¿Atacamos la ganadería y agricultura también? (II)
Seguimos el hilo de la columna anterior. Así como abogamos por impedir explotaciones petroleras y mineras en páramos, parques nacionales y regionales, y santuarios de flora y fauna, ¿debemos abogar porque en estas mismas se proscriban la agricultura y sobre todo, la ganadería? ¿Debe prevalecer la conservación ambiental sobre actividades que producen alimentos? Hay que responder contundentemente que sí.
Basta informar que el Instituto Humboldt, uno de los prestigiosos cinco institutos de investigación e información públicos ambientales que tiene Colombia, hace poco volvió a insistir en que la ganadería, la deforestación y la agricultura, juntas, han transformado negativamente cerca de 7,2 millones de hectáreas de humedales en Colombia. Para tener una idea de lo que esto significa, podrían compararse esos millones de hectáreas con las que ocupan las áreas explotadas por la minería (no las áreas de los títulos, sino las efectivamente ocupadas por instalaciones, explanaciones a cielo abierto y bocas de mina) para sincerar la situación y su impacto.
En este debate debe sumarse otra realidad, resultante de la pregunta: ¿actualmente podemos sustituir la minería, la ganadería y la agricultura? Es así como deben plantearse las cosas, sincerarlas para determinar qué debemos resolver y poder tomar decisiones.
Cuando en los foros se discuten estos temas, siempre hay quien afirme que, ante la realidad de no poder sustituir la inmensa mayoría de productos mineros, es mejor importarlos en vez de contaminar o dañar más ambientalmente el país. Eso no es serio. Colombia tiene cómo asegurar su propio desarrollo y crecimiento de la calidad de vida de su población pero ambientalmente sostenible. Otros son los problemas que debemos resolver como la definición de las áreas que deben reservarse y la corrupción que permea el seguimiento de las obligaciones ambientales (ver las columnas tituladas “El seguimiento ambiental”, publicadas en este medio, los días 8, 15 y 22 de septiembre de 2018).
Sí podríamos discutir es si podemos mejor “producir” agua y con sus réditos adquirir esos otros recursos naturales no renovables. Aunque nos sorprenderíamos de lo limitadísimo que es ese mercado internacional. Aunque debemos predecirlo sin tardanza.
La deforestación no discrimina ecosistema nacional. Es un mal que afecta los bosques del Chocó, la Amazonia y del resto del Pacífico, donde más hallamos la riqueza biodiversa de Colombia, sino que también lo hace con la vegetación boscosa que compone y conserva los humedales por doquier. Obvio, desde el punto de vista del depredador: necesitamos sabanas para el pastoreo y facilitar el abrevamiento de los animales.
