¿De qué me hablas viejo?
La respuesta que encabeza este artículo, fue la que dio en forma displicente el subpresidente Duque al periodista Jesús Blanquicet en Barranquilla, que le indagó sobre la muerte de 8 menores en un bombardeo a un campamento de disidentes de las Farc en el sur del país, demostrativo de la banalización insólita que pretendió darle al asunto que a la postre precipitó la renuncia del cuestionado ministro de Defensa Botero, porque según se demostró en el Congreso ese hecho fue ocultado a la opinión pública; y además, de su incompetencia para gobernar, porque como lo he afirmado no es el primer mandatario de los colombianos, sino el primer mandadero de Uribe, que sale con respuestas de ese caletre, como la de su mentor eterno de que “no estaban cogiendo café”, los falsos positivos de Soacha.
Y es que a Duque prácticamente no le sale una por estar fungiendo de mandadero y no de Presidente, al punto que podemos afirmar que no da pie con bola como se dice en el argot popular, como que con esa destemplada e irresponsable respuesta, quedó como bien dijera un ciudadano de a pie, resumida “perfectamente toda la ingobernabilidad que vive el país desde hace un año”, y que ha llevado a que muchos colombianos tengamos la percepción, de que con su gobierno, si es que así se puede llamar a la cantidad de desatinos que viene cometiendo, no vamos para ningún lado, pues el país periclita en medio de la inseguridad, la violencia, la politiquería, el asesinato de líderes (ya van 123 ) y la falta de justicia, sin que aparezca ninguna medida de fondo para resolver la situación y mucho menos reformas que traten de cambiar el torcido rumbo que llevamos.
Mejor dicho no hay liderazgo alguno a la cabeza del Ejecutivo, por la ceguera de Duque para tratar de resolver la crítica situación de desgobierno con un acuerdo político, pues la renuncia del ministro Botero la calificó como intereses de la politiquería, cuando se está haciendo en el Congreso un serio trabajo de control político en materia de seguridad nacional, que no estaba garantizada con la gestión del defenestrado ministro como bien lo dijera el senador Roy Barreras, causando “daño a las Fuerzas Militares, tenía desbordada la seguridad nacional, un fracaso en todas sus cifras, engañó a los colombianos varias veces, pero además le mintió al Presidente varias veces”, lo cual era evidente, pero el mismo Duque salió a despedirlo como un héroe, inconsciente de la realidad y del rotundo fracaso de su incompetente y marrullero ministro.
Y no se trata de que los opositores del gobierno como ha dicho la senadora uribista Paola Holguín, estén empeñados en no dejar gobernar, incendiar y desestabilizar el país, pues precisamente eso es lo que ha venido haciendo el uribismo para tener vigencia política, sino que simple y llanamente no hay Presidente que gobierne, pues como lo ha dicho el mismo José Obdulio Gaviria, desde la Casa de Nariño “no hay conducción política”, reflejada en la respuesta que sirve de epígrafe a esta columna.
