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Dominical/ Creado el: 2014-06-03 08:27

Llegó San Pedro: péguese la rodadita

“Estas son las fiestas reales Que se tunan en mi pueblo, el 24 es San Juan y el 29 es San Pedro”, Villamil, J., Rajaleña.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 03 de 2014

La frase acuñada por el periodista huilense Luis Alberto Fierro (qepd) “péquese la rodadita” fue invocada por el gobernador del Huila, Mauricio Iriarte, en el lanzamiento de la versión 54 del Festival Folclórico, Reinado Nacional del Bambuco y Muestra Internacional del Folclor en Bogotá (Teatro Julio Mario Santodomingo) que reunió a cientos de huilenses y colombianos, que en una noche fría bogotana le pusieron calor humano mostrando el talento de nuestros artistas. En palabras del gobernador: “fue un espectáculo bello y majestuoso con el que invitamos a Colombia a que nos visiten y disfruten de la fiesta más grande de los huilenses, la fiesta de San Pedro.” con la muestra cultural, la síntesis hecha de paisajes, sitios turísticos, fortalezas económicas y una innovación el sanjuanero huilense cantado a ritmo de reguetón.

El rajaleña que pertenece al género de la trova por su letra, danza y música, también fue recordado por una pareja de artistas que se enfrentan de manera picaresca y burlona por superar al otro con coplas repentinas y picantes, respuestas inesperadas y situaciones que ponen a prueba la creatividad del improvisador. Rajaleña significa rajar, burlarse de las personas según Bolívar Sánchez (Memorias del Huila, 1990).

El Sanjuanero, bambuco alegre es el tema oficial de las fiestas que se baila con ritmos y compases de estricto cumplimiento para reinas propias y extrañas convertidas en el alma de la fiesta, aspirantes a llevar la corona local, departamental o nacional, como trofeo de una competencia que combina ritmo y coquetería y quizás el recuerdo de la tradición monárquica heredada de España. El padre Andrés Rosas lo identifica como “Joropo Huilense” compuesto en 1936 tocado por primera vez en una finca ubicada cercana a Palermo, por la Murga Femenina Huilense dirigida por Anselmo Durán Plazas. Pero, fue el 12 de junio de ese año durante las fiestas patronales de Gigante cuando la banda departamental de músicos la interpretó y luego se estrenó en el Capitolio Nacional el 6 de agosto de 1938 al festejar el cuarto centenario de la fundación de Bogotá (Silva, V., Las huellas de Villamil, 2006). Siendo Anselmo director de la Murga y Sofía Gaitán una de sus integrantes, al compás de un grupo folclórico llegado de Neiva se bailó un cuadro típico por primera vez, dentro de una fusión musical que mezcló el rajaleña y el Sanjuanero, descartando la copla improvisada y las revueltas o coros de los rajaleñeros por la motivación unitaria.

Allí se recoge el sentir fiestero del pueblo opita, amante del canto, de la alegría y de la música de cuerdas que las gentes van cantando, tocando y danzando los aires regionales donde se mezclan coplas, pasillos, guabinas y bambucos, que le hacen descuentos a la frustración y por unos pocos días se olvidan del “cuanto tienes cuanto vales principio de la actual filosofía”. Durante las primeras versiones del festival y reinado nacional del bambuco no había una estructura definida de baile, pero según David Rivera Moya: “el antiguo bambuco, bambuco clásico tiene la siguiente coreografía: 1, invitación del hombre a la mujer, avanza hasta el centro del escenario; 2, se tocan los codos por la derecha y por la izquierda; 3, forman tres veces repetidas el número ocho; 4, mutuo coqueteo; 5, persecución graciosa y con donaires; 6, galantería del pañuelo; 7, la venia arrodillada del hombre; y 8, el abrazo no por respetuoso y galante, que sugiere aceptación y querencia” (Rivera Moya, D., San Juan y San Pedro Fiesta nacional del bambuco. Así es mi Huila, Neiva, 1985).

Los poetas y compositores plasman bellamente el contenido de la fiesta. Así el cantor del trópico José Eustasio Rivera inmortalizó el idilio campesino, tímido balbuceo amoroso en los pasos de una gentil calentana pudorosa, escrito a comienzos del siglo XX:

“La gentil calentana, vibradora y sumisa,

De cabellos que huelen a florido arrayán,

Cuando danza bambucos estremece la risa

Y se alegra el susurro de sus faldas de olán.” (Tierra de Promisión, Bogotá, 1997)

Dentro de los elementos que caracterizan lo que hoy se denomina “el Reinado Nacional del Bambuco” y el Festival Folclórico, tipificado por cabalgatas, desfiles con taitapuros y mohanes que van por la vía con cuerpos locos sin corazón, las corralejas, hasta los platos típicos: “el asado huilense”, las viandas, las bebidas típicas, chicha de maíz, bizcochuelos, mistela de mejorana, etc. El otro elemento y quizá de mayor reconocimiento es la música folclórica que se expresa en el rajaleña, convirtiéndose en el símbolo y distintivo folclórico  como sostiene Bernardo Tovar en la copla incisiva, picante, irónica se apunta al doble sentido que convierte todo lo que toca en instrumento “para rajar”, que bien le canta al prójimo, la vida cuotidiana, la política, la crisis económica con irreverencia y humor. En la tradición inicial hace parte de la cultura oral del huilense que le pone su tonada dependiendo de la región (Peñas Blancas, Piedra Pintada, Guacirco, Villa Vieja, Fortalecillas, Casco Urbano de Neiva, etc.), así por ejemplo, está el que invita al estasis y al olvido: “Cuando llegue el San Pedro / yo olvido pronto pesares / brindando con aguardiente / si son aires nacionales.” O el que con morbo sutil expresa: “Todas las mujeres tienen / un trapichito muy guapo / por dura que sea la caña / siempre le saca guarapo.” Incluso más allá la invitación a la convivencia partidista cuando en el sanjuanero compuesto a María Valbuena, caracterizada líder liberal, señala: “Ella siempre es consentida / por los godos de Palermo / porque siendo liberal / es el alma de su pueblo.” Y por supuesto la que reconoce a los cultores del rajaleña como José Antonio Cuellar  “Rumichaca” y Miguel Barreto “el Negro” que dice: “¡Dale, dale tambora! / mira llegó el San Pedro / tócala Rumichaca / o el negro Miguel Barreto”.

Pero el conflicto social no queda ausente como magistralmente lo recuerda Jorge Villamil en El Barcino, que es la historia de aquel novillo que en los tiempo de Tirofijo no se puede separar de El Barcino pues los dos hacen parte de la historia de Colombia que recuerda el comienzo de la guerrilla, hasta nuestro tiempos: “Cuando en los tiempo de la Violencia / se lo llevaron los guerrilleros / con Tirojifo cruzó senderos /  llegando al Pato y al Guayabero.

Es nuestra Tierra de Promisión que preferimos en vez del Valle de  Las Tristezas como nos bautizó el conquistador Jiménez de Quesada llena de contrastes: pese a estar bañada por el río Magdalena se muere de sed en el desierto de La Tatacoa, no explota el río como medio de transporte, con bonanza petrolera por más de cincuenta años despilfarro sus regalías y no salió del atraso y la pobreza, con represas como Betania no genero desarrollo industrial y si deterioro del ecosistema como puede pasar con el proyecto de El Quimbo, y en suma con una pobre cultura empresarial, una clase dirigente que vive de las rentas que le otorgan sus propiedades y del control de la burocracia estatal como factor de empleo y de poder político. Pero hay excepciones con los pocos que quieren hacer empresa (piscicultura, agroindustria con el arroz, café y cacao) y en la juventud que quiere un cambio, entiende la importancia de la rumba sana sin acatar  la borrachera colectiva que invita a servir un trago de cinco, de cincuenta y muchos, sin descanso hasta perder la cuenta y la cabeza, por la invitación del dramaturgo alemán Bertolt Brecht de prepararse  para ser un dirigente: ¡Estudia el "ABC"! No basta, pero Estúdialo. ¡Tú tienes que saberlo todo! Estás llamado a ser un dirigente. Repasa la cuenta, tú tienes que pagarla.

* Ex rector de las universidades Nacional de Colombia y Surcolombiana. Profesor asociado de la Universidad Nacional.