“Trabajar en los semáforos es vivir de la caridad del otro”
Vendedores ambulantes en el microcentro de la ciudad, más de 6000 mototaxistas ofreciendo un servicio de manera informal e ilegal, un alto índice de pobreza, miles de personas desempleadas y producto de esto niños, niñas, jóvenes, adultos y abuelos parados en los semáforos pidiendo limosna.
Todos en algún momento han llegado a un semáforo y se encuentran con esa persona que se para al frente y hace un sinfín de malabares tratando de llamar la atención y de esta manera ganar unos pesos. Sin embargo el dilema empieza en el “le doy o no le doy”.
Magia, payasos, mini obras de teatro, mimos y personas que hacen malabares con todo tipo de objetos; otros que venden dulces o simplemente se paran frente a su automotor con un cartel manifestando que son desplazados por la violencia y tratan de conmover sus sentimientos y así ganar dinero.
Sin embargo, muchas de las personas que hacen presencia en los semáforos no siempre lo hacen por necesidad, sino por costumbre porque aunque muchos piensan que estar parado al rayo del sol no es muy fácil, esto es utilizando como un factor que conmueve a los neivanos.
Y es en este punto en donde realmente las personas se detienen a pensar si es realmente necesario o no darles “la limosna”, pues no valdría la pena hacer que crezca cada día más la indigencia o el trabajo en los semáforos, si se hace por facilidad, porque se gana bien o porque simplemente ya se acostumbraron a vivir de la caridad de las personas.
Es válido aclarar que no todas las personas hacen esto porque es la opción más fácil, o la más viable en su momento sino también por la falta de oportunidades, en primera instancia de los padres a conseguir un empleo formal y en los niños para estudiar porque en el país la educación en el sector público es gratis.

Un punto delicado
Los más afectados con estos hechos son los menores de edad, pue es muy usual encontrar en estos sitios niños trabajando, y no precisamente por gusto sino porque en su gran mayoría son obligados por adultos a hacer este tipo de cosas pues “produce más lastima un menos que un adulto” ha sido la respuesta de muchos de los que se mueven en este mundo.
Y es acá donde sin las personas darse cuenta están contribuyendo a que esto suceda pues se les da la razón a aquellas personas. Sin embargo la sociedad ha tomado un poco de conciencia en este sentido y esto se ve reflejado en la cifra donde indica que el trabajo infantil ha disminuido en un 60 por ciento, según cifras de ICBF.
“Juan Manuel el payaso”
Tal vez uno de los personajes más conocidos por los huilenses es Juan Manuel Trujillo, ese personaje que habita una alcantarilla de la avenida la Toma con carrera 16, donde vive hace aproximadamente 7 años y trabaja en los semáforos como payaso buscando ganarse unas cuentas monedas.
Pero Juan Manuel no es parecido a todas personas de su gremio, aunque vive en una alcantarilla muchos han apreciado que él se baña, se cepilla los dientes, lava su ropa, tiene calderos y hasta barre su “casa” como la llama.
Desde los 13 años este personaje salió de su casa por problemas familiares, se encaminó en el mundo de la drogadicción y aunque hoy la tiene muy controlada, este fue el hilo que lo llevó a tener esta vida y trabajar en los semáforos de la ciudad como payaso, haciendo malabares, arte que aprendió en los circos donde trabajó antes de estar en la indigencia.
“Para uno no es nada fácil vivir en la indigencia, la gente lo mira a uno mal, piensa que lo van a robar, que uno es un vicioso, vea son las 3:00 de la tarde y no he comido nada ahora me toca ir a buscar en la basura porque nadie me da, trabajar en los semáforos es vivir de la caridad de las personas, a lo que le quieran dar y cuando no, uno no puede hacer nada”, expresó el payaso.

