viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-10-30 11:00

¡Hombre! Póngale fe

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 30 de 2019

Por: Juan Carlos Domínguez D.

Esa fue la frase que dijo mi contertulio durante un largo y demorado viaje para salir de la ciudad, en busca de algo de calor, buenos aires y tranquilidad, lejos del mundanal ruido.

El tiempo fue suficiente para reflexionar acerca de nuestra situación y lo que nos espera, más en estos días de contienda electoral, donde no se si apostarle a la rubia o a la morena (con claridad me refiero a Dussán y a Chávarro).

La diatriba que escuchó mi contertulio es la realidad de Bogotá, Neiva, Cartagena, Villavicencio, Cali o de cualquier otra ciudad colombiana.

Apenas al salir, fue necesario tanquear combustible cuyo precio es uno de los más altos del mundo, una gasolina que casi que sale por su propia voluntad de esta tierra, pero que llega al usuario final con una carga tributaria increíble que deja pensando a más de uno.

No soy enemigo de pagar impuestos:  bienvenidos, pero que se vean en obras y calidad de vida, no en los bolsillos del pasajero de la camioneta blindada, que pasó raudo con un séquito de escoltas que me cierran y viven fraguando atentados imaginarios en contra del ilustre.

Sigo el recorrido esquivando huecos llenos de agua, por lo que es imposible dimensionar el tamaño del hueco en la vía y mucho menos ver hacia dónde corren las aguas de este inclemente invierno. Alcantarillas rebosadas.

Al otro carril, buses del sistema de transporte masivo repletos de pasajeros, en racimos humanos, nada diferente a las imágenes de los años setenta u ochenta del siglo pasado. Nada cambia, menos las vías.

Estas siguen siendo las mismas de toda la vida. De niño eran por las que iba en mi bicicleta: callecitas de un pueblecito que se convirtió en ‘ciudad’. En esa época circulaban 20 carros por minuto; hoy 100, exactamente por la misma vía, a ratos pavimentada, a ratos trocha. Así mismo, en esa época éramos dos pelaos por minuto en una cicla, hoy pasan 20 por la misma vía.

No deja de sorprender una ciudad donde se ejerce la mendicidad de forma indiscriminada, negocio en manos hoy de venezolanos inmigrantes sin destino y de otros que cambiaron su forma de hablar y pasaron, de un día para otro, a ser ciudadanos del vecino país, obviamente, sin pasaporte.

De reojo veo un titular del diario Portafolio: “… el Gobierno de España destinó 50 millones de euros para solventar la migración venezolana”. ¿Cuándo se acordarán de los estratos cero y 1 de los cordones de miseria locales o de los niños guajiros que comen de la basura?

Hay que reconocerlo y denunciarlo: cada día es más difícil y los tiempos son más largos para salir de la ciudad.

Una vez fuera, ya cuando el viento cambia el aire del interior y hace revolotear una que otra cana recibo la llamada de uno de esos amigos de siempre para contarme que invirtió, esta semana, 12 horas, sí 12, en su viaje de Cali a Bogotá; muy raro porque su viaje lo hizo por avión y por la ‘aerolínea de Colombia’, a cuyo buzón ya no le caben más denuncias, solo el dinero que United que le presta y le presta, hasta el día en que canjeará crédito por empresa.

Y así, seguí increpando por muchas cosas de nuestra vida diaria ejerciendo como colombianos.

“¡Oiga, párela! Usted es muy negativo… ¡Hombre! Póngale fe”, increpó mi contertulio, ya cansado de escuchar esa diatriba. “Con la fe no hago mercado”, atiné a responder. Sigo camino a mi destino final, escucho algo de música y me quedo pensando si me quedo con la rubia o con la morena. El domingo, en el tarjetón decidiré por alguno de los expresidentes de Finagro.