martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-02-23 02:03

¿Atacamos la ganadería y agricultura también? (I)

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | febrero 23 de 2019

Desde cuando comenzamos esta larga historia de nuestra columna el 3 de marzo de 1999 (Los recursos naturales: un conflicto Norte-Sur) siempre hemos advertido que la manera de abordar los problemas medio-ambientales será acorde la Constitución Política y la ley, lo cual  nos puso a opinar siempre en el marco del Desarrollo Sostenible.

Así que cada que nos ponen a opinar sobre la equivocada premisa de “agua sí, petróleo y minería no” evaluamos el contexto en que se plantea, y terminamos condenando aquellos que politizan el debate evitando sincerarlo. El Desarrollo Sostenible no es un invento colombiano, es de las Naciones Unidas, que obtuvo en 1987 las conclusiones de la Comisión Brundtland a la que había encargado estudiar cómo dirimir el conflicto entre desarrollo y necesidad de conservación ambiental y dentro de ellas se estableció la del Desarrollo Sostenible. La gente olvida esto, olvida qué es este y que lo tenemos imperativo en la Constitución (Artículo 80) y en la Ley 99 de 1993 (Artículo 3). Y olvida también que es una salida racional, mundialmente aceptada (con variantes como la que explicamos la semana pasada de la iglesia católica con su Encíclica Laudato Si`) a la aparente sin salida de necesidad de crecimiento y elevación de la calidad de vida de la población pero contrapuesta a la también necesidad de conservar los recursos naturales que inevitablemente se requieren para lo primero.

Bajo ese contexto, que no supone aplazar el desarrollo humano sino conciliarlo con la indefectible afectación del ambiente natural y los recursos naturales, es que hoy nos preguntamos ¿por qué no atacamos a la ganadería o a la agricultura como también lo hacemos con la minería y el petróleo?

Si se trata de evitar los daños al ambiente natural, debemos sincerar sus causas. Empezando por arengar “!agua sí, ganadería y agricultura no!” presionando un debate, repetimos, para sincerarlo. Sin embargo, para aquellos lectores que deben estar levantando la ceja, debemos advertir que por supuesto caeríamos en la misma trampa que nos ponen quienes malévolamente usan los debates ambientales no para buscar la conservación y recuperación ambiental sino unos réditos políticos que multiplican el daño social, porque esa no es la premisa honesta, correcta, técnica o científica.

Por ahora dejamos la pregunta que desarrollaremos en la siguiente columna: así como abogamos por impedir explotaciones petroleras y mineras en páramos, parques nacionales y regionales, y santuarios de flora y fauna, ¿debemos abogar porque en estas mismas se proscriban la agricultura y sobre todo, la ganadería? ¿Debe prevalecer la conservación ambiental sobre actividades que producen alimentos?

 

 

 


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