jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-03-07 12:22

¿Hasta dónde la autonomía universitaria?

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | marzo 07 de 2020

Como la problemática ambiental y la que surge del uso de los recursos naturales pasa por el conocimiento del territorio, el análisis de los impactos ambientales generados por las actividades antrópicas y las soluciones técnicas y jurídicas, la academia, especialmente la universitaria, cumple un rol fundamental en nuestra sociedad. De hecho abogamos porque sea privilegiada la investigación e información ambiental que provengan de las universidades ya que garantizan el libre acceso y objetividad que tanto se requiere para garantizar el desarrollo sostenible e incluyente.

Hace poco el experto en educación nacional, columnista y académico Francisco Cajiao, publicó una columna titulada “A las cosas por su nombre” (El Tiempo, marzo 2 de 2020) donde cuestiona la manera como se administra y usan los espacios abiertos (no salones o laboratorios) de las universidades. Sostiene, que estos hacen parte del espacio público y en consecuencia deben permitir la presencia policial. Afirma que “Es difícil entender, proviniendo de académicos, la afirmación de que la autonomía universitaria constituye una especie de extraterritorialidad similar a la de las embajadas o los enclaves coloniales, y con este argumento se proscribe la presencia de la Fuerza Pública en los terrenos de las instituciones de educación superior, que por definición son públicos”,  se han construido  y se sostienen con los impuestos.

Estamos de acuerdo con que no podemos seguir en el error, de pretender que en las áreas de las universidades no ocurran violaciones legales que afectan por igual a la sociedad como a los miembros de la comunidad académica. Y que por tanto, desbordan la capacidad administrativa de los rectores  y exigen las acciones legales para garantizar la seguridad y el orden público.

La autonomía surgió con el origen mismo de la universidad en la historia ya que desde sus inicios, profesores y estudiantes se unieron por lo que en la Edad Media se llamó "la voluntad de aprender los saberes". Vale la pena que repasemos ese origen.

Ahora, las realidades de universidades en Europa (donde surgieron en la Italia de hoy) y Estados Unidos, enseña que las universidades estatales más importantes hacen parte integral del espacio público de la ciudad donde se hallan. Incluso por eso una universidad pública puede tener varias sedes y en diversas ciudades. Así que los ciudadanos pueden circular con tranquilidad por sus instalaciones, recorrer sus museos, nutrirse de sus bibliotecas y hemerotecas, asistir a conferencias o conciertos estudiantiles sin limitaciones salvo a algunos accesos (laboratorios, por ejemplo) y sin temores por inseguridad. Eso es incoherente.