viernes, 03 de abril de 2026
Regional/ Creado el: 2015-12-13 08:40

Minería artesanal, los riesgos del rebusque en el Huila

El duro y olvidado panorama vivido por los llamados barequeros en el Huila describe a plenitud la causa por la cual, en muchos casos, mueren sus colegas bajo el inclemente sol y la dura piedra. Aquí, la historia de algunos de ellos que afrontan esta labor en medio de la turbiedad del rebusque.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 13 de 2015

El destino y el amor por sus hijos los condujo a adentrarse en este negocio, que más que eso es una labor para sobrevivir del inclemente desempleo en el municipio de Rivera. Hoy quisieron algunos de estos mineros artesanales relatar algo de sus vidas para conocer qué es sobrevivir en medio de la pobreza y el abandono del Estado.

“Mientras la política minero-energética le da garantías a los grandes consorcios, nosotros nos rebuscamos entre las migajas que nos dejan”, dicen ellos quienes, a lo largo de sus años, han analizado con la presión de su situación cómo es el juego en el escenario nacional.

 

El miedo de quedar sepultados

El temor deambula por la mina. Muchos han perecido en este oficio. Pero la dura situación económica los empuja a seguir rebuscando entre la tierra el oro que les da sobrevivencia. “Estamos expectantes de que si se aplican las normas como debe ser, a nosotros nos sacarán de acá. Nosotros estamos dispuestos a asumir por nuestra cuenta y riesgo las consecuencias de seguir aquí. Claro está que si las entidades del Gobierno y la sociedad en general, nos ofrecen otra oportunidad laboral, que nos garantice el sostenimiento de nuestras familias, nosotros estaríamos dispuestos a salir. De lo contrario, no”, dijo Jorge Eliécer Jaramillo, líder de la Asociación de Barequeros Artesanales del Huila, ABAH.

La máquina prende motores desde las 6:00 o 6:30 de la mañana todos los días. Y mientras la gran pala de ésta perfora la endeble superficie que alguna vez fue verde, todos esperan. Jorge Eliécer, Rubiela, Pablo Emilio y otros 130 hombres y mujeres, jugando algunos triqui, parqués o ajedrez, aguardaban a que la máquina escarbara la tierra para luego, ellos, entrar en acción. “A la buena de Dios”, responde Pablo Emilio Guzmán Garzón cuando del futuro y su vida cotidiana se le pregunta.

Mientras enciende su cigarro, Pablo, con pesadumbre y nostalgia, explica que, como él, hay centenares de familias que, a su criterio, han sido desplazadas por los avatares de la vida, a ser mineros. “A veces hay cien, a veces ochenta, pero ahora hay conmigo como 130 personas que ganamos entre $30.000 y 40.000 pesos, como también haber días que nada de nada”, dijo.

Con pala, barretón y batea, estas familias buscan bajo el lodo y las piedras un granito de oro, por lo que reciben entre $50.000 y 60.000 pesos por gramo. Jorge Eliécer dice que su situación está por completo en el limbo. “Nuestra organización la integran 315 familias de los municipios de Rivera, Yaguará, Palermo, Hobo, Campoalegre y Neiva que nunca hemos recibido apoyo alguno del Gobierno. Por esta razón fue que dos compañeros de nosotros murieron, porque ellos no podían quedarse sin nada”, reclama.

 

“Ser mujer minera es más verraco”

Pero sin lugar a dudas, la mujer es a la que le toca más duro. Además de sobrellevar la ya bien dura tarea de extracción mineral, como toda mujer, debe responsabilizarse de la crianza de sus pequeños. Rubiela Gutiérrez Trujillo, barequera artesanal de Neiva, es una de las más de 45 mujeres que les corresponde asistir a sus hijos a la par que van moviendo la batea. Mientras los hijos de Rubiela viven su propio viacrucis diario en el asentamiento Uribe Vélez de la Comuna 10, ella, durante toda la semana, vive su propia travesía en la mina, por lo que los rostros de sus hijos los ve cada ocho días.

Mientras tanto, ella y sus colegas buscan refugio temporal en campamentos improvisados, los cuales han servido para fortalecer su labor comunitaria. Así como a Rubiela, Norma Peralta también día a día, cambió sus sandalias, sus aretes y su maquillaje por botas pantaneras, una desgastada gorra y una careta para la cara.

“De día y de noche se trabaja acá. Aquí muchos traemos hamacas y carpas para esperar, porque no hay otra manera de trabajar”, sostiene. Hoy, de no tomarse las medidas pertinentes y garantizarles a estas personas su derecho a existir, la tierra que ahora les da la vida mañana le podría traer la muerte.

 Fotografías y contenidos: Equipo periodístico Corporación Júraco Neiva.