Sal y dulce con Artunduaga: Dos jóvenes revelación
Los dos son huilenses y bordean los 30 años. Son periodistas de profesión y tienen un común denominador: la pasión por su actividad es casi obsesiva.
Dos jóvenes revelación: Yílber y Marcos
Los dos son huilenses y bordean los 30 años. Son periodistas de profesión y tienen un común denominador: la pasión por su actividad es casi obsesiva. Quizá Yilber la sufre más, su trabajo es agobiante. A veces fatigoso: vigila el Concejo de Neiva y la Asamblea del Huila. Escucha todos los días cientos de disparates.
Marcos se regocija con el periodismo literario y habla con escritores y artistas, cuando no es que se aleja en solitario por “silabarios de magia”: En esta casa la vida es un recuerdo, Jirón de un tiempo sepultado. La luz que atraviesa las hendiduras alienta fantasmas y revive los espantos.
En el trabajo de reportero que hago todos los días, exultante por el privilegio de conocer y escuchar gente, algunos para celebrar y unos pocos para desdeñar, conocí a Yílber Leandro Saavedra, director del observatorio ciudadano Concejo y Asamblea Visibles.
Su condición de periodista y abogado, además de su carácter recio en defensa de lo público, nos permite a los ciudadanos conocer en detalle el comportamiento de nuestros “honorables”, algunos despreciables, negociantes de la política, simples maleantes.
Descubrir a Yilber –estudioso, porfiado, sereno pero contundente (dice que el concejal Carlos Posada tiene una conducta mafiosa) me ha devuelto la esperanza del buen periodismo, riguroso y sin recovecos y sospechas. Ojala persista. Es un esfuerzo forrado de adversidades, contratiempos y reveses, muy lejos de la comodidad del periodista complaciente.
Marcos Fabián Herrera
Habla sabroso, es culto sin ostentación. De sus libros he ojeado “El coloquio insolente” y estoy disfrutando “Palabra de autor”, conversaciones con escritores.
Lo mejor es escribir a partir de lo que uno ha visto con sus propios ojos, tocado con sus manos y escuchado –u oído decir- con sus propios oídos, le dice el gran Tomás González, autor entre otros libros del exitoso “La luz difícil”. Si se es fiel a la sensibilidad propia, a la manera propia de sentir el mundo, no hay por qué caer en lugares comunes. Cada vivencia es irrepetible.
Otro gigante de las letras colombianas, Evelio José Rosero se confiesa: -Yo siempre he sido como soy, y cualquiera que me conozca se lo diría; después de Los Ejércitos –la relativa atención que esa obra ha despertado sobre mis obras y sobre mí mismo- se ha resaltado mi “silencio” y “distancia mediática”. La verdad, soy tímido…
Marcos habló largo con el laureado Pablo Montoya, premio Rómulo Gallegos, Casa de las Américas y el José Donoso, entre otros.
“Si la escritura literaria fuese tan solo una continuación sin vértigo de la tradición me hubiera dedicado a otro oficio. El poema, el cuento, la novela, el ensayo ofrecen la aventura de lo nuevo y es ese camino el que me ha parecido siempre fascinante en la literatura…”.
Ahí están ellos, Yílber y Marcos, a lo mejor sin conocerse, posiblemente sin envidiarse. Pero ambos brillantes y muy sólidos en sus oficios.
