Moscas ayudan a resolver casos forenses
Las larvas de Sarcophagidae, una familia de moscas muy diversa y poco estudiada, se constituyen en el principal insumo para investigar crímenes.
En Bogotá el cuerpo de un adulto mayor fue hallado en pésimas condiciones, con restos de materia fecal, orina y larvas de mosca en tercer estadio de desarrollo, esto llevó al médico encargado en Medicina Legal a ubicar a los peritos de las diferentes especialidades forenses, entre ellas la entomología, que previamente había capacitado a las autoridades en la recolección de las larvas encontradas.
Se trataba de la doctora Eliana Buenaventura, perito de entomología y magíster del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (UN), quien separó las muestras de larvas en dos grupos, unas fueron sacrificadas en agua hirviendo para conservar mejor los tejidos y las otras se mantuvieron vivas para su cría y posterior reconocimiento en su estado adulto.
A su vez, el cuerpo sin vida había sido colonizado por larvas de dos familias distintas: Calliphoridae y Sarcophagidae, los adultos de la primera, que resaltan por sus colores metalizados, habían dejado huevos; mientras que los de la segunda, de tonos más pardos y bandas negras en el tórax, dejaron pequeñas larvas que se alimentaban esencialmente del brazo del cadáver.
“El desarrollo de estos insectos se divide en las etapas de huevo, larva, pupa y adulto. Las moscas Sarcophagidae ponen larvas de primer estadio que eclosionan dentro de la hembra, que luego expulsa la larva. Las Calliphoridae, entre tanto, ponen huevos que se abren sobre el sustrato; éstas, conforme pasa el tiempo, se alimentan solo de tejido blando, “no comen pelo ni uñas”, aclara la investigadora.
Aunque cadáveres como el encontrado son colonizados por una gran variedad de moscas de distintas familias, la experta de la UN se ha dedicado a trabajar con insectos que hasta el momento habían sido poco estudiados y que pertenecen a la familia Sarcophagidae, que incluye unas 3.000 especies. Esta diversidad, advierte, amplía el número de las que podrían colonizar cadáveres, por lo que su estudio potencia más el uso de la entomología forense.
Hallazgos claves
En el laboratorio, ella observó detalladamente la forma de las alas, los pelos e incluso el falo del macho, y al analizar sus rasgos morfológicos determinó cuál especie había sido la primera en llegar al cuerpo sin vida; asimismo, llevó las larvas vivas al laboratorio de entomología forense y las crió en las mismas condiciones en las que fue encontrado el cadáver.
Así mismo, los tejidos expuestos atraen y facilitan el acceso de insectos, también influye si el cuerpo tiene prendas de vestir; en este caso, si había ventanas abiertas el arribo de aquéllos debió ser más rápido.
Además, las larvas se mantuvieron vivas en una cámara de cría, una especie de horno que controla la temperatura y la humedad. Hora tras hora, la experta hizo la observación y verificación para registrar el momento en que éstas pasaban al estadio de pupa, posterior al de oruga y antes de convertirse en mosca.
Aquéllas requieren proteínas, grasas y otros nutrientes que puede aportar un cuerpo sin vida. Las halladas necesitaron al menos seis días para aumentar de tamaño y llegar a su mayor estado de desarrollo, lo que se constituyó en un indicador de que el abuelo había fallecido al menos seis días antes de que lo encontraran.
Adicionalmente, al usar dos especies distintas, la magíster Buenaventura determinó cuál era el tiempo que tardaban en llegar al estadio de larva tres, el de mayor desarrollo; ambas se criaron en las mismas condiciones de temperatura y humedad y se convirtieron en adultas con una diferencia de pocos días. El rango obtenido al cruzar los datos permitió establecer que la muerte del adulto mayor había ocurrido de 4,62 a 6,67 días antes de que sus familiares notificaran el hecho a las autoridades.
Al buscar más información para verificar sus hallazgos, la experta encontró que el señor se había caído por unas escaleras meses antes de morir y se había roto un brazo, pero la herida que le produjo este accidente tampoco fue tratada con cuidado, parte del tejido de la piel y del músculo había empezado a descomponerse de forma tal que el ambiente se hizo perfecto para la reproducción de las moscas que dejaron larvas y huevos.
Fue así como la investigadora Buenaventura pudo entender por qué el cuerpo había sido encontrado con larvas en un estadio de desarrollo tan avanzado. La familia no mintió, pero el hallazgo probó la poca atención que le habían ofrecido al abuelo.
