martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-03-20 02:44

¿Era para tanto?

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | marzo 20 de 2019

La oposición estrenó la semana pasada, el espacio que le otorga su estatuto para tener acceso a los medios de comunicación del estado, con al menos 30 minutos de tiempo al aire en horario “prime-time”.

Esto, sin perjuicio del tiempo más  reducido que tienen todos los partidos, y que por lo general

Se emite minutos antes  de los noticieros de las 7 PM, tratando temas institucionales.

En esta oportunidad, el uso del tiempo otorgado a la oposición, se asemejó más a una alocución presidencial en dónde la bancada opositora en cabeza de una joven, sin dudas estudiada y respetuosa, como lo es Juanita Goebertus le expuso al país los argumentos que según las bancadas opositoras al gobierno demuestran que el Presidente Iván Duque está generando un desequilibrio de los poderes públicos y a su vez,  un choque de trenes entre el ejecutivo, La Corte Constitucional y el Congreso de la República.

Esta respetuosa pero airada respuesta, emitida en todos los canales nacionales, se dio con ocasión de la objeción que hiciera el presidente de la República frente a 6 artículos del ya muy famoso proyecto de ley estatutaria de la JEP, que no debe ser confundido con la ley 1922 de 2018, que establece mecanismos de procedimiento para la jurisdicción especial de paz.

Pero, ¿realmente era necesario esa indignación por parte de la oposición que busca hacer creer a la comunidad que el gobierno nacional está poniendo en grave riesgo la paz?.

Estamos hablando de un objeción a 6 artículos de 159 que componen el proyecto de ley, es decir un 3% del grueso de su articulado, frente a disposiciones que no buscan ser suprimidas si no blindadas y complementadas. Esto bajo ninguna circunstancia pareciera ser una afrenta o amenaza a la paz, teniendo en cuenta además, que una objeción no es sinónimo de veto y que en caso tal de que el congreso no encuentre razones validas para su modificación, el presidente no tendrá otra que firmar y sancionar la ley.

Entonces ¿era para tanto?, ¿Era necesario hacer movilizaciones en torno a una situación plenamente contemplada en la constitución y que tiene una salida dentro de la misma?.

Me suena más a hacer creer que existe un estado de crisis el cual no es, y que además sirve para que los artífices de dichos acuerdos, como lo fue la propia representante Goebertus que en su momento fungía como miembro negociador del gobierno, proteja su preciada creación.

Pero mientras hechos fehacientes  de que los defensores a ultranza del acuerdo en distintas oportunidades le han torcido el pescuezo al estado de derecho para implementar su postura, la sociedad no sólo se polarizará más, si no que habrá una antipatía por ir en contravía de lo que una parte mayoritaria de la sociedad ha dispuesto.

El que hayan permitido hacer proselitismo a favor del SÍ, en pleno gobierno santos, en dónde muchos goberantes lo hicieron buscando el beneplácito del primer mandatario, así como el saludo a la bandera que significó  el resultado del plebiscito dan fe de ello.

No importa que periodistas, acudiendo a encuestas a las carreras digan que el NO ganó por miedo e ignorancia, como lo dijera maría Jimena Duzán, el hecho es que el haber al menos aceptado el trámite de las objeciones dentro del congreso sin haber acudido al argumento del choque de trenes, le hubiera demostrado a la ciudadanía, que aún puede existir un debate sobre que es lo que más le conviene al país, y que no todo puede resultar de una imposición más inamovible que la misma constitución política como se está convirtiendo el acuerdo de la Habana.


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