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Opinión/ Creado el: 2019-09-04 02:23 - Última actualización: 2019-09-04 02:23

“La corrupción de la democracia”

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 04 de 2019

Por: Carlos Tobar

“Una vez que la podredumbre se establece, es formidablemente difícil de detener.”

The Economist

Con este título el periódico The Economist hizo la semana pasada un análisis del peligroso proceso de descomposición que vienen sufriendo las democracias occidentales. En aquellos países, desarrollados y en desarrollo, donde se han establecido partidos gobernantes con mayorías parlamentarias sólidas, se ha utilizado la cooptación de esas mayorías parlamentarias “para capturar a los reguladores, dominar los negocios, controlar los tribunales, comprar los medios y manipular las reglas para las elecciones.”

Les suena a conocido. Esa es la historia política de Colombia durante las últimas tres décadas, donde el poder omnímodo del ejecutivo, ratificado en la Constitución de 1991, ha terminado capturando mediante el soborno y la intimidación a los otros poderes, el legislativo y el judicial que, supuestamente deberían ser los contrapesos al régimen fuertemente presidencialista que funciona en el país.

Ese fenómeno que ya era grave en la última década del siglo pasado, se agudizó con el establecimiento de la reelección del presidente. Reforma hecha a la medida de Álvaro Uribe Vélez, mediante trapisondas y maniobras incluso delictuosas, que, después utilizó en su propio beneficio quien le sucedió en el cargo, Juan Manuel Santos, también apelando a mecanismos delincuenciales de parecido color al de su antecesor.

Hoy, aunque la reelección ha sido prohibida, el control que ejercen las élites como expresión del gran capital monopolista, nacional y extranjero, con un poder económico avasallador, les permite imponer gobernantes que usan el poder presidencialista para subyugar a sus contendores y usar el tesoro público para apalancar los negocios de sus mentores.

Los reclamos sociales terminan aplazados para siempre.

En el corazón de la degradación de la democracia está el cinismo. Luego de que la sociedad se ha percatado del grado de corrupción en que han caído las élites, estas han apelado a sembrar la división, avivar el resentimiento, explotar los prejuicios, alimentando las más bajas pasiones humanas. Es así como, fomentan políticas de odio y violencia, segregando a “los buenos de los malos”, siendo siempre los buenos los de su estirpe y los malos quienes se les oponen o simplemente los contradicen.

“Para cumplir su cometido los políticos cínicos denigran de las instituciones y luego las vandalizan.” Esa es la forma como pueden dividir a su antojo la sociedad. Un país es desarrollado, entre otras cosas porque tenga instituciones fuertes, reconocidas y acatadas por los ciudadanos. Esto no les sirve por eso atacan las cortes, envilecen los parlamentos…, y fomentan el caudillismo.

Neiva, 02 de septiembre de 2019


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