Opinión/ Creado el: 2017-07-05 03:06
¿Corrupción, dónde?
Ahora todos meten el dedo en la llaga con lo acontecido al Director de la Unidad Nacional Anticorrupción de la Fiscalía General de la Nación, es claro, le sienta muy mal al ente investigador tener un funcionario de estas calidades en ese cargo. ¡Las ironías de la vida!
Pero Luis Gustavo Moreno no es ningún extraterrestre, es tan colombiano, como cualquier lector de esta columna, y por tal razón criado bajo la misma cultura corrupta en la que nos encontramos sumergidos todos los días.
Alguna vez leí una frase que explicaba de una manera muy sintetizada lo que sucede en nuestro país: “La clase alta compra magistrados, la media, policías de tránsito y la baja compra fichas de turnos, cada quien es corrupto en la medida de sus capacidades”.
Que podemos esperar de un país donde los presidentes de la República elevan frases como “reducir la corrupción a sus justas proporciones”. “todo fue a mis espaldas” o “me acabo de enterar”. La clase política de este país y de muchos otros no conoce la palaba pudor, aceptación, honestidad, todo es cuestión de lo que más esté a favor de sus propios intereses. Para llegar al poder se acude por lo general a la ley del más hábil, es decir, del más pillo.
Pero esa clase dirigente responde a sus electores, no los que se quejan en redes sociales y les da pereza ir un domingo a votar, sino a los que ejercen su derecho al voto detrás de todo ese andamiaje político y económico que se crea.
El maletín negro siempre será un poderoso medio de persuasión no solo en los cargos de elección popular, sino en otras formas de elección, como las famosas ternas o los novedosos concursos de mérito,pero, como se diría en colombiano castizo, la corrupción le encuentra la comba al palo.
Corrupto es aquel que se salta el conducto regular sin justificación legal para ello, es el contratista que hizo la pantomima de participar en una licitación, pero ser el único en cumplir los caprichosos y sospechosos requisitos habilitantes que sólo el cumplía. Es el consorcio o la unión temporal encargada de darles un nutritivo y delicioso alimento a los miles de niños en edad escolar cuando la realidad es bien distinta.
Pero la corrupción no sólo tiene un efecto directo en los bolsillos de quien se enriquece a costa de ello, sino también un efecto moral en la sociedad, es pensar que nada se puede hacer sin ser corrupto, de pensar que en nada sirve participar en un concurso de méritos porque ya todo está comprado y arreglado, es la forma más vil de enterrar a toda una generación que ha visto como el sistema de reglas y normas de un país que supuestamente sirven para equilibrar la participación y la democratización de los empleos públicos queda sólo en el papel.
Como los carteles de la mafia, los carteles de la corrupción no acaban con la detención de un cabecilla, es bien sabido que a falta de un capo hay tres más haciendo fila. Con la corrupción pasa igual, si no dejamos que ésta inunde todas las esferas de los poderes y de nuestra vida cotidiana lo más probable es que estos individuos más allá de sentir miedo o escarmiento se ingenien mejores formas de corroer aún más el sistema.
