miércoles, 01 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-06-22 12:30

¡Están enfermos!

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 22 de 2020

Por Darwin Méndez Losada

¿Qué lleva a un hombre a sentirse con el derecho de  maltratar a una mujer? ¿Quién dijo que una mujer era una posesión, un objeto de la que se podía disponer a voluntad? ¿Será acaso el hecho de llevar un falo y unos testículos en medio de las piernas, que les hace pensar que tienen el derecho de agredir, violentar y asesinar a las mujeres?

Al respecto, la Asociación Americana de Psicología (APA), en un estudio adelantado el año anterior, condenó a esa masculinidad tradicional, que sigue presentando algunos rasgos dañinos, como lo son el estoicismo emocional y la autosuficiencia, enmarcados dentro de lo abusivo y desprovisto de empatía.

Y es que, esos llamados hombres que cometen estos actos criminales de violencia y asesinato de mujeres presentan a su vez unos rasgos de personalidad de la conocida “triada oscura”, donde encontramos patrones de comportamientos como el narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo.  El primer rasgo de la triada es el narcisismo, evidenciado en sujetos que tienden a centrarse en ellos mismos, y creer que poseen un poder ilimitado, con una necesidad de admiración de los demás.  La psicopatía, que es la falta de empatía, se manifiesta en los rasgos de manipulación y desinterés por los sentimientos de los demás. Y, finalmente, se presenta el maquiavelismo, con actitudes cínicas y desarrollo de estrategias cuyo fin es el beneficio propio.  Algunos psicólogos han propuesto incluir un cuarto rasgo: el sadismo, un interés en comportamientos crueles y degradantes, que buscan placer o dominación.

Ciertamente, los sujetos con estos rasgos al mantener una relación de pareja suelen cometer abusos y maltratos tanto físicos como psicológicos, que provocan un estado de dominación y sumisión sobre sus compañeras sentimentales. Son hombres obsesionados con ellos mismos, que no miden las consecuencias de sus actos y todo les parece una diversión.

Ahora bien, es indiscutible que estos rasgos de personalidad se evidencian en personas enfermas que merecen tratamiento.  Infortunadamente somos una sociedad que queremos solucionar las cosas con el castigo, sin antes hacer un análisis de estrategias y prácticas que eviten llegar a ese correctivo.  Antes de debatir las penas que merecen, se debería hacer una reflexión y analizar qué se está haciendo mal para que sujetos con estos comportamientos sigan apareciendo.  Deben estar fallando muchas estructuras de la sociedad.   Me pregunto ¿dónde están los padres, hermanos, abuelos, tíos y vecinos de estos hombres? (entorno familiar), ¿dónde están los profesores, psico-orientadores y compañeros?  (sistema educativo), ¿dónde están los alcaldes, concejales, gobernadores, diputados, congresistas y el presidente? (sistema político).

De hecho, los hombres con estos rasgos de comportamiento no se hacen de la noche a la mañana, son conductas que se van adquiriendo durante el desarrollo, y en algún punto de su adultez se magnifican con consecuencias funestas. Pero pareciera que todo se calla, se oculta, tal vez por miedo, vergüenza o desinterés, y solo cuando se maltrata o asesina a una mujer, es que toda la sociedad sale consternada a reclamar justicia, cuando la calamidad se pudo evitar a tiempo.  El debate no es jurídico, de cuántos años de cárcel merece un agresor o asesino, el debate es social, de adopción de estrategias que permitan identificar a tiempo estos patrones nocivos y hacerles un seguimiento con tratamientos adecuados y oportunos.  Donde haya un compromiso serio y responsable al interior de los hogares y de los gobiernos locales, departamentales y del gobierno nacional con políticas y presupuestos. 

Por supuesto,  esto es mucho pedir en una sociedad enferma, donde la integridad física y la vida de las personas parecieran no importar.

Posdata: El congreso dio vía libre a la cadena perpetua para violadores de niños, una decisión populista y que no soluciona el origen del  problema, además para estas decisiones, primero hay que reformar a la justicia, tan carcomida por la corrupción y la desidia.