Héctor, el “zorrero” que nunca olvidará a su caballo
Con el subsidio entregado por la Alcaldía de Neiva, 33 personas reemplazaron sus “zorras” por moto carros. Héctor fue uno de los beneficiados. El desplazamiento por la violencia, la destrucción de su casa a causa de un incendio y la pérdida de su fiel compañero han sido sus principales penas.
En una casa construida con tejas de zinc y guadua, habita Héctor Córdoba. Su sonrisa sigue intacta y su optimismo es de admirar, no cualquiera que ha tenido que padecer calamidades semejantes a las suyas.
A él jamás le pasó por la cabeza que llegaría el día en el que tendría que separarse de su caballo. Hace poco lo entregó a la Administración Municipal para recibir el beneficio de sustitución de vehículos de tracción animal. Vacío es lo que siente por la ausencia de su amigo, se nota la tristeza que lo invade cada vez que habla de su equino.
En el año 2012 a través del censo llevado a cabo por la Alcaldía de Neiva, y con el objetivo de reducir la contaminación y el maltrato de los animales, se identificaron 114 “zorreros” que serían incluidos en el programa de sustitución de estos vehículos de transporte. A la fecha ya hay 33 personas que están disfrutando de sus motocarros, uno de ellos es Héctor.
Escasos recursos
Al llegar a la vivienda en el barrio Las Palmas, en la Comuna 10, tres perros ladran al percatarse de la visita, de inmediato se asoma una mujer, quien le hace saber que alguien llegó. Al ingresar, se observa un cuchitril en el que duerme gran parte de la familia, muñecas tiradas en el suelo, usadas por las hijas en los momentos de ocio. Alrededor, hay un tumulto de tulas ubicadas en uno de los costados de la sala-habitación, en ellas hay ropa que ha sido regalada para vestir a las menores, los recursos son escasos para brindarles el vestuario suficiente.
Héctor, como muchos, tiene una historia que contar. Fue desplazado por la violencia en Caquetá, llegó hace 5 años a la ciudad de Neiva para rehacer su vida y permanecer alejado del conflicto armado de ese departamento. Sin contar con la fortuna de un empleo, con unos cuantos pesos adquirió su caballo que le ayudó a conseguir el alimento para poder sobrevivir.
El 31 de julio de este año ocurrió una tragedia, su casa se quemó, todos los enseres quedaron en cenizas, por fortuna ninguno de ellos murió en este hecho. Poco a poco han ido “cuadrando” el rancho con la colaboración de la comunidad. “Gracias a Dios con la ayuda allegados hemos logrado reconstruir otro ranchito y ahí vamos pegando ladrillos”.
La segunda fase ya va adelantada, aunque faltan algunos muebles, ventanas y el piso para poder concluir con algunas de las obras. Héctor no sabe de construcción pero un familiar poco a poco le ha ido socorriendo para mejorar la infraestructura de la vivienda, las personas caritativas también han sido un factor importante para este hombre que perdió todo lo que tenía.
“Yo sí lo cuidaba”
Al preguntarle por su animal, agacha la cabeza, por unos segundos queda ensimismado y luego con voz entrecortada menciona que fue muy triste haberlo dejado “solo espero que sea tratado dignamente, yo sí lo cuidaba mucho, lo valoraba por eso le daba comida, era un miembro más de la familia”.
De ahora en adelante, Héctor aprovechará el subsidio dado por el Gobierno Municipal, pero admite que el cambio en su rutina es drástico porque el trabajo no va a ser igual al de antes cuando hacia sus viajes en la “zorra” “al carro moto hay que cuidarlo, se cargará menos a diferencia del vehículo que entregué, no nos preocupábamos porque la carreta se dañara, en ella se transportaba escombros, que era lo que más dinero nos daba y ahora no vamos a poder hacerlo, ese fue el compromiso”.
Los trasteos de materiales como arena, cemento y demás, no los volverá a hacer, pero lo que si no podrá olvidar y extrañará cada vez que salga de su casa, es a su equino, por eso conservará la silla de montar, el único objeto que le quedó de su fiel compañero de luchas que lo ayudó a sobrellevar sus desgracias y dificultades económicas.
