Río del Oro, desde la agonía de sus entrañas
DIARIO DEL HUILA recorrió todo el trayecto que conforma el río del Oro, uno de los afluentes más importantes de la ciudad de Neiva. Pese al interés de muchos por su conservación, el deterioro es latente en cada uno de los puntos de la microcuenca. Una realidad inocultable ante la mirada de los cientos de personas que diariamente transitan sus alrededores.
El abandono de muchas fuentes hídricas en la ciudad de Neiva parece ser hoy algo común y corriente en el día a día de los neivanos. Cientos de opitas transitan día y noche, en vehículos y a pie, los alrededores de la microcuenca del río del Oro, uno de los afluentes hídricos que surten gran parte de cuatro de las diez comunas de la capital del Huila.
Y es que las evidencias en materia de contaminación son más que impactantes, si de recorrer el río se trata. Buena parte del abandono se concentra en la parte baja de la microcuenca y, en la cual, se presenta una alta influencia del río Magdalena, importante afluente en el que el río del Oro drena sus aguas y acumula sedimentos. Allí, donde comienza la zona conocida como el malecón, se observa el último resquicio de un deterioro hídrico que crece de manera gradual. Y pese a que la microcuenca se encuentra canalizada casi en su totalidad, hay tramos en los que se halla presente vegetación tupida y fauna como mamíferos y aves que se alimentan de los desechos y residuos sólidos que se arrojan allí.
Paisaje desolador
El río del Oro está delimitado al norte por la Calle 8 que la separa de la microcuenca de la Quebrada La Toma; y al sur, por la Avenida al Caguán, que conforman la línea de separación acuaria con la Quebrada Matamundo. 753,11 hectáreas conforman su área aproximada dentro del perímetro urbano, con alrededor de 101.510 habitantes que habitan cerca de 20.302 viviendas, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Medio Ambiente de Neiva.
El afluente del río del Oro conserva puntos críticos en materia de contaminación activa. La mayor problemática tiene que ver con la acción de vertimientos donde viviendas de barrios como Pozo Azul, Santa Isabel y Bogotá derraman, sin ningún tipo de tratamiento, sus aguas residuales desde las tuberías. De esta zona, un punto neurálgico abarca el barrio Pozo Azul finalizando en el puente de la carrera 15.
Los mismos desechos arrojados al afluente son los que, con frecuencia, se observan a cada tramo de la canalización, acompañados de olores fétidos que se recrudecen al llegar la noche. Colchones, heces fecales, animales muertos, habitantes de la calle que duermen en las tuberías o ranchos improvisados debajo de los puentes; llantas, plástico, y un indescriptible grupo de remanentes conforman el paisaje del río del Oro.
Los principales agentes contaminantes
Aunque históricamente, las campañas de educación ambiental realizadas por las instituciones en aras de preservar la micro cuenca del río del Oro han menguado la contaminación, en algunos tramos y de manera muy coyuntural, el río agoniza casi en su totalidad. Finalmente, pareciera que nada detuviera este imparable tránsito de degradación y desaparición en el que se hunde este importante recurso hídrico de los neivanos.
Mientras que en algunas zonas de la microcuenca se observan pequeñas lagunas de aguas negras, otras se han convertido en escombreras y depósitos de residuos de materiales de construcción como ladrillos, cementos, madera, tubos, empaques, elementos que ocasionan fácilmente problemas de contaminación del suelo y atmosférica por material particulado; y problemas de remoción en masa y represamiento de las aguas. Este flagelo se evidencia principalmente, en los barrios San Martín, Santa Isabel, Peñón Redondo y otros pertenecientes a las comunas Seis y Ocho de Neiva.
Asimismo, y según los mismos diagnósticos de las autoridades ambientales, otro impacto que ha generado mayor contaminación al afluente y que ha puesto en alerta a estas autoridades, es la crianza de animales. El monitoreo de la Secretaría de Medio Ambiente en este aspecto ha determinado que familias de numerosas viviendas asentadas en barrios como Bogotá, se dedican a labores de porcicultura de manera inadecuada, que generan problemas de salubridad, pues no asean frecuentemente las cocheras y los residuos salientes en estos lugares son vertidos directamente al río, generando olores fuertes y perjudiciales para la salud.
Transitar las rondas del río del Oro también es presenciar el panorama de las viviendas invasoras que se acentúan en las riberas. Son domicilios precarios, sin sistemas de acueducto y alcantarillado, que hacen que las aguas residuales de las actividades caseras se acaparen en reductos dentro del río y acumulen cualquier tipo de desechos.
De acuerdo con la Alcaldía Municipal, las viviendas se localizan dentro de los 35 metros de zona de protección de la Cuenca del Río, situación que se evidencia principalmente, en los Barrios San Martin, Santa Isabel, Acacias, Bogotá, Pozo Azul, Peñón Redondo y Limonar.
Abandono y problema social
El abandono del río del Oro también soporta el abandono social de cientos de habitantes de la calle, que utilizan el poco líquido que conserva el afluente, no solo para sus necesidades básicas como el baño sino también para consumo, lo cual pone en riesgo la salud de muchos de ellos.
Los puentes, lugares que de manera frecuente se convierten en hogares -no de paso sino permanentes-, son hoy los que alimentan el paisaje abandonado del río del Oro. Las grandes tuberías por donde es arrojado el líquido sirven también como resguardo de muchos vagabundos ante la lluvia o las mismas circunstancias adversas. Pero más allá de eso, el río se ha vuelto un aliado que lentamente desaparece con el paso del tiempo, ante la mirada atónita de los neivanos.
¿Qué hace falta para salvar el río del Oro?
Según la Secretaría de Medio Ambiente de Neiva, en lo que va corrido del año 2015 se han capacitado 575 personas (líderes, comunidad en general, colegios, escuelas, hogares FAMI) ubicadas sobre el área de influencia de las Quebradas la Cabuya, Torcaza, Cucaracha Aeropuerto, Zanja Honda, Jabonera, Avichente, Miraflores, el Venado (Rural - Fortalecillas) y Ríos del Oro y Ceibas. En estas actividades, se han realizado charlas sobre el cuidado y recuperación del recurso hídrico, manejo de residuos, comparendo ambiental y demás acciones que se adelantan desde la misma administración frente a la recuperación de las fuentes de agua del municipio.
