¿Empalme o improvisación?
Con ocasión de la elección de nuevos alcaldes y gobernadores, mucho se viene especulando por parte de lo que se ha denominado COMISIONES DE EMPALME, las que se han abrogado facultados incluso de auditoría, para revisar y cuestionar las actividades o ejecutorias de las administraciones salientes, los contratos y los recursos que quedan por ejecutar y lo que es peor de todo, de querer desconocer los proyectos y programas que cada gobierno va dejando para ser continuado por quien lo suceda en su cargo.
Es decir que los gobernantes elegidos en la pasada contienda política, según se observa, no conocían y no tenían el diagnóstico de la ciudad o de la Gobernación. No conocían y no sabían en que organización gubernamental se estaban involucrando y por consiguiente sus propuestas de cambio o de continuidad, no tenían la más mínima voluntad de generar una proyección social y política de mejoramiento o de emprendimiento hacia el bienestar de las comunidades, como debería ser lo ideal, en el evento de que cada administración cumpliera con sus postulados y los fines propios de su razón de ser en la política.
Las elecciones estuvieron matizadas por un fenómeno propio de nuestra idiosincrasia, por las afrentas y por menospreciar a sus rivales, pero los candidatos en su gran mayoría, no tenían el diagnóstico de la realidad, del entorno al que pretendían direccionar y por consiguiente, ninguno tenía proyectos o ninguno de ellos anunció la puesta en marcha de políticas concretas, serias y con soportes en la economía o hacienda pública de lo que serán sus próximos cuatro años de mandato.
Esa ausencia de un diagnóstico y la no proyección de políticas en agendas de gobierno, en programas de gobierno y en el diseño de sus actividades, genera lo que siempre ha sucedido, con este proceso seudo democrático que nos ha tocado vivir, es decir, que somos hijos de la especulación y que todo ello nos lleva a la improvisación y a tratar de satisfacer algunos compromisos con quienes en determinado momento fueron los que con sus aportes económicos hicieron posible el carnaval electoral, como en últimas terminan siendo folclóricamente consideradas nuestras gestas electorales.
Las comisiones de empalme no pueden estar conformadas por quienes hayan de ocuparse de los cargos públicos en su momento, deben ser en su integridad asesores que representen una visión en conjunto del estado de desarrollo o de estancamiento en el que se encuentran los programas sociales del nivel local o departamental y es el gobernante quien debe con su equipo de gobierno, una vez elegidos, asumir el direccionamiento como se corresponde, conforme a ese plan o proyecto de gobierno que previamente a su elección ha debido ser garante de su postulación al cargo.
Es interesante el conocimiento que hemos tenido de cómo el señor Gobernador electo, ha sido el principal protagonista en este proceso de empalme. Es decir que personalmente se ha encargado de direccionar y de acercarse al gobernante saliente. Y no como sucede en muchos municipios, donde las comisiones se encargan a espaldas del elegido, de tomar cuentas o requerir a los mandatarios salientes, para sobre esa base, convertirse en los líderes de un proceso en el cual, no son más que simples convidados de piedra y que no podrán y no sabrán llevar el mensaje que ha debido conocer el mandatario en forma directa y personal del diagnóstico que nunca que se hizo, que nunca conoció y que por tanto, solo lo llevó a pregonar discursos a diestra y siniestra, con proyectos de cambio que nunca se sabrán a que cambios correspondían. No olvidemos que los fines del Gobierno son simples y únicos, son sencillos y transparentes y eso es precisamente lo que ha hecho falta en nuestros gobernantes salientes.
