jueves, 02 de abril de 2026
Regional/ Creado el: 2016-01-04 08:34

“La academia nos salvó de la guerrilla”

-Ricardo Mosquera Mesa, actual rector de la Universidad Autónoma y exrector de la Universidad Nacional y Surcolombiana, se refirió a su pasado por la izquierda en el Huila y cómo la academia influyó en su vida.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 04 de 2016

-“El Che Guevara que era un médico con un discurso tan hermoso que nosotros queríamos hasta tener el asma del Che, para graduarnos de guerrilleros auténticos”, afirma Mosquera Mesa.

En los próximos días en Bogotá, Ricardo Mosquera Mesa presentará su más reciente producción intelectual ‘Pensamiento y acción. Los senderos recorridos por un ‘intelectual orgánico’.

Este texto hace parte de la colección Apuntes Maestros de la Universidad Nacional, donde fue rector e influyente académico.

Mosquera Mesa también fue rector de la Universidad Surcolombiana, senador de la república (donde fue ponente de la Ley 30) y cónsul en Alemania. Su trayectoria pública ha fluctuado sobre todo en la academia, su escenario natural.

La Universidad Nacional le hace un homenaje en esta colección de ‘Apuntes Maestros’. ¿Cuál es la esencia de un maestro y qué lo hace diferente a un profesor?

Yo creo que la Nacional nos hace un homenaje a algunos que nos reconoce como maestros porque algo tenemos que enseñar, y eso quiere decir que, más allá del conocimiento libresco, quede plasmado en algo que trasciende más allá de la clase, es decir, que deje alguna huella, y pienso que es la condición del maestro.

¿Quiénes fueron sus maestros?

En mi formación de educación tuve por lo menos tres maestros, que en el libro los dejo registrados: el viejo Gerardo Molina, un pensador libre, investigador, rector de la Nacional. Hizo política, pasó por el Congreso. Eso me gustaba, porque hizo de todo con buena profundidad.

Antonio García, ni más ni menos que el autor de las reformas agrarias en América Latina, en Colombia, no bien conocido. Al final quiso hacer política, pero no le fue bien. Orlando Fals Borda, creador de la facultad de sociología. Eso es un maestro. Yo no puedo decir que soy como ellos pero traté de seguir ese camino. Traté de dejar algo, de que la gente que estudia también aprenda, esa es la diferencia entre el profesor y el maestro.

En últimas, ¿es dar una lección de vida?

Hay que tener más experiencia, quien tenga más experiencias comprende mejor las realidades.

Usted refleja una imagen de académico con profundas ambiciones políticas, ¿es cierto?

Pues mire, Carlos Andrés, el título que le pusimos a este trabajo se llama Pensamiento y acción, los senderos recorridos por un ‘intelectual orgánico’. Este último término en la Sección de Antonio Gramsci, que se juraba uno de los leninistas más inteligentes, hace referencia a aquella persona que además de comprender una realidad, es capaz de contribuir a transformarla. Eso es lo que yo he intentado, no solo quedarme en el discurso sino que he tratado de intervenir donde es posible contribuir al cambio.

¿Tiene que ver esto con la política?

Muchos me lo toman por mi paso por el Senado. Ahí está la Ley 30 que sigue siendo vigente en la educación superior en Colombia. Pero yo también hice política en la izquierda.

¿Cómo fue su relación con Camilo Torres?

Eso fue con el Frente Unido, ahora viene a mi memoria que yo fui Jefe de agitación y propaganda en el capítulo del Huila, yo, un estudiante del Santa Librada. Nos reuníamos por acá, clandestinamente, en los lugares donde era la zona de tolerancia.

¿Quién fue el inspirador para esas correrías de extrema izquierda?

En realidad, un hermano mayor mío, que hoy está bastante delicado de salud, era muy inquieto y sobre todo, alcanzó a beber sobre todo de literatura, más o menos rebelde, que yo vi con inquietud. Mi hermano Miguel Ángel era sindicalista. Inicié en el albor del Frente Unido. La rebelión, incluso contra la iglesia tradicional. Nosotros trajimos a Camilo Torres, siendo estudiantes libradunos, con Germán Liévano que ya estaba en la Nacional.

¿Por qué a Camilo Torres?

Nosotros estábamos felices con el discurso de Camilo Torres, que era un religioso que decía que a él no le preocupaba si el alma era inmortal o mortal, sino que la pobreza y la miseria sí eran mortales. Obviamente, ese discurso pegaba mucho porque nosotros estábamos buscando una inspiración para racionalizar nuestra rebeldía.

También me acuerdo que siendo Plazas alcalde de Neiva; con Gustavo Montealegre, que ahora está como en Moscú y hasta Sixto Cerquera, que era estudiante y fue alcalde de Neiva, y por supuesto, quien le habla, quemamos la bandera de los Estados Unidos acá en el parque Santander, una mañana que llovía y llovía y no nos prendía la bendita bandera, pese a que le echábamos gasolina. Pero luego vinieron los discursos de rebeldía contra lo que jurábamos era el imperialismo creador de todos los males.

¿Qué los molestaba para tanta rebeldía?

Nosotros estábamos muy molestos con la guerra del Vietnam y decíamos que con lo que se gastaba en armamento se podían hacer muchas escuelas y hospitales, y eso pegaba muy bien.

Producto de todo esto nació un periódico…

Yo, desde el colegio dirigí un periódico que se llamaba Juventud en el aire, con Leonel Fierro que era jefe de redacción y Floresmiro Zuleta, combinábamos de todo, y claro, cuando viene Camilo nos echa la mano y nos ponemos a militar en el Frente Unido. Y hasta queríamos graduarnos de guerrilleros. Cuando Camilo se va al monte fue una gran frustración para nosotros, es que nos aprendíamos de memoria los discursos de Fidel Castro. Y más exactamente, del Che Guevara que era un médico con un discurso tan hermoso que nosotros queríamos hasta tener el asma del Che para graduarnos de guerrilleros auténticos.

¿Pero qué evitó que usted arrancara para la guerrilla?

En realidad, si le dijera la verdad, hoy ha tanto tiempo, yo era un convencido de que había que formarse y estudiar mucho más. Y en ese momento, la perspectiva guerrillera, sobre todo del ELN, era muy campesina, entonces la ciudad ¿quién la manejaba?

Había una discusión sorda entre el trabajo de masas y el trabajo puramente militar, nosotros nos preparábamos para formar otro tipo revolucionario. Pero la verdad, habiendo pasado todos los prerrequisitos, no me pregunte cuál, yo estaba listo para ingresar a las filas. Pero un combate entre el ELN y el Ejército aisló esa posibilidad. Y entonces, en el punto donde yo me encontraba listo para dar el otro paso, no se pudo dar.

¿Esto lo frustró?

Para mí fue como una gran frustración, porque es como emprender un viaje y uno se queda con las maletas hechas, pero yo entendí que debía preparar otro tipo de equipaje.

¿Fue un golpe de miedo tal vez?

No, yo no tenía miedo. Al contrario, uno tiene el tema de patria o muerte. En ese momento no fue el miedo sino la recomendación de quien nos dijo no.

O sea que en últimas, si no es inapropiado el término, ¿la academia terminó salvándolo de la guerrilla?

La academia, en medio de todo, nos salvó de la guerrilla, porque el activismo estudiantil había una organización continental que era la Organización Latinoamericana de Estudiantes, que se manejaba desde Cuba. Entonces, lo que se decía era que uno tenía que ser no un estudiante revolucionario sino un revolucionario estudiante, es decir, alguien graduado por la revolución y transitoriamente en la universidad. Incluso se llegó a decir que la universidad tenía que graduar a los primeros cuadros para la revolución. Lo que era una utopía, pero cuando nos dimos cuenta que era una posición extremista, entonces dijimos, hay que formarse y estudiar. Fidel y el Che antes que revolucionarios eran abogado y médico.

Usted que militó en la extrema izquierda, que casi llega a ser guerrillero, ¿cree que algo falló en estos movimientos o considera que todo en ellos fue bien?

Una de las grandes equivocaciones de la izquierda es que mira de manera muy doctrinaria como si los tiempos no cambiaran. Y una cosa que uno repite pero no acepta es que los modelos no se pueden calcar. El gran error de la izquierda era que teníamos el modelo socialista soviético, ignorando que Colombia tenía otra dinámica para hacer la revolución. Y el otro punto que nos mató fue el cortoplacismo: la revolución se tenía que hacer ya.

Lanzamiento del libro

En los próximos días en Bogotá, será el lanzamiento del último libro de Ricardo Mosquera Mesa, un destacado intelectual huilense que es homenajeado por la Universidad Nacional en esta publicación.

El libro se llama Pensamiento y acción. Los senderos recorridos por un ‘intelectual orgánico’. Hace parte de la colección Apuntes Maestros de esta destacada universidad, en la que muy pocos son invitados a escribir.

El libro de 273 páginas ya está listo. Tiene una sobria presentación y está acompañado de imágenes de los diferentes momentos sociales y políticos por los que pasó Mosquera Mesa.ç

 width=

Esta obra hace parte de la colección Apuntes Maestros de esta destacada universidad, en la que muy pocos son invitados a escribir