“Estamos cumpliendo con el plan Espada de Honor IV”: comandante del Batallón Pigoanza
La estrategia es el puente entre el control territorial del Ejército y la consolidación social del Estado en las regiones.
Mensualmente el teniente coronel Freísneiderck Gómez López, entrega a los diez alcaldes de los municipios del centro y occidente del Huila, que están dentro de la jurisdicción del Batallón Pigoanza, un detallado informe de los esfuerzos armados y no armados, que realizan sus tropas en estos territorios.
La estrategia que ordena la entrega de información a los mandatarios locales de las acciones armadas y no armadas, está enmarcada dentro del plan Espada de Honor, diseñado por el Ejército colombiano en el 2011, que para el 2016 entra en la fase cuatro.
La novedosa acción militar que incluye capacitación, recreación, apoyo productivo y seguridad a las comunidades tanto urbanas como rurales no hace parte de las estrategias del proceso de paz que el gobierno adelanta con las Farc, en la Habana, sino de una estrategia institucional propia de interacción comunitaria diseñada por el ejército en pro del desarrollo social de la población colombiana.
DIARIO DEL HUILA, dialogó con el coronel Gómez López, para conocer el contenido y los resultados de esta estrategia en el centro y occidente del departamento del Huila.
Coronel, ¿cómo define usted el Plan Espada?
El Plan Espada desde su primera fase en el 2011, priorizó sin descuidar la seguridad ciudadana la ayuda social a la comunidad. Desde allí el Ejército se convirtió en articulador de las comunidades ante los entes gubernamentales y no gubernamentales para que la población se beneficie de los recursos de los ministerios en pro de su desarrollo. El Plan tiene dos componentes: un trabajo ofensivo de control territorial contra los agentes generadores de violencia y otro no armado de apoyo comunitario a la población.
Es decir, ¿hay una interacción con la comunidad pero no se descuida el tema de seguridad?
Se está trabajando de una manera paralela. Después de que haya seguridad, se pueden desarrollar todos los trabajos sociales que se proyecten. Afortunadamente el Gobierno Nacional a través de Ejército, hemos venido trabajando por el desarrollo de comunidades entre ellas las más apartadas de la zonas urbanas. Por ejemplo se acaba de firmar un convenio entre el Ejército y el Ministerio de Agricultura para impulsar proyectos a unas comunidades que ya están focalizados, que deben ser sostenibles en el tiempo.
¿Cómo aplica una comunidad a un proyecto de estos?
Las primera exigencia es que la comunidad este organizada. Debe tener como mínimo uno o dos años de creada, tener claro el horizonte, es decir saber para donde va con el proyecto, que es uno de los talones de Aquiles de nuestras comunidades: estas no saben estructurar los proyectos. Una vez la comunidad tiene listo el proyecto se matricula y se somete a un estudio por medio de la Quinta División del Ejército, que es la encargada de hacer el seguimiento.
¿Ya hay algunas comunidades que hayan presentado estos proyectos y que los estén ejecutando?
Esos proyectos se han venido trabajando con el comando de la Quinta División, pero hasta ahora la oferta de este tipo de proyectos llegó al departamento del Huila y apenas los estamos socializando con las comunidades, indicándoles que el monto para la financiación década uno es de 200 millones de pesos
¿El proyecto debe ser agrícola?
Sí, claro, pero el impacto que debe generar deber ser amplio. Es decir, que debe beneficiar muchas familias.
¿Cuál ha sido la respuesta de las comunidades de los diez municipios del centro y occidente del Huila, de su jurisdicción a esta innovación comunitaria del Ejército?
La respuesta ha sido muy positiva. La semana pasada iniciamos la socialización y ya con la directora del SENA de Garzón, estamos articulando un equipo mixto compuesto por unidades del ejército y profesores del Sena, para capacitar las comunidades que van a aplicar al proyecto.
En Guadalupe acaba de finalizar una intensa campaña comunitaria del Batallón Pigoanza. ¿Cómo les fue?
El comandante de la Quinta División a través de la Novena Brigada nos asignó unos días para que en compañía de acción integral del Ejército, en los municipios de Guadalupe, El Pital, Garzón y Hobo, desarrollemos un trabajo social con los alumnos de los colegios de estas poblaciones, los ancianatos y la población en general, de recreación, esparcimiento y charlas de crecimiento humano.
¿El plan Espada de Honor, también ha llegado a la región de San Guillermo y Santa Leticia, los dos territorios más apartados de la jurisdicción del Pigoanza?
Por supuesto en San Guillermo, que pertenece al Caquetá, pero es zona de influencia de Garzón, venimos trabajando de la mano con la comunidad, en el arreglo de colegios y vías. Es tan así que en una oportunidad un líder campesino al agradecernos la labor social que venimos desarrollando, nos manifestó que después de muchos años, el Ejército no los margina y no los trata de guerrilleros y en Santa Leticia, territorio en disputa entre el Huila y el Cauca, tenemos un amplio trabajo comunitario y de seguridad, que nos ha permitido integrarnos con esas comunidad. Recientemente hemos iniciado una gran campaña en Garzón, donde las tropas visitan los presidentes de las juntas de acción comunal y se le ponen a su disposición para temas comunitarios. Además hemos puesto a disposición las instalaciones del batallón, para un programa que el Sena, adelantará con las víctimas del conflicto armado sobre piscicultura moderna.
¿Finalmente Coronel entrando en un tema netamente institucional tiene el batallón recluido en sus instalaciones personal militar condenado o investigado por hechos relacionados con el conflicto armado?
Sí, claro. El batallón tiene un centro de reclusión para militares desde hace 15 años. Los detenidos que tenemos dentro de la institución se les da un trato humano, tienen derecho a trabajar, tienen derecho a que los visiten sus familiares y vuelvo e insisto se les da un trato enmarcado dentro de los parámetros del Derecho Internacional Humanitario.
El teniente coronel Freísneiderck Gómez López, oriundo de Manizales, lleva 23 años en el ejército, es lancero y paracaidista con un recorrido en ocho unidades militares del país, casado con la también teniente coronel Diana Patricia Cuéllar, quien trabaja en Bogotá, en la División de Sanidad del Ejército. Padre de un hijo de diez años y desde hace catorce meses es el comandante del Batallón Pigoanza.
