La música que no ve pero siente las calles de Neiva
Dos detalles en común comparten dos personajes icónicos de Neiva: la música y la incapacidad para ver. Dicen que quien carece de un sentido, potencializa los demás. La Gala y Fredy se mueven entre notas de música en las calles de Neiva y viven para ser vistos y escuchados.
Por: Laura Marcela Perdomo
Francisco Olaya - Atarraya Films
“Ya me han hecho muchas entrevistas, desde estudiantes de periodismo hasta periodistas de radio, prensa y televisión, pero sí, le cuento mi historia”, dice Fredy Solórzano. En su mano tiene una guacharaca y a un lado, pendiendo de un brazo, un megáfono gastado por el sonido, el tiempo y las andanzas; un vallenato termina de sonar. Fredy es ciego, tiene tres hijos y vive en Santa Isabel, Comuna Seis de Neiva. Su imagen no es desconocida. Buses, restaurantes y calles peatonales lo han recibido para que su acordeón o guacharaca retumbe.

Foto: Atarraya films
Es de Solita, Caquetá. A los 16 años llegó a Neiva buscando una operación que permitiera devolverle la vista, luego que un disparo se incrustara en su sien y le anulara los nervios ópticos. Recorrió la capital huilense y Bogotá “para ver qué podían hacer los médicos, pero nada fue suficiente”. “La música siempre me gustó. Cuando estaba la televisión a blanco y negro, mi papá había comprado un televisor allá en la finca, lo prendíamos con planta solar, yo veía en ese tiempo la novela de Escalona y desde ahí me enamoré de la música vallenata”, dice.

Foto: Atarraya Films
El acordeón y la guacharaca pasean con él, junto con su hijo menor de ocho años que algunas veces, cuando no está estudiando o tiene un breve tiempo libre, lo acompaña en sus andanzas y lo guía en el camino. Su lugar más estratégico es el Parque Santander donde, sin importar el inclemente sol de las tardes, toca y canta. “Desde que quedé tiroteado, lo que yo sabía hacer era del campo, la agricultura. Luego comencé con un grupito vallenato cantando en los negocios, las cantinas, donde había gente tomando, les cantábamos por canciones y así duré mucho tiempo”.
Dice que sus turnos van de las nueve de la mañana a las ocho de la noche. “Mi costumbre es siempre trabajar de ocho y media o nueve, hasta las once o doce, en horas de la mañana; y en la tarde, voy saliendo entre las cuatro o seis”, relata.
Fredy recibe una, dos, tres monedas. Un tarro de plástico se sostiene de su cadera, mientras retoma sus cantos. A diez pasos, frente al supermercado Yep, está la Gala del sentimiento.

Foto: Atarraya Films
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La Gala del sentimiento es lo que se lee en su chaqueta color amarillo ocre que, además, indica que es invidente. Diana Patricia Castañeda tiene ocho maracas que mueve con sus dos brazos de arriba abajo, de abajo arriba. Canta. Canta todo el tiempo. Dice que no puede ver, que le gusta la música romántica y se ríe cuando afirma que está enamorada de un concejal neivano llamado Deiby y que por él, escribió un libro llamado “Amor prohibido”.
“La escribí porque estoy enamorada. Estoy enamorada de un concejal y ahora quiero escribirle un libro que se llame “La limosnera de Amor”. Porque yo vivo detrás de él pidiéndole amor”, dice, tímida y sonriente.

Foto: Atarraya Films
Del libro, afirma, lo envió a las instalaciones del canal Caracol para un concurso, pero fue devuelto porque no cumplía con requisitos como la extensión. “Mi libro tiene 130 páginas y allá me exigían que fuera de 200”, comenta. A su alrededor tiene un pequeño bolso y frente a ella, junto a sus pies, dos pequeños utensilios para aguardar las monedas que los transeúntes arrojan.
Le gustan los poemas y pese a que no sabe escribir, tiene la ayuda de sus amigas que escriben lo que ella dicta. “Mi mejor amiga es costeña pero ahora está lejos”, comenta, con un poco de tristeza. Vive con su mamá en el barrio Siete de Agosto y asegura que, como es viernes, el producido no será muy bueno. “A veces me da mucha pereza cuando sé que el centro está solo”, dice, dando a entender que conoce el movimiento de los neivanos y las horas exactas cuando hay mayor flujo de público.

Foto: Atarraya Films
Habla de sus canciones favoritas, omite su edad y lo único que expresa es que comenzó a cantar a los 18 años. “En los tiempos libres escucho música, la música favorita mía es la de Marco Antonio Solis, Los Galos, música así. No sé por qué me gusta esa música, creo que porque es muy sentimental”, dice.
Diana Patricia, o la Gala del sentimiento, dice que va a cantar, que esperará los últimos resultados de lo que queda de la mañana, hasta las once aproximadamente, cuando salga a esperar a su mamá, que vende dulces en un puesto ambulante. Luego partirán juntas a casa.
