jueves, 02 de abril de 2026
Regional/ Creado el: 2016-03-22 11:48

Víctimas de Baraya no pierden las esperanzas

Elizabeth es de esas mujeres que en sus ojos muestra los desgarros de la guerra, en sus recuerdos y en el corazón se encuentran incrustados el dolor y los daños ocasionados pero, a pesar de la tristeza emanada, aún tiene esperanza de un futuro mejor para ella y las demás víctimas del conflicto.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 22 de 2016

“Las víctimas del municipio de Baraya también tienen alma, corazón y un sentido, porque lloran a sus hijos, a sus padres y a sus hermanos. Tienen un sentido a pesar que muchos de sus anhelos y sus esfuerzos fueron destruidos por una guerra sucia que parecía que por aquí pasó, pero que no ha pasado nada”.

Elizabeth es de esas mujeres que en sus ojos muestra los desgarros de la guerra, en sus recuerdos y en el corazón se encuentran incrustados el dolor y los daños ocasionados a lo largo de los años pero, a pesar de la tristeza emanada, aún tiene esperanza; esperanza de un futuro mejor para ella y las demás víctimas del conflicto.

En el casco urbano de Baraya vive Elizabeth Vargas, una mujer de 35 años, madre de cuatro hijos y oriunda del municipio de Tello - Huila. Su vida no ha sido fácil; como miles de colombianos, ella es víctima del conflicto armado en el país, pero no solo una sino dos veces.

Era el año de 1988 en la vereda Trapichito, zona rural de Tello - Huila, Elizabeth, a sus escasos siete años, ayudaba junto a sus otros hermanos en los quehaceres de la finca de su padre. Un día, su hermano mayor desapareció, tan solo unos meses después, con lágrimas en sus ojos, regresó a su hogar, pero no para quedarse sino para llevarse por órdenes de las FARC a sus dos hermanas menores.

“Recuerdo cuando yo estaba muy niña, él llegó a mi casa, entró y se arrodilló a la entrada y le dijo a mi papá llorando: papá perdóneme pero yo no puedo hacer esto, en realidad, fue que me mandaron a llevarme a mis hermanas y yo prefiero que me maten pero no puedo hacer esto”.

Elizabeth no sabe si este acto de valentía de su hermano le costó la vida o no. Hoy, más de 20 años después, no sabe nada de él, por lo que señala sentir un gran dolor en su corazón. “Pasado el tiempo, esto es algo que no se puede superar, la pérdida de un ser querido, el saber que se lo llevaron y que desde ese entonces no volvimos a saber nunca más de él, es muy difícil”.

Víctimas del desplazamiento

Pasados los años y ya con una familia conformada, Elizabeth junto a su esposo ya radicados en el municipio de Baraya, se dedicaban al cuidado de una finca de un gran ganadero. Un día, mientras su esposo arreaba ganado vio cómo se acercaban varios hombres armados, sabiendo los motivos de la visita, salió a advertir a su patrón. “Patrón, ahí viene la guerrilla para llevárselo”. Como dice Elizabeth, su esposo ayudó a su jefe a cruzar una cerca y entre las montañas evitó que este fuese secuestrado por la guerrilla de las FARC.

Este hecho de colaboración terminó en amenazas en contra de Elizabeth y su esposo: “Nos empezaron a llegar a amenazas, nos decían que nos iban a matar. Fue tanto el miedo que teníamos que nos tocó coger lo poco que poseíamos y partir hacia la ciudad de Bogotá”.

“La verdad, fue una situación muy difícil porque a nosotros nos tocó irnos con la ropa en una caja de cartón grande y recuerdo muy bien cuando llegamos allá, a Bogotá, donde solo había una familiar de mi esposo quien nos iba a dar posada”.

“Teníamos esa caja de cartón y ese día se mandó un aguacero y todo lo que llevábamos ahí se nos dañó totalmente, nos tocó coger la ropa y pedirle a la gente que nos regalara bolsitas, cosas que nunca se pueden superar”.

Con el alma hecha pedazos y una vida atrás dejada, pero con la firme valentía de continuar adelante, Elizabeth junto a su familia emprendieron un nuevo trasegar en la capital de la república, cuenta que su esposo consiguió un trabajo pero a los dos años quedó desempleado, después de deambular y “bregar mucho” para conseguir un nuevo empleo, no les quedó mayor remedio que regresar a su tierra.

“Aquí en Baraya había una persona conocida de él y, entonces, le pidió si podía venir a ayudarle como conductor, entonces fue cuando decidimos devolvernos de nuevo para acá”.

Trabajo social

Desde que volvió al departamento del Huila, Elizabeth Vargas se convirtió en una líder social y representante de las mujeres víctimas del conflicto en Baraya. “Actualmente trabajamos con 45 mujeres en la asociación, velamos por nuestros derechos. Todo este dolor es algo que uno lleva dentro del corazón, que aunque el Estado diga que nos están reparando a nosotros económicamente, las víctimas no solo necesitamos dinero, en ocasiones nos sentimos compradas y sobre todo, abandonadas”.

Precisamente, el pasado 11 de marzo en la audiencia pública de “víctimas, paz y posconflicto” que se llevó a cabo en el municipio de Baraya, en un sentido discurso Elizabeth expresó el dolor, abandono y estigmatización en el que se han sentido en los últimos años las víctimas de la violencia.

“La estigmatización que muchos tenemos que llevar es un lastre por ser víctimas de la guerra: la falta de empleo que agobia nuestras familias víctimas ya que se hace creer que por un monto de dinero a cierto tiempo ya se ha acabado la pobreza y ya hemos superado el dolor y la economía familiar”.

Hoy, cuando estamos cerca de una firma definitiva del acuerdo de paz, Elizabeth espera que en caso que este proceso se dé, sea una paz consolidada en el tiempo. “Yo, lo único que puedo decir es que en realidad, si en el corazón el hombre no tiene la paz de Dios, no creo que vaya a darse una paz duradera”.

“Yo creo que la guerrilla tiene que empezar a demostrar con hechos y si dicen que vamos a tener paz en el país definitivamente, deben acabarse los secuestros, asesinatos y el dolor que han hecho con los policías, militares y la población civil”.

Elizabeth intenta rehacer y continuar con su vida porque a pesar de las tristezas y los dolores ocasionados por la guerra, “las víctimas de Baraya tienen alma porque a pesar de las adversidades siguen adelante con dolor y con tristeza”.