¿La tenemos clara?
El pasado 15 de mayo de 2019, en el diario La República, Ramiro Santa (ex directivo de Hocol SA, e impulsor de muchas acciones desde la Fundación de esa compañía petrolera, muy recordado en el Huila), escribió la columna “Quiero la leche pero no quiero la vaca…” especialmente mencionando lo que sucede en el sector minero nacional con la injusta e irrazonable oposición que hizo carrera de que toda la minería debe impedirse en los municipios y por ende en el territorio nacional.
En esa columna, Ramiro expresó cosas como estas: “No hay un tema más rentable políticamente que envolverse en la bandera ambiental mal informada o con intereses políticos y lanzar ataques a diestra y siniestra sin ningún conocimiento y obviamente sin ninguna propuesta concreta o acción. No quieren entender que no hay nada más depredador que la pobreza”. También sostuvo al final: “En esa lógica de “quiero la leche pero no quiero la vaca” se debería excluir de los recursos y regalías a los todos los municipios que no cumplan con dos condiciones: 1. Ser productores y 2. Aprobar la minería y en consecuencia no quieren ser parte de la fuente generadora más importante para la economía.”
Aun no la tenemos clara en materia de desarrollo. Y permitimos que algunos engañen al pueblo basados en la perversa estrategia de aprovecharse de esas dos situaciones. El problema no es la minería; el problema es dónde la podemos desarrollar y de qué manera.
La minería no energética no es sustituible. Sólo esa conclusión contundente, debería bastarnos para entender con simple lógica que debemos convivir con ella bajo los criterios del modelo de Desarrollo Sostenible con recuperación (ver nuestras columnas sobre la Encíclica Laudato, Si)
Por el mismo camino absurdo de “agua sí, minería no”, ya en algunos departamentos se está señalando la cría de gallinas, cerdos y ganado vacuno como enemigo del ambiente y concluyendo que estas deben proscribirse. Por ejemplo, en Boyacá ya hay un municipio que sólo quiere vivir del turismo pero empiezan movimientos contra la crianza de pollos y porcícolas. Muy pronto, más con la oposición a algunos químicos en la agricultura, a esta terminará imponiéndose la licencia ambiental previa o quizás también prohibiéndola.
Debemos reiterar: debemos tener claro qué tipo de desarrollo económico anhelamos. Toda actividad humana genera un impacto ambiental. El parto mismo de un ser humano lo hace. ¿Unas actividades más que otras? Por supuesto. Las primeras deben poder realizarse bajo la condición de previa licencia ambiental y plan de manejo. Para esto, previamente es necesario determinar, sin más aplazamiento, dónde se puede y dónde definitivamente no se pueden desarrollar estas. Punto.
