jueves, 02 de abril de 2026
Regional/ Creado el: 2016-04-01 11:18

Más de 20 años de historia en el “pasaje de los embellecedores de calzado”

Reinaldo Montenegro, Cristóbal Quintero Pérez y Rodrigo Montenegro recopilan cerca de 23 años de historia en el lugar que se conoce como “el pasaje de los embellecedores de calzado”. 19 son las personas que se ganan la vida “embolando” zapatos en este lugar.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 01 de 2016

Pasar por el parque Santander para muchos no es muy agradable: los olores se confunden entre agradables y otros; los gritos de los vendedores que ofrecen variedad de artículos y la prevención de ciertos transeúntes ante el miedo de ser víctima del “cosquilleo”, hacen que ese corto paso se convierta en algo que quieran evitar.

Sin embargo, en “el pasaje de los embellecedores de calzado” la situación es distinta, pues hasta allí llegan todos los señores que desean ver sus zapatos como nuevos, así lo aseguran los 19 lustradores que trabajan allí buscando conseguir su sustento y el de sus familias, pues es la única opción que tienen como entrada económica.

19 personas que entre todas reúnen años de historias, de recuerdos buenos y otros no tanto, y por donde han pasado los personajes más conocidos de la ciudad, entre ellos Rodrigo Lara Sánchez, alcalde de Neiva, tal como lo asegura Cristóbal Quintero Pérez, uno de los primeros trabajadores de este reconocido lugar.

“Ya son 23 años de trabajo acá en este lugar, ya tenemos nuestros clientes, nos buscan, no tenemos horario, trabajamos a nuestro acomodo y sobre todo, conseguimos lo del diario, hay épocas difíciles pero en general, todos lo hacemos porque nos gusta”, exclamó Rodrigo.

“Historias y recuerdos”

Cristóbal Quintero Pérez es tal vez uno de los lustradores de calzado con más tiempo en esta labor, pues a sus años, lleva 49 con su “piano” debajo del brazo, dejando brillantes los zapatos de magistrados, alcaldes, gobernadores, médicos, policías y todas esas personas que nadie se imagina que pudieron haber pasado por esa banca, lo que para él es “su sitio de trabajo”.

“Yo llegué acá cuando no era el parque Santander que es ahora, había tortugas, babillas, el edificio de las 56 ventanas que era la Gobernación, me gané buena clientela entre ellos el actual alcalde; Jaime Losada, Sergio Andrade Manrique, Rafael Azuero Manchola y hasta el médico Max Duque, él me sacaba a lustrar los zapatos al sol a las 10 de la manaña”, recordó Quintero Pérez.

Lo más importante para este personaje que guarda tantos recuerdos en su mente, es cuidar esa clientela tan selecta que le ha permitido ganar dinero y sacar adelante su familia, por eso “los atiendo bien, les tengo el periódico, limpio mi banca, faltando 5 minutos para las 6:00 de la mañana llego acá, barro y empiezo a trabajar, eso me da para que a las 9 de la mañana ya haya bajado bandera”, aseguró.

Un negocio rentable

Una realidad que parece poco convincente es que, a pesar de que el público para los cuales trabajan estos señores es reducido, pues “solo los adultos hacen embolar los zapatos”, los ingresos no son muy bajos pues fácilmente en un día consiguen entre $35.000 y $40.000 mil pesos.

“Como todos, tenemos días buenos, otros malos, pero en general, nos va bien, nos hacemos lo necesario para vivir, los primeros meses del año son duros, pero en junio nos va bien con el tema de las cabalgatas, hombres y mujeres vienen a embetunar las botas y en diciembre es mucho mejor, un 31 nos sacamos $200.000 pesos”, resalta Reinaldo Montenegro.

Entre las tarifas que manejan están: si es embolada sencilla $2.000 pesos, de bota $4.000 pesos, la pintada oscila entre $15.000 y $20.000 pesos, en la cual no se demoran más de 15 minutos y la inversión no es mayor a $20.000 mensual en materiales.

Lo que sí es cierto es que la gran mayoría viven contentos con lo que hace, lo hacen con orgullo y dedicación y como nos aseguran Reinaldo Montenegro, Cristóbal Quintero Pérez y Rodrigo Montenegro, no contemplan otra posibilidad que no sea embellecer zapatos. “Acá ninguno sabe hacer nada más, yo estudie hasta tercero de primaria y ya son 33 años de trabajo que no puedo dejar atrás”, dijo Rodrigo.

Además de que pesa el tiempo que llevan en el pasaje, lo que ganan les alcanza para arriendo, comida, pagar a los “gota a gota”, trasporte, comprar los materiales de su trabajo: betún, pinturas, líquidos, jabón y trapos; así como para “otras cositas” tal como lo revela el lustrador.

Y son 33 años, pues a pesar de que no lleva sino 23 en el pasaje, fueron 10 años en la calle como embolador ambulante, lo cual le sirvió para conocer distintos lugares de Neiva y de otras ciudades.

Están totalmente legalizados

Como una de sus mayores bendiciones, los 19 trabajadores de este sitio determinan la ayuda brindada por un concejal Pacheco Dussán, que el año 1993 en el gobierno de Jaime Losada y de Gustavo Penagos, hicieron todos los trámites legales para, de manera definitiva, trabajar en este lugar.

“Después de que nosotros nos legalizamos, nos dieron carnet y unos uniformes, empezamos a mejorar el parque, inculcábamos el respeto por las damas cuando pasaban por este pedazo, tratamos de no dejar que los habitantes de la calle estén acá, ahora último conseguimos que nos pusieran el CAI móvil acá para hacer más seguro el lugar”, añadió el embolador.

La tranquilidad ahora ronda entre ellos, saben que nadie los va a sacar de su lugar de trabajo y que allí podrían pasar sus últimos años de vida, “aunque el ambiente a veces es un poco pesado, hay envidia entre muchos, trabajamos bien, hay compañeros que cuando uno no viene hablan mal, tratan de quitarnos la clientela pero, bueno, eso pasa en todos lados, la envidia, sin olvidar que también habemos varios de una sola familia; yo, por lo menos, estoy con mi hermano y mi hijo”, contó Reinaldo Montenegro.

“Nació, se crió y ahora trabaja en esta banca”.

Como son 19 los que allí trabajan, se ubican 2 en cada banca donde pone cojines para hacer más cómodo el lugar para el cliente. Sin embargo, para Montenegro, su banca tiene algo especial: allí dormía su hijo cuando apenas era un bebé.

“Me acuerdo que le armábamos una camita ahí en la banca y yo me lo traía para acá, después empezó a crecer, jugaba en este lugar, creció en este ambiente y desde los 12 años cogió la caja de embolar, tiene 19 y hoy es un padre de 3 niños y mi compañero de banquillo”, recordó el trabajador.

Él es el menor dentro del gremio de los “embellecedores de calzado”, quien lo realiza con la misma pasión con la que su padre lo hizo pues es testigo de que “lustrar zapatos sí da para vivir”.