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Actualidad/ Creado el: 2020-02-27 03:16

Se inició la cuaresma

Fieles de la capital opita atendieron al llamado anual que hace la Iglesia Católica, para la imposición de la Cruz de Ceniza, símbolo importante de la Cuaresma. Desde sacerdotes de Neiva hasta el papa Francisco se pronunciaron ante este importante día.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 27 de 2020

Por: Mauricio Silva

A pesar de la lluvia torrencial que se registró ayer en Neiva, los feligreses atendieron el llamado de la Iglesia Católica, haciendo su voto de fe al Miércoles de Ceniza.

Sin lugar a dudas, muchas personas llegaban a la imposición de la cruz a todas las iglesias de la capital opita. Desde niños hasta adultos mayores, sin distinción de raza asistieron a este acto litúrgico que da inicio oficial a la denominada Cuaresma.

Fue curioso ver como padres de familia llegaban con sus hijos y explicaban la importancia de este acto y el fin que tenía con el arrepentimiento y la reconciliación con Dios, 

¿Por qué el Miércoles de Ceniza?

En la religión Católica desde siglos atrás se realiza el Miércoles de Ceniza que son 40 días de vivencia del ayuno, la oración y la limosna, los fieles se acondicionan para la Semana Santa donde reviven anualmente la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

“Poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras” así lo dijo en su mensaje el papa Francisco dejando claro que se quiere en la cuaresma del año 2020.

En tiempos anteriores dando lugar en la Roma antigua, los feligreses iniciaban con una penitencia pública en el primer día de la Cuaresma, eran salpicados de cenizas, vestían con un sayal y estaban obligados a mantenerse alejados hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo.

Al pasar los años, entre los siglos VIII al X, las prácticas quedaron en un punto que dejaron de hacerlas; nunca dejaron su método ortodoxo hacia la fe, pero lo cambiaron un poco al colocar cenizas en las personas que hacen parte de la comunidad católica. Los fieles son marcados con una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos año anterior.

Tras haber dirigido el tradicional momento de oración de la “Estación Cuaresmal” en la Iglesia de San Anselmo en la colina romana del Aventino, el Sumo Pontífice realizó la habitual procesión penitencial en la que fue acompañado por cardenales, arzobispos, obispos y monjes benedictinos de San Anselmo, padres dominicos de Santa Sabina y algunos fieles.

Papa Francisco y su discurso

El Sumo Pontífice cada año da su discurso que es más un llamado de atención a todas las personas del mundo a recordar de dónde viene, qué son y en que se convertirán como ley de vida y que lo importante de la existencia, es las cosas buenas que pueden hacer siendo hijos de Dios.

“La ceniza nos recuerda así́ el trayecto de nuestra existencia: del polvo a la vida. Somos polvo, tierra, arcilla, pero si nos dejamos moldear por las manos de Dios, nos convertimos en una maravilla. Y aun así́, especialmente en las dificultades y la soledad, solamente vemos nuestro polvo. Pero el Señor nos anima: lo poco que somos tiene un valor infinito a sus ojos. Ánimo, nacimos para ser amados, nacimos para ser hijos de Dios”, aseguró el Papa Francisco.

Así mismo, invitó a las personas en preguntarse “Yo, ¿para qué vivo? Si vivo para las cosas del mundo que pasan, vuelvo al polvo, niego lo que Dios ha hecho en mí. Si vivo solo para traer algo de dinero a casa y divertirme, para buscar algo de prestigio, para hacer un poco de carrera, vivo del polvo. Si juzgo mal la vida solo porque no me toman suficientemente en consideración o no recibo de los demás lo que creo merecer, sigo mirando el polvo”.

Y agregó “No estamos en el mundo para esto. Valemos mucho más, vivimos para mucho más: para realizar el sueño de Dios, para amar. La ceniza se posa sobre nuestras cabezas para que el fuego del amor se encienda en los corazones. Porque somos ciudadanos del cielo y el amor a Dios y al prójimo es el pasaporte al Cielo, es nuestro pasaporte. Los bienes terrenos que poseemos no nos servirán, son polvo que se desvanece, pero el amor que damos -en la familia, en el trabajo, en la Iglesia, en el mundo- nos salvará, permanecerá́ para siempre”. 

Finalmente, aconsejó realizar dos pasos para esta Cuaresma: “el primero, del polvo a la vida, de nuestra frágil humanidad a la humanidad de Jesús, que nos sana. Podemos ponernos delante del Crucifijo, quedarnos allí́, mirar y repetir: ‘Jesús, tú me amas, transfórmame... Jesús, tú me amas, transfórmame...’. Y después de haber acogido su amor, después de haber llorado ante este amor, se da el segundo paso, para no volver a caer de la vida al polvo. Se va a recibir el perdón de Dios, en la confesión, porque allí el fuego del amor de Dios consume las cenizas de nuestro pecado”.