Si desaparece el jaguar, las pandemias se multiplicarán: Fundación Pantera
Este animal sigue en peligro de extinción y la humanidad hace hasta lo imposible por desaparecerlo sin tener en cuenta que su punto final igual es el del hombre.
Por Germán Enrique Nuñez
Qué bueno hacerle este merecido homenaje al jaguar, a nuestra panthera onca ese gato enorme y potente que entró en el corazón de las comunidades indígenas precolombinas como lo más sublime y admirado. Fue tanta su majestuosidad que los mayas lo llamaron “Tata B´alam” o rey de la jungla.
En la mitología indígena este felino era considerado un dios enérgico, inteligente y sumamente poderoso. Su encanto era una dicotomía toda vez que dos extremos lo hacían mucho más sugestivo, belleza pura y una ferocidad tenaz.
Este animal, herramienta de cosmovisión en muchas culturas precolombinas fue venerado y honrado, desde México con mayas y aztecas, pero igual hasta la Patagonia. El muy adorado animal no fue ajeno a la admiración y respeto en Colombia, razón por la cual los indígenas lo consideraban sagrado, heroico, robusto, fuerte y eficaz..jpg)
Según los estudios adelantados hubo un número importante de animales que eran literalmente intocables y dentro de ellos el jaguar encabeza la lista, dicen los cronistas que inclusive quien se atreviera a cazar un felino, estaba condenado a morir.
Era importante para los nativos de toda América preservar al jaguar, lo relacionaban con poder y distancia, pero igual supieron leer que este animal vivía para ofrecer vida, porque su entorno solía ser rico en biodiversidad y agua. Con la llegada de los españoles cambiaron muchas cosas y los indígenas con el terrible proceso de aculturación fueron abandonando la veneración por el felino dejando de ser custodios del gran rey para luego perseguirlo, matarlo y comercializarlo.
Hay muchas amenazas que tienen al bello tigre americano en peligro de extinción, de un lado la impía deforestación que conlleva a la pérdida de hábitat. El yaguareté como también se le conoce fue arrinconado y prácticamente aislado, hoy es blanco de cazadores que cuando no lo persiguen y lo aniquilan, optan por matar sus presas naturales.
El hombre invadió la tierra del jaguar, esa ampliación casi que maldita de la frontera agrícola y ganadera condenó al respetabilísimo felino que terminó siendo arrasado por unas vacas que llegaron a pastar en llanuras en donde otrora hubo bosque y maraña. El hombre sigue portándose mal con los jaguares e ignora que se está haciendo el llamado harakiri porque sin jaguares sencillamente se apaga la vida.
Hoy el jaguar colombiano habita múltiples zonas de la geografía y por eso es fácil verlo en regiones como Paramillo, San Lucas, Magdalena Medio, Sierra Nevada de Santa Marta, Serranía del Perijá, Catatumbo, Chocó Biogeográfico, Orinoquia y Amazonía. En este momento las alertas están encendidas en el Chocó en donde el jaguar es perseguido, habría que poner juiciosa vigilancia en el Tapón del Darién, aunque goza de relativa tranquilidad en regiones como el Amazonas.
No hay cuartel, el emblemático gato sigue en la mira de los cazadores y se han conocido casos aberrantes en los cuales el animal es capturado, torturado y asesinado. Su piel es arrancada y vendida por unos pocos pesos, pero quien hace una salvajada de esas ignora que la tierra llora cada felino sacrificado y que más temprano que tarde cobrará por ventanilla el acabar con una vida buena y extremadamente útil.
Según algunos indígenas de la llanura consultados por este medio, hay una maldición que recae sobre los furtivos acechadores que generalmente terminan mal, como si la madre tierra los señalara y les castigara en vida con el sufrimiento del gato manchado, el ícono sagrado de los ancestros feriado o masacrado por algo de dinero.
La situación actual es lamentable, existe una disputa entre felinos y humanos, aunque hay que decir que no hay diferencias con toda la especie humana toda vez que es visto por expertos y respetables conocedores como un emblema de conservación. No obstante, hay un repudio y un precario recibo por parte de las comunidades rurales que ven equivocadamente en el jaguar el enemigo a vencer._1.jpg)
Se trata de productores agropecuarios y ganaderos que consideran que un jaguar resta, sin embargo, hay unas explotaciones que han cambiado el chip, entendieron que se trata de un vehículo ecosistémico y de un dador de vida, un gato manchado que mantiene el equilibrio natural, algo muy lejano de la mala reputación dada al verdadero dueño de las selvas y bosques al que ven inclusive como un peligro.
El jaguar es un depredador esplendoroso, tiene como particularidades su precisión y una fuerza inconmensurable que lo hace el cazador más fuerte de las américas.
Depredador esplendoroso
El jaguar es un depredador esplendoroso, tiene como particularidades su precisión y una fuerza inconmensurable que lo hace el cazador más fuerte de las américas. Este gato enorme es muy eficaz y posee todas las habilidades, trepa con velocidad, nada desafiante contra la fuerza de la corriente en ríos que lo acogen, es territorial, fértil y maneja la noche a plenitud como todos los grandes felinos. En las tribus colombianas antes del descubrimiento el jaguar era visto como el gran guerrero, portador de linaje y un confiable guardián de las selvas.
El calmado felino simbolizó poder y junto a él fue visto como el trueno con su intenso rugido. Según analistas y estudiosos del tema panthera, el jaguar ruge y anuncia la llegada del invierno que inunda bosques y acelera ríos como también aumenta los espejos de agua en las regiones de pantano.
Es sin duda alguna el jaguar el control y el equilibrio ambiental, el soberano de la jungla y los bosques, quien manda en ríos y devora caimanes, es el jaguar una herencia natural divinizada con manchas negras en una piel amarilla o de tono naranja, generalmente encendida.
Las grandes familias precolombinas convivieron gratamente con felinos y por ello comunidades como los Kogui, Embera y Muiscas reverenciaban pumas y ocelotes que terminaron bautizando o dando nombres a caciques y altos mandos de la sociedad tribal. En el norte de Colombia los indígenas de la vertiente del Sinú saludaron al sagrado jaguar rojo.
El yaguar fue en la Sierra Nevada un símbolo mítico que encarnó la sabiduría y el poder entregado a los sanadores “taitas”, la vetusta y primogénita generación del yagé. El homenaje hecho por las culturas precolombinas quedó plasmado en imágenes de piedra, igual en cerámica, así como representado en figuras de oro.
Otros elaboradores expresaron afecto al gato manchado como los Calimas, culturas preponderantes como San Agustín, Zenú y los Malagana de Bolívar, en cercanías de la actual Cartagena. El tipo de trabajo en dónde la figura principal era el jaguar fue encontrado en piezas funerarias y en otros fragmentos que generaban respeto y rango
Matt Hyde
En diálogo con Diariolaeconomia.com, el líder de alianzas y de corredores suramericanos de la Fundación Panthera, Matt Hyde, afirmó que tristemente el jaguar sigue perdiendo hábitat y espacio por toda la arremetida de la deforestación y la eliminación sistemática de bosques que conlleva a la pérdida de las presas usuales del felino. Denunció que en tiempos de Covid-19, la tala de bosques reportó un crecimiento alarmante ya que muchas personas con intereses varios aprovecharon el confinamiento para destruir selvas.
Consideró que el embate contra el medio ambiente fue tal que la tasa de deforestación superó con creces la tendencia de años anteriores. Agregó que sitios esenciales para el jaguar por sus corredores como Guaviare, Guainía y Caquetá, siguen mostrando unos indicadores muy altos de deforestación, agudizando el lamentable devenir del gato manchado, de otras especies y sellando una tragedia de magnitudes inimaginables, escenario que debe ocupar con mayor intensidad la retadora tarea de las autoridades ambientales.
Es tan apremiante la realidad del hombre si desaparece el jaguar que inclusive todo el tema de pandemias podría agudizarse porque no habría depredación, dándole espacio a nuevos escenarios microbiológicos que terminarían atacando al hombre. Hoy hay muchos males endémicos en las selvas, pero sin los gatos muy seguramente estos se multiplicarían y lo que es peor podrían fortalecerse.
Todo en la vida tiene una consecuencia y en el caso del jaguar, si este desaparece de la faz de la tierra habrá menos árboles, menos agua y con ello más vulnerabilidad en los animales que empezarían a experimentar nuevas patologías. Si las especies decaen, si la enfermedad las afecta, el impacto será generalizado puesto que los hombres o comunidades que consumen carne del monte estarán expuestos y con ello seguirá escalando la amenaza bacteriana, microbiológica y viral, todo un contexto de miedo. Muchos, pero muchos ignoran esto.
En ese orden de ideas es bueno hacer un llamado respetuoso, pero lleno de angustia porque no hay autoridad que detenga unos grupos de todo tipo de procedencia que, por ignorancia, ambición o crueldad, arremeten contra la selva sin temor ni advertencia alguna porque es factible que vean al estado muy débil o que pasen por alto el mandato no solo gubernamental sino constitucional que invoca por encima de todo el derecho a la vida.
El jaguar, aseguró Hyde, está cada vez más amenazado habida cuenta que no hay autoridad y las reservas ambientales siguen desplomándose, sencillamente porque hace falta personal y efectivos estatales para enfrentar la desenfrenada atomización de la naturaleza. Los perpetradores del hábitat ingresan a las selvas y hacen prácticamente lo que les viene en gana porque pareciera que el ecosistema no tuviera doliente en Colombia, un tema que debe sensibilizar y preocupar a muchos, empezando por el ejecutivo, empero involucrando a las tres ramas del poder público y desde luego a empresarios, academia y labriegos.
Para este norteamericano amigo y admirador del Jaguar es muy urgente que se vea acción en las Corporaciones Autónomas Regionales y poder lograr un trabajo articulado con las autoridades para detener a los vándalos y enemigos declarados del medio ambiente con todo lo que ello implica. Hoy, recalcó, la pandemia tiene a los malos haciendo de las suyas, siguen tumbando selva, acabando bosques y atentando contra especies muy necesarias como es el caso del jaguar y el puma. Aparte de todo y actuando con sevicia, los cazadores siguen matando venados y otros herbívoros esenciales en la dieta de los depredadores.
Invitó a los colombianos y al pueblo latinoamericano a defender las especies que garantizan vida y tranquilidad, expuso que no pueden pasar cosas muy graves sin que nadie diga algo. Hoy los felinos de Colombia y de la región fueron declarados objetivos de los grupos que comercializan madera, que venden pieles, colmillos, piezas de jaguar, omitiendo el gravísimo daño que se hizo en Asia con el aniquilamiento de los tigres, escena que ahora llega a América Latina con intereses de firmas chinas que como se denunció hace un año en este medio decidieron ultimar nuestros valiosos gatos, lo que nos faltaba.
En América Latina el estimativo de jaguares fue calculado entre 173.000 y 180.000 ejemplares, pero igual sus estadísticas han mermado dramáticamente y es hasta consecuente porque los felinos perdieron en los últimos años más del 50 por ciento de su entorno.
Turismo y avistamiento, una opción para salvar jaguares
Una salida para el jaguar es el turismo con avistamiento y por ello en el Casanare ya existen propuestas en este sentido pues hay una extensión considerable en donde los felinos pueden ser observados con toda prudencia, generando inclusive recursos para su preservación. Por ejemplo, en el hato La Aurora el cual es reserva natural es el escenario perfecto para ver las maniobras de caza del gran gato que ataca venados, tapires y cerdos sabaneros entre otras especies de la región.
Los administradores de la propiedad y la misma fundación saben que hay avistamientos del majestuoso felino en este predio. Igual son muy conscientes que para que el yaguarete pueda vivir sin que represente un peligro para las economías agropecuarias, hay que garantizar que también siga en pie la fauna nativa con el fin de que los jaguares tengan disponibilidad de presas.
Para los empresarios del turismo ecológico como la señora Esperanza Hoyos Roa, sitios como el hato La Aurora y otros de la región, incluido el Vichada pueden ser muy apropiados para experimentar el “safari colombiano”. La sola hacienda del Casanare suma 17.000 hectáreas de propiedad entre los municipios de Paz de Ariporo y Hato Corozal, un paraje natural en donde rugen jaguares y se desplazan silenciosos y furtivos entre aguas arenosas los temerosos caimanes.
Para la Gerente General de Altillanura Travel, distraerse viendo Jaguares es viable en sitios como el Parque El Tuparro y la finca “Guadualito” ubicada en la inspección del Tuparro a orillas del río del mismo nombre en el Vichada. Allá en el enorme y muy atractivo municipio de Cumaribo, hay una biodiversidad generosa lo cual incluye el poder ver en su estado natural al hermoso jaguar, un animal respetado y preservado.
