viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-12-14 03:08

¿A dónde vas democracia? (II)

Escrito por: Jorge Eliseo Cabrera Caicedo
 | diciembre 14 de 2019

Otro aspecto interesante expuesto en el reciente libro de Gabriel Melo Guevara es el relacionado con el supuesto de los Estados Democráticos de que “El pueblo elige como quiere que lo gobiernen y quienes quieren que lo gobiernen”, es decir, con su voto selecciona quién y cómo. No se trata simplemente de elegir unas personas para envestirlas de poder sin restricciones ni guías, porque el mandato que otorga tiene un doble marco, el institucional y el de la coyuntura.

El institucional lo trazan las normas jurídicas fundamentales que estructuran la organización del Estado, cómo se ejercen las funciones propias del poder político, la reglamentan y señalan las competencias para ejercerla. Está integrado por la Constitución y las Leyes que fijan una limitación para ejercer el poder político. Nos recuerda el Dr. Melo cómo los particulares pueden hacer todo aquello que la ley no prohíbe, y los funcionarios públicos solo pueden hacer aquello que la ley les autoriza.

El marco de coyuntura es propio de cada elección. No tiene la fuerza jurídica del institucional y se refiere a cada elegido en particular. Se le dice al funcionario escogido por parte de sus electores, cómo y con qué propósitos debe ejercer las funciones que se le encomiendan de conformidad con su programa y no confiere un mandato general sin límites.

Sin embargo, las constituciones políticas de los Estados son flexibles. Las normas rígidas asfixian al Estado. Por ello es importante que contengan la oportunidad y los procedimientos para reformarla. Cuando se intenta destruir el régimen existente para implantar uno distinto, se trata de un cambio revolucionario. Los artículos de una Constitución que prohíban franca o disimuladamente reformarla, son cláusulas suicidas.

Los candidatos proponen un programa para cumplirlo una vez elegidos, pero vemos con frecuencia, una vez alcanzada la titularidad del poder, los programas pasan a la categoría de promesas. La gente vota por una propuesta y los titulares del poder elegidos para cumplirla, obran de una manera distinta. Lo que si es comprensible es que ante circunstancias nuevas se hagan unos ajustes al programa inicial, pero no una ruptura total.