La naranja, un ‘pretexto’ para educar en Timaná
La naranja, más allá de ser una fruta con potencialidades vitamínicas y alimenticias, también es eje central de educación rural. Un jugo en las mañanas no basta para descubrir su única función. La experiencia de educación rural de la Institución Educativa El Naranjal del municipio de Timaná, sur del Huila, demuestra de qué está hecho este ácido y significativo manjar.
Un naranjal es un terreno plantado de naranjos, o naranjas. En el municipio de Timaná, sur del Huila, un centro poblado lleva ese mismo nombre y allí, un centro educativo también lo posee. Todos los días los estudiantes de la Institución Educativa El Naranjal de Timaná alternan sus actividades diarias y académicas en torno a la naranja, fruta representativa de esta zona del departamento del Huila. Lo hacen con devoción y pertenencia, para entender no solo sus cualidades, sino de qué está hecha la tierra y el campo que día a día recorren.
Por esto, las naranjas ya no están a la orden del día para constituir fines comunes, sino para que su cáscara, corteza, jugo, aceite y esencia, sean utilizadas como materia prima de proyectos pedagógicos al interior de la institución. Ayer, durante el Foro Regional de Educación Rural, promovido y liderado por el Ministerio de Educación Nacional, la experiencia de la IE El Naranjal mostró las bondades de esta fruta y porqué es importante rescatarla, en el marco de proyectos de educación rural que se adelantan en el país.
Los proyectos pedagógicos productivos, el esquema en el cual sobresale cada una de estas iniciativas, se dibujan en los diseños educativos que buscan generar nuevo conocimiento. “Estos proyectos no solo son proyectos del campo que producen bienes, sino que la productividad está asociada al conocimiento, desde ese ángulo se puede concebir cualquier proyecto de educación productivo, que es lo que se pretende. Es enfocar el desarrollo rural desde el patrimonio”, dice Dieber Ome Escárraga, rector de la IE El Naranjal de Timaná, quien lleva más de 15 años como rector de ese centro educativo. Además reconoce la importancia de rescatar elementos autóctonos como la naranja que contribuyan al desarrollo rural de un municipio cargado de estas plantaciones.
Transformar las naranjas
Para convertir una naranja en un accesorio, vestido, manjar gastronómico u otros, se requiere de todo un proceso minucioso. Pero además, quien emprenda la idea de utilizar la naranja como un pretexto para educar, deberá partir del conocimiento de los detalles más pequeños, desde su cultivo hasta la escogencia de la fruta.
“La referencia de la naranja como pretexto pedagógico surgió en el 2003, cuando varios docentes asistimos a un foro internacional sobre escuelas nuevas. Ahí pudimos observar artesanías construidas a base de naranja. Entonces cuando la naranja tenía un precio irrisorio, alguien cogía dos naranjas y las transformaba en artesanías y luego, esas artesanías valían el 500% más de lo que se comercializaba las frutas en bultos. Cinco años después, en el 2008, nace el primer festival de la Naranja en El Naranjal, al interior de la institución educativa”, expresa Ome Escárraga.
El Festival de la Naranja, además de acoger a esta fruta como eje pedagógico, también funciona como espacio generador de cultura, donde, con la participación de docentes y padres de familia se reconoce el valor esta importante fruta. “El festival cual buscaba promocionar las fiestas, hacíamos de todo, pero también la convocatoria para el ámbito cultural donde se presentaban grupos de la institución y municipios vecinos, todo asociado a la naranja”, dice el rector de la institución.
Hoy, ese espacio se retomó luego de estar inactivo un tiempo, o eso es lo que señala Tatiana Fernanda Herrera, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana; y docente de Artes de esa institución, quien resaltó el proceso por medio del cual se adentró al didáctico mundo de la naranja. Inicialmente llegó como docente de Lengua Castellana y Humanidades, pero por el hecho de entender el “contexto rural y acoplarse a las necesidades de los estudiantes, asumí unas horas como docente de Artística”, manifiesta y añade que gracias a las cartillas que en la institución se otorgan a los docentes que ingresan, conoció el proceso de la naranja.
“Asumí el reto de volver a realizar el festival, pues hacía cuatro años no lo hacían, debido a que El Naranjal, pese a que tiene este nombre ya casi no cultiva la naranja, entonces estaban un poco apáticos a trabajar otra vez desde ese aspecto”, señala Tatiana, quien lleva cerca de seis meses en ese centro educativo.
Baile, manualidades y artesanía es lo que el festival acoge en sus diferentes actividades. Un concurso de personajes populares y el reinado de la naranja, dignifican las bondades de la fruta pero además, reconocen el valor autóctono de ese municipio. Tanto docentes como padres de familia han comenzado a inmiscuirse de nuevo con rescatar en El Naranjal, lo que le permite a ese centro poblado llevar a portar ese nombre.
“Cuando uno conoce lo que tiene comienza a valorarlo”
“Untarse de naranja, sentir el aceite esencial de la fruta y que se impregne en la piel para que se haga sensible”, es lo que el rector de esa institución busca con los proyectos educativos, un propósito enfocado no solo en los estudiantes sino en los mismos naranjaleños para que de esta forma adopten la naranja en su forma de ver y sentir el municipio.
“Nosotros miramos que el Naranjal tiene algunos vacíos frente a los procesos de identidad en torno a la naranja y por eso vemos que a pesar de que la fruta no tenga un gran valor comercial en el mercado está ahí y existe en este momento. Lo que pretendemos es conocer lo que tenemos. Cuando uno conoce lo que tiene comienza a valorarlo y al valorarlo se empieza a proteger y esta es la lógica en este proyecto”, comenta el rector.
Y así como al salir de Colombia el olor del café recuerda a muchos colombianos su tierra, el olor de la naranja sería ese indicio que reconoce en El Naranjal una tierra que existe y que produce una fruta versátil, funcional y con diversas potencialidades. “Entonces qué hace uno, convertir materias primas, convertir una cáscara de una naranja y hacerla una obra artística, convertir un jugo de naranja y hacer un vino de naranja, para cuando lo necesitemos. Tantas cosas se pueden hacer en gastronomía con la naranja”, expresó con un dejo de orgullo el educador Ome Escárraga, añadiendo también que frente al proyecto educativo hay mucho por hacer, pese a los esfuerzos que se realizan en la institución, como atender en el detalle de la fruta. “Puede que estemos atendiendo el fruto pero desatendiendo el árbol de naranja, es decir desde lo ambiental hay mucho por hacer todavía, las posibilidades son inmensas y es lo que se quiere mejorar en el proceso. Es el pretexto nuestro, la naranja. Como dice nuestro slogan, es tener un corazón de nuestro color, lleno de esperanza, un corazón de color naranja”, concluye el educador.
