativas que promuevan la equidad y direccione políticas destinadas a disminuir significativamente la desigualdad social, toda vez que, según el último informe del Foro Económico Mundial realizado en febrero del 2020, antes de la pandemia, Colombia ocupaba el deshonroso puesto 65 de 82 países evaluados. Superado en América Latina, solamente por Perú y Paraguay. Algo vergonzoso para este gobierno que nos vende el discurso de ser líderes en la región.
El país no necesita un presidente farandulero, que se ha querido aprovechar de la pandemia para aumentar su popularidad; la cual, antes de abril del 2020, rayaba en el 23 por ciento. Ahora, la busca incrementar apareciendo todos los días en los medios de comunicación, vendiéndose como estratega; como un capitán que lleva el barco a buen puerto; pero, según lo denunciado por la Revista Semana, tenemos es un gobernante que realiza contratos millonarios para posicionar su imagen: más de 5 mil millones fueron contratados en un año para este fin, una adición y un nuevo contrato firmados en medio de la pandemia. Lo que se observa es que este barco va a la deriva y las consecuencias después de la pandemia, serán desastrosas.
Un verdadero líder no necesita aparecer todos los días en televisión y en periódicos, ni pagar millonadas de pesos para mejorar su imagen. Un verdadero líder sobresale en su naturaleza, por las decisiones acertadas y oportunas, por el ejemplo, por su gestión, motivación e iniciativas. Los líderes emanan inspiración e incentivan para alcanzar las metas que beneficien a todos, no solo a los poderosos.
Es evidente que el país, al inicio de la crisis que ha suscitado el virus del covid-19, se direccionó por las estrategias adelantadas por la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, quien abiertamente marcó el derrotero a seguir y Duque, con el rabo entre las piernas, tuvo que aceptar para no perder la poca credibilidad que aún tiene.
¡No más Duque!, estamos en un momento difícil. Está en juego la vida de millones de personas y el futuro del país. No es el momento para demagogias, ni populismos. Es ridículo escucharlo hablar de decretos y ayudas que al final no llegan a los verdaderamente necesitados; hasta su propio mentor político ha señalado la falta de gestión de su gobierno. Duque, no intente tapar con su imagen las investigaciones por la ñeñe política, ni el espionaje ilegal contra periodistas y políticos, ni las investigaciones contra su mentor político, ni los desastrosos manejos económicos y sociales de su gobierno y los posibles intentos absurdos de entrometerse en los asuntos políticos de otras naciones.
En las transmisiones de radio y televisión, queremos escuchar a los expertos; a los científicos; a los médicos: que son los verdaderos protagonistas de la emergencia; esos a los que han insultado y maltratado en las calles, producto de la ignorancia y la desinformación. A esos rostros ocultos, llenos de conocimiento, sapiencia y valor son lo que queremos ver y escuchar en los medios de comunicación, y no el rostro de un hombre bonachón, sin experiencia, que llegó a la presidencia, al parecer, de dudosa manera.
Posdata: “No se puede tomar al político como un elemento netamente comercial. No es nada más el aspecto lo que hace su imagen, sino sus valores y motivaciones. La imagen política no es solo una buena corbata, la imagen política es reputación”. (Segmento del artículo titulado Imagen Política: de las ideas a los sentimientos, escrita por el consultor político internacional Eduardo Valiente)
