martes, 31 de marzo de 2026
Regional/ Creado el: 2015-04-04 07:10

“Desde muy pequeño tenía claro que quería servirle a Dios”

Aldemar Muñoz Torres, sacerdote de la naciente parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, cuenta que cuando era tan solo niño entregaba galletas como como si fueras hostias, y hasta las gallinas participaban de sus eucaristías.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 04 de 2015

En el barrio Los Rosales,  Comuna Tres del municipio de Pitalito, se encuentra la naciente parroquia de nuestra Señora de Guadalupe, una congregación, cuya  patrona a la virgen morena aquella  que se reveló al indio Juan Diego Cuauhtlatoalzin en el cerro del Tepeyap el  9 de diciembre de 1931, la misma que infunde el amor desmedido y protección por quienes viven en la pobreza extrema, y oración por  los enfermos a quienes eran llevados a sus cultos para recibir sanidad en su espíritu y sus cuerpos. 

DIARIO DEL HUILA,  diálogo con el presbítero Aldemar Muñoz Torres  quien fuera designado por los directivos en Colombia de Iglesia Católica Apostólica Guadalupana para orientar pastoralmente los destinos de esta naciente parroquia en la ciudad de Pitalito. Es egresado  en filosofía de la Universidad San Buenaventura, Licenciado en Ciencias Religiosas en  la Universidad  Pontificia  Javeriana y Teología en Roma. 

¿Cómo fue su infancia en Pitalito,  en el barrio Trinidad?

Yo nací en el año de 1974, soy oriundo del municipio de Pitalito, crecí jugando y recorriendo las calles del barrio Trinidad, hijo de padres muy católicos Ernestina Torres y Ricardo Muñoz.  En ese tiempo las calles estaban sin pavimentar, y lo que es hoy esta ciudad, apenas era un pequeño caserío. 

¿Cuándo se dio cuenta de su vocación por el sacerdocio?

Yo recuerdo que mi mamá,  me mando a hacer unos ornamentos, la sotana, la estola, la casulla, el cíngulo. Para dar misas, a mi familia, inclusive hasta las gallinas escucharon mis predicaciones cuando niño. Las hostias eran galletas, rueditas de bananos; desde muy pequeño tenía claro que quería servirle a Dios. 

¿Cómo consiguió este anhelo?

Termine mis estudios de primaria en la escuela Emaús del municipio de Palestina en donde vivimos por algún tiempo, inicié mi bachillerato en el Colegio San Luis Gonzaga de Elías y lo  termine en el Seminario Menor de Garzón. Comienzo mis estudios de Filosofía en la Universidad de San Buenaventura, me acoge la Comunidad de los Agustinos de la Asunción de donde me retire,  llegó a la Parroquia el Señor de los Milagros en Pitalito, me salió una beca para estudiar teología en Roma. De regreso a Colombia, conocí el trabajo que viene desarrollando la Iglesia Católica Apostólica Guadalupana, y después de un año de acompañamiento pastoral y vocacional realizado por el Arzobispo Alfredo Vesga Díaz, el 18 de octubre de 2008 y me ordenó como sacerdote Guadalupano. 

¿Qué ha sido lo más difícil?

Servir a Dios es un compromiso que implica dejarlo todo, para  anunciar su evangelio, inclusive que no importan las amenazas, y colocar en riesgo nuestra vida con tal de predicar  buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos. Llegando a donde nos necesiten sin distingos, ni estratos, solo nuestra voluntad de servicio. 

¿Se siente realizado?

Me siento muy contento porque estamos sembrando paz, no  división, ni rencores, caminando sobre la palabra y la presencia de Dios, haciendo a un lado la ira, el odio, los enojos, y más bien sembrando un mensaje de paciencia, amor, paz. 

¿Cuáles son sus metas a corto plazo? 

Aunque  tenemos claro que meta es construir templos vivos del Espíritu  Santo, en este año iniciamos las actividades para la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe tenga un templo, porque la capilla donde nos congregamos ya se está quedando pequeña, para la realización de la eucaristías dominicales, y las misas de sanación se realiza el día 12 de cada mes. 

¿Su mensaje, hoy cuando se cierra la Semana Santa?

Como sacerdote Guadalupano quiere invitar a  todos quienes leen el Diario del Huila, para que terminen estos días en una parranda Santa porque lastimosamente para muchos estos días en vez de hacer cansen a Dios lo único que hacen es alejarse de Él entregándose desenfrenadamente a los vicios y pasiones. Este es un tiempo para la reconciliación, de perdón, de profunda oración. Más no de borracheras ni de cantinas.