miércoles, 01 de abril de 2026
Regional/ Creado el: 2015-11-17 08:31

Un corazón que nunca dejó de palpitar

Johan Estiven Ortiz es un niño que padeció wolff-parkinson-white una enfermedad del corazón que solo afecta a 4 de cada 100.000 individuos.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 17 de 2015

Tirado en el pastal, con labios y piel morada, además de una fuerte sudoración, fue hallado Johan Stiven, un menor de 8 años que se encontraba jugando a las afueras de su casa, sus amigos creyeron que estaba descansando, pero esta vez no era así, había sufrido un paro cardiaco.

Wiu, wiu, wiu fue el sonido que escucharon los habitantes de la vereda Betania del municipio de Tarqui, asombrados e interesados en saber lo que ocurría con el pequeño Johan, fisgoneaban desde las puertas de sus hogares aquel acontecimiento. Al principio pensaron que era un golpe y que por eso la ambulancia había ido hasta este lugar apartado del casco urbano.

Rápidamente los paramédicos trasladaron al menor, las puertas del centro asistencial se abrieron y en una camilla un niño era llevado a la sala de urgencias para ser chequeado por el doctor. Sus padres, Robert Herney Ortiz y su esposa María Nelly Correa, solo pedían a Dios que su único hijo estuviera bien, sin saberlo sus vidas darían un giro de 180° al conocer la realidad de una afección que se escondía en un frágil corazón.

A través de un electrocardiograma revisaron los movimientos del órgano vital de Johan, pero no hubo ninguna respuesta.  Robert, un campesino joven, quien toda su vida se ha dedicado a la agricultura narró lo sucedido “la primera vez, el corazón latió aceleradamente, pensamos que era por el estado físico, el médico no le detectó ningún problema porque habían fallas en el aparato”.

Durante la semana, Johan estuvo recostado en su cama recibiendo la mejor alimentación, para que pudiera recuperar energías y realizar el deporte que más le gusta, el fútbol. Su estado no mejoraba, el esfuerzo físico era limitado, sus padres desesperados viajaron hasta Garzón para que a su hijo lo examinara un pediatra. Estando allá le fue detectado wolff-parkinson-white, una enfermedad que solo afecta a 4 de cada 100.000 individuos.

El síndrome de WPW puede ser hereditario y se describe como una anomalía cardiológica rara, que se da por la presencia de un latido irregular del corazón, sumándose a ello, fallas en el sistema de conducción cardiaco (vía accesoria) y la aparición de arritmias. Por lo tanto, existe una ruta (circuito) adicional.

“Cuando fue diagnosticado, batallamos con la clínica Uros y Mediláser, pero me explicaron que solo se podía hacer algo después de los 18 años, lo remití de nuevo con el pediatra y me habló de la Fundación Cardioinfantil, nos enteramos de la campaña que se realiza anualmente y estuvimos en Neiva para que lo chequearan, efectivamente él estaba grave”, señaló Ortiz.

El 16 de febrero de este año María Nelly Correa se desplazó con todos los gastos pagos a la capital para la operación de caterterismo y hoy gracias a un grupo de colaboradores, (entre ellos el Club Rotario Tierra de Promisión), Johan es un niño que puede jugar, saltar, correr. Estando allá no tuvieron que cubrir ningún gasto, el hospedaje, la alimentación y la operación fue gratis. “Cuando Johan tuvo la primera recaída por mi mente pasaron muchas cosas, me preocupaba no tener atención a tiempo, que podría morir. Lo más desesperante se dio cuando nos manifestaron que teníamos que esperar hasta que cumpliera la mayoría de edad y movimos cielo y tierra para que recuperara su sonrisa”.

Johan Estiven Ortiz, es hiperactivo, habilidoso, inteligente, en su escuela exaltan su dedicación al estudio, su entrega al deporte “él no podía tener una vida normal, corríamos para evitar que se agitara y le dieran ataques. Además de que no nos daban esperanzas, solo querían suministrarles medicamentos pero no nos garantizaban que el sobreviviera”, afirmó María.

Como madre desesperada y atenta para brindarle a su hijo los cuidados necesarios, Nelly siempre se levantaba preocupada por temor a perder a su ángel.  Antes de la operación Johan le preguntaba -¿mami estoy enfermo?- ella con sus ojos llorosos le explicaba que sí que tenía una vena le sobraba y que había que cortársela “él me decía ¿mami voy a morir?, eso me partía el corazón y me tocaba sacar fuerzas, siempre le contesté que eso no iba a suceder. Después de ser intervenido quirúrgicamente cambió todo porque me dice mami ya puedo hacer lo que los otros niños hacen ya no está encerrado en 4 paredes”.

La tranquilidad pero también las ganas de salir adelante tienen a la familia Ortiz-Correa más unida que nunca, cultivaron la esperanza y demostraron que con amor y solidaridad se puede combatir una enfermedad que aunque parezca difícil de vencer, nunca será imposible de derrotar.