Violencia Sexual: cuando el miedo es más fuerte que la denuncia
La periodista colombiana Claudia Morales declaró haber sido víctima de violencia sexual y se abstuvo de publicar el nombre de su victimario. El abuso carnal violento es un problema que aumenta y se manifiesta a nivel mundial; según la OMS, una de cada tres mujeres en el mundo ha padecido la situación en algún momento de su vida. En Colombia en el 2017 se presentaron 28.132 casos.
Mónica Serrano
Diario del Huila- Neiva
La columnista del diario El Espectador, emitió las revelaciones a través de una columna titulada «Una defensa del silencio». Con un lenguaje rustico contó la experiencia cuando fue violada, asimismo denominó a su abusador como ‘Él’, reservándose el nombre; lo anterior lo manifestó con el objetivo de incentivar a las personas a no callar si están viviendo un caso similar. La principal motivación a contar su historia fue la campaña #MeToo.
Este tema es de vital importancia, ya que la violencia sexual puede llegar a afectar de manera negativa a la víctima en algunos entornos que la rodean, ya sea en su salud mental, sexual y reproductiva, además aumenta los riesgos de contraer VIH.
Cifras alarmantes
El panorama es alarmante, pese a las distintas campañas preventivas promulgadas por todo el mundo, se siguen manifestando casos de delitos sexuales. En Colombia según el Observatorio del Delito Nacional en el 2017 se presentaron 28.132 situaciones.
De igual forma, según las cifras que presentó el Centro de Seguridad de la Universidad Sergio Arboleda, el año 2017 presentó un aumento de 329% en comparación con el 2016.
Según el Grupo de Información de Criminalidad (GICRI) – Dijín, datos de productos criminológicos, en el Huila durante el año anterior, los municipios más afectados fueron Neiva con 305 hechos de violencia sexual, seguido de Pitalito con 126, Garzón con 76 y La Plata con 57 casos.
La situación es preocupante y se refleja en la cotidianidad del día, además los patrones culturales van ligados a estos comportamientos. La OMS atribuye «los hombres que tienen un nivel de instrucción bajo, han sido objeto de malos tratos durante la infancia, han estado expuestos a escenas de violencia doméstica contra sus madres y al uso nocivo de alcohol, han vivido en entornos donde se aceptaba la violencia y había normas diferentes para cada sexo, y creen que tienen derechos sobre las mujeres».
Relato
La periodista contó el acontecimiento refiriéndose a ella en tercera persona, «una mujer joven termina su jornada laboral, llega a su hotel, se baña y se arregla para salir a cenar con una pareja de amigos. Alguien golpea en su habitación. Ella mira por el rabillo de la puerta, es su jefe. Abre, “Él” la empuja. Con el dedo índice derecho le ordena que haga silencio. Le hace preguntas rápidas mientras la lleva hacia la cama. Ella, que siempre tiene fuerza, la pierde, aprieta los dientes y le dice que va a gritar. “Él” le responde que sabe que no lo hará. La viola».
Explicó que no se había atrevido a contarlo antes por temor a distintos factores que vivió en esa época, igualmente aclaro «en ese tiempo no existían las redes sociales y sentirse empoderado no era algo tan usual como lo es ahora gracias a esas plataformas».
Del mismo modo, invitó a hombres y mujeres a tener el coraje, de denunciar. «Celebraré siempre que desgraciados como “Él” y otros abusadores sean visibilizados y castigados. La revelación de mi historia es una defensa del silencio y un llamado a entender..jpg)
Circulo vicioso
Es curioso, evidenciar este tipo de hechos en el país donde existen leyes avanzadas en proteger los derechos humanos, por esto es ideal implementar un sistema legal efectivo que garantice la protección de hombres y mujeres maltratados, también es necesario desligarse de algunos patrones culturales, ya que el hombre en muchos de los casos puede ser víctima pero los esquemas patriarcales lo hacen ver como el más fuerte y esto impide que denuncie.
La situación es transmitida de un escenario a otro, con respecto a los estratos altos, lo que impide denunciar es la vergüenza social, esto demuestra que el flagelo se presenta en todos niveles sociales.
Lamentablemente los modelos se repiten a través de las generaciones, mientras la sociedad siga considerando y aceptando la violencia sexual para solucionar conflictos, el fenómeno en Colombia seguirá aumentando.
