Opinión/ Creado el: 2018-10-27 03:22
¿El paro en la educación?
Bajo el presupuesto de la existencia de una crisis en la universidad por desfinanciamiento, los movimientos sociales del país se han puesto en la marcha de liderar toda una serie de actividades en las cuales la parálisis en la educación, es la única respuesta posible frente a las políticas guerreristas o partidistas que han regido bajo el amparo de la corrupción, ésta nación.
Muchos se cuestionan cómo es posible que luego del cese al fuego con el mayor de los grupos alzados en armas, como eran las Farc, la inversión para la guerra o en otros términos, para el Ministerio de Defensa, se constituya en el epicentro de los gastos del Estado proyectados en el presupuesto General y vaya de la mano, con los recursos que se destinan para el sostenimiento de la burocracia nacional.
Frente a la realidad que hemos vivido, no podemos desconocer que durante más de sesenta años, la República de Colombia, se ha movilizado bajo una inestabilidad social y económica, donde la lucha por los partidos políticos y la consolidación de una “supuesta democracia” han permitido toda clase de desafueros y de exterminio de la razón y del pensamiento, en aras a la construcción de una sociedad que bajo la égida del terror y de las desigualdades, sumado a la indiferencia ciudadana, han generado las grandes crisis sociales que hoy se viven y se enfrentan en todos los estadios de las comunidades y de los roles inmanentes a nuestro diario vivir.
No podemos olvidar que hemos pasado desde un régimen militar, por un periodo donde los partidos tradicionales se dividieron el poder durante dieciséis años, y tras una serie de movimientos políticos partidistas, surgieron unos presidentes que a su vez, sumaron entre sí, bajo un mismo lema, dos periodos de ocho años cada uno, para alcanzar una estela de abandonos, donde el desarrollo, la educación y las políticas fiscales hacia las comunidades desprotegidas estuvieron dirigidas y manipuladas en beneficio de los grandes capitales en un ciclo que ahora se reinicia y vuelve y juega.
Colombia y la Educación, son temas que concitan a la opinión pública nacional e internacional, pero para poder dar el salto hacia la búsqueda de las soluciones posibles, debemos empezar por mirar dentro de nosotros mismos y descubrir las verdaderas falencias que surgen dentro de una irresponsabilidad en el liderazgo y en la formación del hombre del siglo veintiuno.
No hay compromiso de la juventud con el desarrollo cultural y educativo. No hay derroteros que nos permitan visualizar la necesidad de ese cambio que todos exigimos. El paro no lo es todo. Necesitamos actitudes que refuercen todas las formas y manifestaciones de ese inconformismo desde el aula, para poder transformar la realidad, el entorno y nuestro compromiso con la sociedad. Mientras no demos ese primer paso en la formación personal, intelectual y de motivación de nuestro propio ser. No habrá una solución pronta e inmediata a ésta crisis en la educación y ésta seguirá siendo un caballito de batalla, donde la especulación, la politiquería y la burocracia, se ensañen en direccionar las acciones de la corrupción, que son nuestro gran aliado en la construcción de un país que no habíamos soñado.
La educación nos hará libres en la medida en la que podamos asumir una responsabilidad hacia la construcción de una sociedad justa, igualitaria y donde las exigencias de la academia se den por igual en todos los niveles donde se desenvuelve el ser humano, porque nunca dejamos de aprender, nunca dejamos de ser alumnos, nunca terminamos el proceso del conocimiento en la búsqueda de los elementos esenciales para nuestra existencia.
Muchos se cuestionan cómo es posible que luego del cese al fuego con el mayor de los grupos alzados en armas, como eran las Farc, la inversión para la guerra o en otros términos, para el Ministerio de Defensa, se constituya en el epicentro de los gastos del Estado proyectados en el presupuesto General y vaya de la mano, con los recursos que se destinan para el sostenimiento de la burocracia nacional.
Frente a la realidad que hemos vivido, no podemos desconocer que durante más de sesenta años, la República de Colombia, se ha movilizado bajo una inestabilidad social y económica, donde la lucha por los partidos políticos y la consolidación de una “supuesta democracia” han permitido toda clase de desafueros y de exterminio de la razón y del pensamiento, en aras a la construcción de una sociedad que bajo la égida del terror y de las desigualdades, sumado a la indiferencia ciudadana, han generado las grandes crisis sociales que hoy se viven y se enfrentan en todos los estadios de las comunidades y de los roles inmanentes a nuestro diario vivir.
No podemos olvidar que hemos pasado desde un régimen militar, por un periodo donde los partidos tradicionales se dividieron el poder durante dieciséis años, y tras una serie de movimientos políticos partidistas, surgieron unos presidentes que a su vez, sumaron entre sí, bajo un mismo lema, dos periodos de ocho años cada uno, para alcanzar una estela de abandonos, donde el desarrollo, la educación y las políticas fiscales hacia las comunidades desprotegidas estuvieron dirigidas y manipuladas en beneficio de los grandes capitales en un ciclo que ahora se reinicia y vuelve y juega.
Colombia y la Educación, son temas que concitan a la opinión pública nacional e internacional, pero para poder dar el salto hacia la búsqueda de las soluciones posibles, debemos empezar por mirar dentro de nosotros mismos y descubrir las verdaderas falencias que surgen dentro de una irresponsabilidad en el liderazgo y en la formación del hombre del siglo veintiuno.
No hay compromiso de la juventud con el desarrollo cultural y educativo. No hay derroteros que nos permitan visualizar la necesidad de ese cambio que todos exigimos. El paro no lo es todo. Necesitamos actitudes que refuercen todas las formas y manifestaciones de ese inconformismo desde el aula, para poder transformar la realidad, el entorno y nuestro compromiso con la sociedad. Mientras no demos ese primer paso en la formación personal, intelectual y de motivación de nuestro propio ser. No habrá una solución pronta e inmediata a ésta crisis en la educación y ésta seguirá siendo un caballito de batalla, donde la especulación, la politiquería y la burocracia, se ensañen en direccionar las acciones de la corrupción, que son nuestro gran aliado en la construcción de un país que no habíamos soñado.
La educación nos hará libres en la medida en la que podamos asumir una responsabilidad hacia la construcción de una sociedad justa, igualitaria y donde las exigencias de la academia se den por igual en todos los niveles donde se desenvuelve el ser humano, porque nunca dejamos de aprender, nunca dejamos de ser alumnos, nunca terminamos el proceso del conocimiento en la búsqueda de los elementos esenciales para nuestra existencia.
