Neiva, un paraíso para la indigencia
El clima y sobre todo la generosidad de la gente, hacen de Neiva una ciudad muy llamativa para la práctica de la mendicidad. Un estudio reciente adelantado por la Alcaldía de Neiva entrega cifras reveladoras. DIARIO DEL HUILA hace la segunda entrega periodística.
Algunas cifras del estudio
El número de habitantes de calle es muy variable, por lo que censarlos no fue tarea fácil. Pero además hay un grupo significativo que permanece en la calle unas semanas y luego regresa a su hogar a intentar recuperarse de sus adicciones. Todo esto hace que el análisis sea más complicado, como también la búsqueda de soluciones a un problema social que nos afecta a todos.
Desglosando el estudio adelantado por la Secretaría de Desarrollo Social, quien junto con otras instituciones que conforman el Comité pro defensa del habitante de la calle, fueron los encargados de aplicar una encuesta como instrumento de recolección de datos de la población habitante de la calle de la ciudad de Neiva.
Se destaca en los resultados que la mayoría de habitantes de calle de la ciudad son personas jóvenes. El 41,3 por ciento está entre los 15 y los 29 años, seguido por el grupo de 30 a 44 años que es el 29,5 por ciento. Solo el 6 por ciento es mayor de 60 años.
Otra cifra reveladora es que el 64,9 por ciento son del Huila y que el resto son provenientes de Florencia, Caquetá; Bogotá, Cali, Girardot, Cundinamarca; Armenia y Barranquilla. El municipio del Huila que más habitantes de calle aporta a Neiva, es Campoalegre.
Pero además se destaca, como lo habíamos señalado, que en su mayoría son personas jóvenes, sanas y con alguna aptitud laboral.
El 59 por ciento hizo la primaria, el 32,3 por ciento es bachiller y el 1,6 tiene estudios universitarios. El 91,3 por ciento no registra ningún grado de discapacidad, mientras que el 97,5 no presenta ningún tipo de trastorno mental, lo que hace que estemos frente a personas que podrían ser útiles a la sociedad, desempeñando un trabajo u oficio que les permitiera vivir en condiciones dignas.
El análisis demuestra que antes de caer al mundo de la calle, el 14,6 de los encuestados dijo que se dedicaba a la construcción, el 13,4 manifestó ser estudiante, el 9,9 dedicarse al comercio, el 8,7 al trabajo del campo, el 9,3 a los oficios varios y el 3,4 al hogar.
‘Repatriados’
La Secretaria de Desarrollo Comunitario, en cabeza de Luis Miguel Lozada Polanco, viene adelantando varias estrategias en pro del bienestar de estas personas.
Una de ellas es el impulso de la Casa del Habitante de Calle, donde en la actualidad albergan a 20 hombres. Todos se encuentran en proceso de desintoxicación y con la ayuda de profesionales en la medicina, la sicología y el trabajo social, varios lograron rehacer sus vidas. En la actualidad dos de ellos manejan la panadería que sirve para alimentar a los que llegan y hasta deja algún dinero para el mantenimiento de la casa. Otros ya están ubicados en empresas como celadores, panaderos, mecánicos, incluso uno de esos jóvenes rehabilitados (Rubén) hoy es contratista de la Alcaldía de Neiva y labora como conductor.
La Administración adelanta convenios con varias empresas para buscar ayuda a estas personas. Una de estas entidades es Coomotor, que en la actualidad regresa a sus ciudades de origen, sin ningún costo, a los habitantes de calle que estén buscando a sus familias.
“Ellos se bañan, se les da rompa limpia, se les da de comer durante unos días y luego los mandamos a sus ciudades gracias a la colaboración de este empresa de transporte de pasajeros”, comenta la sicóloga.
Las escandalosas cifras de la droga
Hablar de habitante de calle es hablar de drogas. El estudio de caracterización adelantado por la Alcaldía de Neiva, indica que el inicio de estas personas en las drogas es muy temprano. El 68,9 por ciento empezó el consumo de las drogas entre los 12 y los 20 años. El 12 por ciento, una cifra más que alarmante, inició entre los 8 y los 12 años.
Y como se demuestra en la mayoría de historias, el principal factor que empuja al consumo de sustancias sicoactivas son las malas amistades con el 29,5 por ciento, seguido por la curiosidad con el 28,9 y los problemas familiares con el 13,0 por ciento.
Revela la estadística que el 37,6 por ciento de los encuestados es adicto al bazuco, el 23,6 al bazuco y la marihuana y el 14,3 solo a la marihuana. Apenas el 4,7 de los indagados dijo no ser consumidor de drogas pese ser habitante de calle.
Otro de los inconvenientes que se registran y que hacen de Neiva una ciudad llamativa para la indigencia es la facilidad con que se consiguen las drogas, en especial el letal bazuco y la marihuana.
En la zona conocida como la glorieta de los tres elefantes y en general en la vía que conduce a Surabastos, se consigue una papeleta de bazuco por mil pesos y un “moño” de marihuana por dos mil.
Los vendedores son hombres y mujeres que en su mayoría se movilizan en bicicleta y que ocultan la droga en los matorrales para evitar la acción de las autoridades.
En esta zona, internándose en los potreros, cerca de la ribera del río, se encuentran los cambuches, lugares donde se puede consumir drogas durante varias horas y hasta días. Adictos llegan al lugar, compran cantidades de drogas y se confinan en el lugar hasta perder la noción del tiempo.
Allí se le paga al ‘jíbaro’ –vendedor de droga- no solo por la dosis sino para que lo cuide de posibles agresiones de otros consumidores. Se calcula que un habitante de calle entra a esta zona con 100 mil pesos y sale a los dos días sin un solo peso, luego de envenenar su cuerpo con altas cantidades de bazuco y marihuana.
En este lugar sostienen relaciones heterosexuales y homosexuales, y se inyectan compartiendo agujas, aumentando así el riesgo de adquirir enfermedades de trasmisión sexual. Así es la calle de la impunidad, un lugar muy parecido al Bronx de Bogotá, que sigue creciendo sin que las autoridades hagan mucho por evitarlo.
Calle, drogas y prostitución
Al adelantar las indagaciones para la realización del presente informe, lo que más se escuchan son historias, testimonios desgarradores que en su mayoría terminan en tragedia, con personas sumidas en el flagelo de las drogas, atrapadas en el oscuro mundo de la calle, mientras que otras, las mujeres, acaban en el degradante negocio de la prostitución, incluso recibiendo como pago por sus servicios una papeleta del letal y nocivo bazuco.
Cuenta una de las sicólogas que apoyó el proceso de recolección de datos del estudio, que en Neiva hay una zona muy crítica localizada en inmediaciones de la Hostería Matamundo, en la conocida glorieta de Los Elefantes, un lugar peligroso y complicado donde en las noches reina el desorden y la impunidad.
“Allí llegan algunos taxistas y motociclistas y utilizan a las mujeres que están en la indigencia para satisfacer sus aberraciones sexuales. Ellos pagan con papeletas de bazuco el sexo oral que practican allí, en la calle, otros se llevan a las indigentes a los moteles, las hacen bañar y luego las utilizan para todo tipo de aberraciones sexuales, consientes que ellas hacen lo que sea por una dosis de droga, o dinero que le permita adquirirla. En todos los casos unas vez las utilizan las mandan nuevamente a la calle”, comenta la profesional.
Tocó fondo y emergió
Entre estas mujeres estuvo hasta hace poco tiempo en la calle una muy especial. Se trata de una joven de no más de 19 años, quien fue hasta hace un par de años estudiante de uno de los colegios femeninos más reconocido de Neiva.
Ella –cuenta la sicóloga- calló en las drogas por un novio. “Dicen que fue él quien le dio a probar las drogas por primera vez en una fiesta, luego la coaccionó para consumir durante las relaciones sexuales y así la fue volviendo consumidora asidua hasta que un día le dijo que no quería seguir saliendo con ella. Desde ese momento la joven empezó a consumir de manera desaforada al punto que se fue de la casa y vivió durante varios meses en la calle, pese a los ruegos y la búsqueda incansable de los padres y familiares.
Su adicción llegó a tal punto que para conseguir el dinero de la droga terminó prostituyéndose. Ella era una de las más buscadas por algunos taxistas pervertidos, quienes le pagaban con droga la práctica de sexo oral”.
Pero esta historia de dolor –una más entre muchas- empieza a tener final feliz. Gracias a la intervención de las profesionales de la Secretaría de Desarrollo Social, esta joven inició un proceso de rehabilitación y hoy, con mucho esfuerzo, empieza a dejar las drogas. “Ahora tiene un novio-esposo que la está ayudando mucho, la está cuidando y ya no la hemos vuelto a ver en la calle. Dicen que está en proceso de dejar sus adicciones y que lo está logrando”, comenta la profesional con evidente satisfacción al saber que lograron quitarle a la calle a una mujer, una labor bien complicada.
De la petrolera a la indigencia
Luis Alberto Núñez, de 61 años, es la demostración de cómo una persona se puede dañar durante una noche de tragos con una mala amistad.
Él, nacido en Santa Marta, llegó al Huila hace 33 años cuando la empresa petrolera para la que prestaba sus servicios decidió trasladarlo, inicialmente a Natagaima (Tolima) y luego a Neiva (Huila), donde infortunadamente “calló en desgracia”.
“Inicialmente fui cuñero, luego aceitero, luego operador y cuando ya iba a ascender a superintendente de obra, se me atravesó la droga.
“Un día estaba tomando cerveza en Neiva con un amigo y yo no sabía que él metía eso. Cuando salimos me dijo que lo acompañara en el taxi a un barrio de arriba y yo no le vi problema, cuando de pronto es que lo veo armando un coso de bazuco y me dijo que lo probara. Esa fue mi perdición pues desde ese día no he podido dejarlo, fue mi perdición y me arrepiento de eso”, narra este hombre quien por estos días, trabajando como cotero, lucha por dejar un vicio que como él mismo lo reconoce, fue su desgracia.
Campaña contra la mendicidad
La Alcaldía de Neiva trabaja en la elaboración de un proyecto que será puesto en consideración del Concejo, con el que busca concientizar a las personas para que no den monedas en los semáforos y esquinas. El proyecto también pretende prohibir a las personas que entreguen comida, como en la actualidad lo hacen varias entidades y personas particulares. La idea es que quien quiera ayudar entregue sus aportes a la Administración para que sea desde allí donde se canalicen todas las ayudas.
“Di no a la mendicidad, No es solo una moneda”, será presentado en las próximas semanas por la Administración, esperando de esta forma controlar el crecimiento de la mendicidad en la ciudad.
Cifras nacionales
Se calcula que en Colombia hay 20 millones pobres y 8 millones de indigentes, lo que demuestra una mejoría muy leve durante los últimos años en estos dos indicadores. El informe revelado por el grupo técnico denominado Misión para el empalme de las series de empleo y desigualdad (Mesep), conformado por distinguidos académicos de la más amplia credibilidad, da cuenta que 46 de cada 100 colombianos siguen viviendo en la pobreza; pero que si nos fijamos en los que viven en el campo, el cuadro es aún más inquietante: 65 de cada 100 colombianos que habitan las zonas rurales viven en lo que se conoce como parámetros de pobreza, al paso que los pobres que viven en las ciudades son 39 de cada 100. O sea, la brecha de pobreza entre lo urbano y lo rural sigue ampliándose.
El informe elaborado en el 2014, demuestra que quienes se encuentran en condición de extrema pobreza, o sea de indigencia, ascienden a casi 18 de cada 100 colombianos.
En materia de indigencia (referida a aquellos con ingresos que tan solo alcanzan para alimentarse), se observa que estos registraron un valor de 8.4% de la población total hacia mediados del 2014 frente al 10.1% de hace un año o al 13.5% del 2010. Este registro es muy positivo si se tiene en cuenta que durante el período 2005-2008 dicha cifra se había trepado del 13.8% hacia el 15.8% de la población, por las razones antes comentadas.
Lea la primera parte de este especial: Neiva, un paraíso para la indigencia
