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Regional/ Creado el: 2017-05-26 10:21

Una triste mirada a la educación colombiana

Cada vez nuestros legisladores se inventan normas como el Decreto 1278 donde buscan minimizar a toda costa las posibilidades de ascenso de un docente.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 26 de 2017

Diana Rocío Bustos Muñoz
Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana
Universidad del Magdalena

Nos encontramos en un momento muy difícil para la educación en nuestro país, si por casualidad hoy sales a la calle es muy probable que en el parque de tu ciudad estén reunidos cientos de maestros tratando de expresar todo aquello que sienten tras la dura mirada de un Gobierno al que no sabemos si piensa que uno de los pilares fundamentales en una sociedad es la educación, siendo esta la mejor herramienta para combatir y muy seguramente acabar con la pobreza, mejorar la salud y terminar con una serie de problemas que hoy envuelven a nuestra sociedad.

Si nos tomáramos a la tarea de hacer una encuesta acerca de lo que piensan las personas del común sobre el paro de profesores y sus peticiones, sin temor a equivocarme allí encontraríamos respuestas más dolorosas para un docente como; “ellos pelean por todo”, “no son justas sus peticiones” o quizás “los docentes son el gremio que más dinero ganan y se la pasan en paro” etc. Esto solo puede dar pie a pensar que los padres de estos jóvenes no solo no entienden la injusticia que hoy existe para con los docentes sino que en su propio afán de tener ocupados sus hijos, nos culpen y no comprenden la dimensión de trabajar en condiciones poco favorables y que como cualquier otro profesional tiene derecho. Situación un poco decepcionante, cuando ni aún respaldo sientes por parte de quienes cuidan y educan sus hijos y es por ello que nosotros los educadores nos sentimos impotentes con un sentimiento a punto de estallar.

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Hoy en Colombia un profesional de la educación es maltratado por un sistema que opaca toda pasión y amor por una profesión tan importante como lo es la de ser educador. Analizando diferentes circunstancias podremos encontrar muchas injusticias, como lo es: la sobrecarga laboral, exigiendo que hagamos clases en salones de espacio reducido y además  con un número de alumnos antipedagógico, con salarios totalmente en contravía al costo de vida que hoy se vive en nuestro país tornándose irrisorio e injusto.

Cada vez nuestros legisladores se inventan normas como el Decreto 1278 donde buscan minimizar a toda costa las posibilidades de ascenso de un docente quien por medio de la educación busca mejorar su calidad de vida, es aún más triste saber que hoy día con el fin de mantenerlos presos de unos salarios muy por debajo de lo justo, existen modalidades de contrato en donde a un docente no se le pagan las 12 meses de trabajo como a cualquier trabajador, generando inestabilidad laboral, personas que de su bajo salario deben pagar la seguridad social, sin contar que no reciben a tiempo la remuneración a un trabajo hecho con el corazón, con verdadera vocación, personas que en busca de un mejor vivir dan todo de sí, se le entregan a estos niños y jóvenes porque ven en ellos el futuro de nuestro país, un país que sin duda debe cambiar de norte, que debe empezar a ser más consiente y darle la importancia que se merece al sector educativo, y como no entristecerse ante tantas injusticias si cuando observamos detenidamente el presupuesto general de nuestra Nación encontramos datos no tan alentadores como primera medida observamos el rubro que va direccionado hacia el ministerio de  educación versus el que va para el ministerio de defensa nacional, ¡oh sorpresa! cuando la diferencia es sobrepasada las tres veces, entonces: ¿Qué sucede? Será que tenemos un Estado hecho para la guerra o quizás para levantar y fortalecer una sociedad llena de valores y conocimiento que nos empujen a construir una sociedad educada y capaz de enfrentar cualquier reto o circunstancia que se nos presente. Que angustia, que impotencia y que tristeza la que me embarga, mi corazón se quebranta y llora de angustia pero no pierde la esperanza de que todo esto puede cambiar, y aun sin saber si es la mejor forma, me atrevo a pensar que acompañar a mis colegas en las plazas levantándola voz, levantando las manos podamos reclamar por unos derechos totalmente meritorios, claro está, que la mejor herramienta que puedo usar es ejerciendo mi labor de una forma responsable, con vocación de servicio, amando desde los más profundo del alma una de las profesiones más hermosas que existen en el mundo, en donde de manera directa e indirecta toda la sociedad estará soportada en ella.

Haciendo una mirada a la educación del mundo, encuentro casos como el de Finlandia en donde la inversión a la educación supera  en más del doble a nuestro país, allí el Gobierno destina el 7% de su PIB (son los ingresos por productos y servicios vendidos) a la educación, mientras en Colombia solo 3.4%, por eso la educación en Finlandia es calificada como una de las mejores a nivel mundial. Países como corea del sur, Japón, Holanda y Canadá saben de la importancia que tiene tener un pueblo bien educado, en fin, tenemos modelos internacionales de donde analizar para mejorar nuestro sistema educativo y buscar la inversión necesaria para lograrlo.

Pero ¿cuál podría ser la solución a esta difícil crisis que vive nuestra Colombia?, sencillo, la respuesta está en nuestras manos, empezando a crear conciencia en aquellos con los que todos los días nos encontramos, en trabajar duro para que podamos escoger de manera correcta a aquellos líderes que gobiernen de manera honrada y sin intereses particulares  buscando el bien general, sin caer en el sucio juego de las fuerzas políticas quienes usan los medios de comunicación para vendernos ideas o argumentos que nunca van a cumplir. Por ello hay que trabajar de la mano para poder defender nuestra profesión usarla como la mejor arma para combatir cualquiera de nuestras problemáticas, como diría Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

Por último, sin alguien que te oriente difícilmente podrás aprender, tampoco  podrás entender la importancia de tener objetivos y de trazar un plan para cumplirlos. Sin un educador puedes quedar  ciego o quizás sordo, porque siempre vas a necesitar herramientas para comprender cada una de las cosas. Recuerda ser educador debe ser más que una profesión, debe ser un estilo de vida.