“Los nuevos pobres y la sociedad del cansancio”
Por Néstor Pérez Gasca
La situación socioeconómica actual de la humanidad se podría definir como “dos universos paralelos” en la cual están los “nuevos pobres y la sociedad del cansancio”. Ambas coexisten y podrían llegar a una simbiosis con la cual terminaríamos en una idéntica y miserable posición.
Por una parte, existen los llamados “pobres estructurales” que son seres humanos con necesidades básicas insatisfechas, viven en condiciones de muy baja calidad, hacinadas y, además, poseen ingresos ínfimos con muchos hijos -que en la mayoría de los casos- no acceden a la educación. Por si fuera poco, capotean sus vidas sin todos los servicios básicos (que pueden estar en dos grupos: aquellos intensivos en personal, como la justicia, la seguridad, la educación y la salud; y los intensivos en capital, como la energía, los acueductos y alcantarillados, las telecomunicaciones y el transporte).
También están los pobres por ingreso. Personas que posiblemente tengan una vivienda digna y con hijos que se educan con restricciones, pero cuyos ingresos no son suficientes para vivir dignamente, como lo pregona en uno de sus principios nuestra Constitución Política.
Por último, tenemos un grupo de personas a quienes la situación de pobreza se les apareció de repente, por motivos manifiestos como las pesadumbres actuales, agravadas por las felonías del gobierno que decidió darle el dinero a los Bancos en estos momentos de escasez y no a quienes con esmero y persistencia sostienen nuestra enclenque economía. Esta clase social en vía de extinción y conocida como la clase media pasará a ser la de “los nuevos pobres”, y como si no fuera suficiente, también son víctimas de ese mundo de las metas y la superación, de la felicidad imaginada, de querer vivir con avaricia las fantasías de otros, recuerden que todos los deseos y anhelos ajenos son sufrimiento (Buda). Esta “sociedad del cansancio vive con la angustia de hacer siempre todo lo que puede, como lo dijo el filósofo surcoreano Byung-Chul Han :“Ahora uno se explota a sí mismo y cree que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”, con enfermedades ocasionadas por el sobreesfuerzo de esta clase altamente competitiva y en algunos casos por el estrés que genera el endeudamiento sistemático de este grupo social hiperconsumista, que se apega excesivamente a lo material y que les preocupa tanto morir que se han olvidado de vivir.
Quizás, solo somos pobres con títulos profesionales y endeudados de por vida, es posible que “el mundo esté al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”, como dijo Chul Han.
