No se puede hablar de paz, excluyendo a la mujer: Amparo Montes
Con más de 25 años de trabajo social, Amparo Montes es hoy por hoy, un referente de la participación de la mujer en el sector agropecuario.
Redacción Regional, Diario del Huila
En la Colombia del siglo pasado, mediada por un conflicto armado y civil que se refleja hoy en las 8.405.265 víctimas, surgió una esperanza en el Edén de Paz, o municipio del Pital, como también es conocida esta zona rural del Sur del Huila; un grupo de mujeres lideradas por Amparo Montes, salía de la cotidianidad de las labores diarias para emprender un camino hacía la participación.
Transcurría el año de 1991 y Amparo Montes, en contra de todas las dificultades inició una ardua labor en pro de los derechos y oportunidades de las mujeres campesinas de Colombia. Hoy, recuerda ese hito con nostalgia, pero satisfecha. Sabe que el camino apenas comienza y que la reivindicación de la mujer es una labor que diariamente se debe resaltar.
Oriunda del municipio del Pital, Amparo, quien ha sido víctima del conflicto armado, se ha convertido en un referente para las mujeres del departamento, pues a través de la Asociación Nacional de Mujeres Campesinas, Negras e Indígenas de Colombia (ANMUCIC), ha logrado llegar a diferentes lugares del Huila promoviendo la proyección social de las mujeres rurales.
Procesos
Dentro de los procesos que ha tenido que afrontar para establecer las estrategias que hoy la consolidan, se encuentra la construcción de la Ley 731 de 2002: Ley de Mujer Rural. La lideresa que participó de los debates de construcción de esa ley nacional durante el gobierno del expresidente Andrés Pastrana, deduce que lamentablemente son muchas las mujeres campesinas que desconocen la normativa, y que ese desconocimiento es el que ella desde la organización de la que hace parte, ha tratado de disminuir.
Para la Trabajadora Social y Especialista en Gerencia de Proyectos de Servicio Social, el principal motivo por el cual muchas de las mujeres desconocen los avances en la ley; es el machismo que abunda en nuestro país. Lo anterior siempre ha representado un problema para ella. Cuando se motivó por realizar la labor que más le gusta, todos pensaban que estaba loca, porque es que: ¿A quién se le iba a ocurrir, que por allá a mediados de los 80´, la mujer campesina saliera de su finca a educarse y a buscar participación? Pero pese a todos los estigmas que en su momento representó que ellas quisieran organizarse, darse su lugar, Amparo ha logrado demostrar que sí pudieron y que siguen trabajando por sus derechos y oportunidades: ´Hoy vemos el resultado de una labor de constancia colectiva a nivel nacional y departamental. Todo ese proceso que hemos logrado hasta ahora no para acá, tenemos que seguir¨.
Los avances que se visibilizan actualmente, la hacen pensar que se deben reflejar en la implementación de los acuerdos de paz, firmados entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC-EP. De manera enfática opina que lo alcanzado en términos de oportunidades para la mujer en los actuales acuerdos, no resultaron de un regalo hecho por el presidente Juan Manuel Santos, ni de los líderes del grupo guerrillero, asegura que se debe a la constante lucha que las organizaciones de mujeres del país han implementado en busca de que sus voces sean escuchadas.
Organización en paz
Los temas de paz, a Amparo le gustan como escenarios de oportunidades, porque permiten el libre funcionamiento de las organizaciones y el acceso a lugares a los que antes en el departamento no se podía llegar. El posconflicto permitirá que el trabajo social realizado por ella, no vuelva a verse afectado como en ocasiones anteriores, cuando por culpa de la difícil situación de inseguridad del país, ella y la organización a la que pertenece, tuvieron que abstenerse en dos ocasiones de seguir promoviendo sus objetivos. Lo anterior, lo recuerda Amparo como una mala experiencia por la que no quiere volver a pasar, porque como lo repite ella durante su conversación: ¨No se puede hablar de paz, excluyendo a la mujer ¨.
En este nuevo contexto, está segura que seguirá fortaleciendo sus objetivos. Piensa que las mujeres rurales deben sensibilizarse y empoderarse aún más de los temas que les brindan las actuales condiciones sociales. Cree además, que ellas están en todas las capacidades de impulsar sus propios proyectos productivos que muy seguramente serán apoyados por diversas instituciones como FINAGRO, que según la trabajadora social, ha estado al pendiente escuchando y aportando en las peticiones de las mujeres del Huila.
Aunque a nivel nacional el panorama de participación no sea alentador en referencia a las garantías que las mujeres deberían tener, las integrantes de ANMUCIC que durante el 2016 y parte del 2017, lograron trabajar con 5000 mujeres rurales del departamento, ya se plantean la manera de continuar buscando escenarios donde finalmente puedan ser escuchadas.
