martes, 31 de marzo de 2026
Regional/ Creado el: 2015-02-01 05:23

Historia de un ladrón arrepentido

Para “El Profesor” -como es conocido en el mundo del hampa- robar es un arte. Esta es la historia de un huilense que por cosas del destino, pasó de ser un funcionario público exitoso para convertirse en un avezado delincuente internacional. Hoy vive en la miseria.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 01 de 2015

‘El profesor’, (su identidad no la revelamos por seguridad), fue un mito en el Huila y otras regiones de Colombia por ser el líder de bandas de hombres y mujeres, ‘amigas de lo ajeno’, que operaban en Neiva, Cali, Bogotá, Barranquilla, Florencia, Medellín, Santa Martha, Cúcuta y algunas ciudades en el extranjero, lugares que fueron durante muchos años su centro de operación.

Hoy a sus 53 años, con ocho hijos -tres de los cuales están en la cárcel porque le siguieron sus pasos- señala que quiere iniciar una nueva existencia, dejando atrás la vida de lujos que se dio a costa de practicar el hurto en sus diferentes modalidades. Hoy dice que quiere ser una nueva persona y hacer el bien.

 

Su historia

Su nacimiento se registra en el año de 1963 en el municipio de El Doncello, Caquetá, vereda la Tigrera. Es hijo de un campesino amante de la agricultura y de una buena mujer, una ferviente ama de casa.

“Me contaba mi papá que por ese tiempo se registraban enfrentamientos entre los ‘cachiporros y los godos”, época en que mataban familias enteras sin importar nada. A los niños les hacían ‘el corte franela’, lo cogían de los pies y les mochaban la cabeza, fuera Liberal o Conservador”.

Ante esa cruda violencia partidista, la familia del profesor, integrada por su padre, su mamá, un hermano y él, se desplazó a la ciudad de Neiva, inicialmente al norte, al barrio Chapinero y en poco tiempo su padre, como buen Conservador, se relacionó con la dirigencia política de la época y le ayudaron a conseguir trabajo.

“Por la casa paterna pasaron los políticos Álvaro Gómez Hurtado, Hernán Andrade, Misael Pastrana Borrero. Le ayudaron a mi papá para que le saliera un puesto como celador y lo mandaron para los barrios del sur a cuidar el acueducto”.

El Profesor llego a sus 7 años a este populoso sector de la ciudad de Neiva. Su vecindario eran los barrios Santa Isabel, Galán, Sinaí, y Buenos Aires. Recuerda que el día que se instalaron había conmoción en el barrio Santa Isabel debido a que un vecino, el tendero más popular, había asesinado a su esposa. Todo ocurrió frente la vivienda Armando y Fabio Acevedo, dos reconocidos ciclistas.

“La descuartizo, la metió en una olla y la puso a cocinar para darle de comer a sus hijos”.

El endiablado hombre no conforme con el homicidio de su compañera sentimental, se subió a un bus de servicio urbano y con arma blanca le quito la vida a varios de los pasajeros, finalmente fue dado de baja cuando pasaba por el puesto de carabineros.

 

Sus amistades

Destaca cómo a su corta edad sus compañeros de aventuras eran niños que empuñaban cuchillos, armas de fuego, reconocidos atracadores y delincuentes, entre ellos Riquimbombi, Adgarnoi, Patalimpia, Desculapollos, Los Chiribicos y Los Japoneses, entre otros.

“Delincuentes conocidos, peligrosos de esa época que eran tremendos, no les importaba atracar o matar al que fuera en la calle, a diario yo lo veía. En ese ambiente yo crecí”.

Por el momento, gracias al ejemplo y los concejos de su padre, no se contamino de ese ambiente, por su mente no paso integrar alguna de estas padillas, tenía claro que quería ser un profesional y servirle a la sociedad.

En su primaria y secundaria nunca pudo llevar un amigo a su casa, porque decir que vivía en los barrios del sur de Neiva, significaba ser discriminado, además era un peligro.

“Cuando termine mi bachillerato. Mi papá me mandó a estudiar al seminario de Garzón. Duré muy poco, porque me di cuenta que había seminaristas homosexuales y uno de ellos trato de abusar de mí y le pegue… la verdad casi lo mato. Entonces me echaron, porque según los directivos del seminario, no tenía vocación”.

Luego estudió un año derecho en La Universidad Gran Colombia, consiguió novia que lurgo la llevo para su casa, para un Sampedro, la misma que años después la convirtió en su esposa, más sin embargo, su padre le ayudó a conseguir un puesto en la Contraloría Departamental, donde se desempeñó como revisor de documentos, inspector de entidades de beneficencia pública, asesor contable de la auditoria Interna y auditor de un municipio.

“Cuando me envía el contralor a desempeñarme como auditor del municipio de Colombia, Huila, me dice ‘lo mando como auditor para que haga plata’ y esas palabras se me quedaron grabadas en la cabeza. Estando en la Contraloría aprendí el arte del que la hablo, arte que para los políticos es una verraquera… robar”.

Cuenta que al conocer el presupuesto del municipio de Colombia y revisarlo, encontró un rubro destinado a financiar el programa denominado “Vivienda Obrera”.

“En conclusión ese programa nunca se construyó, toda la plata me la comí en compañía del tesorero que existía por esa época. Hacíamos compras ficticias, comprábamos dos veces lo mismo, el almacenista no sabía nada de almacén, al alcalde no sabía ni firmar. Hay aprovechamos nosotros para coger la plata, porque no había ningún sistema de control efectivo”.

Destaca que lo destituyeron de la Contraloría en el año de 1985, no por el robo realizado al presupuesto del municipio de Colombia, obedeció al cambio de contralor que era de tendencia liberal y destituyo a todos los funcionarios que eran del Partido Conservador.

 

En el Concejo de Neiva

En el año de 1990, cuenta que llego al Concejo de la ciudad de Neiva que funcionaba para la época en sexto piso del edificio Pigoanza. “Allí empecé a darme cuenta cómo robaban los concejales porque no tenían sueldo todavía. Había unos auxilios parlamentarios y unas becas que les daban a los estudiantes, hacían firmar el recibido a los rectores y les regalaban diez mil pesos pero en realidad detrás, habían millones que se robaban”.

 

El Profesor era quien iba al banco y cobraba los cheques, les entregaba la parte que le correspondía a cada Concejal. Pasaron seis meses y se registró el cambio de la mesa directiva. Los concejales que sabían que el nuevo presidente iba a pedir su cuota burocrática en la corporación, el funcionario que había que despedir era al profesor.

“Decidieron destituirme para darle el puesto al nuevo presidente del Concejo que era un señor de apellido Mora, los mimos concejales que yo les llevaba la plata que ellos se robaban, uno de apellido Garzón, otro Díaz, entre los que me acuerdo. En retaliación, como decidieron echarme, en esos días les llegaba el auxilio parlamentario y yo decidí robarlos y los robe”.

Recuerda la cifra $17’685.000 que cobro varios cheques, luego se fue para su casa le dijo a su esposa que iban para Cali, pago un expreso y se radico en la capital del Valle.

 

Sus inicio en el hampa

El Profesor nos cuenta que a partir de ese robo, su vida dio un giro de 180 grados porque es cuando inicia relaciones con reconocidos delincuentes, aprendiendo las diferentes modalidades de hurto. Se trasladó a Bogotá en donde se encontró con Cuchara, un especialista en robar bancos mediante la modalidad de los “Piques”- distraer al gerente, o usuario de la entidad bancaria, para hurtarles dinero.

“Mi función era sacar al gerente de la oficina para que Cuchara se llevara la plata que estaba sobre el escritorio. En menos de cinco minutos ocurrió todo y nos alzamos con doce millones de pesos, que nos los repartimos, era plata fácil”.

Aprendió diferentes modalidades como: El taquillazo, consistente en distraer al cajero y por encima de la taquilla quitarle la plata. Utilizaban el pedo químico, para hacer que el funcionario se retirara y proceder al hurto.

El control, que consistía en hacerse pasar por el gerente del banco, utilizando a un parista- integrante de banda que entregaba un sobre de manila que envolvía a dos choco ramos, y luego otras personas para evitar la fila hacían lo mismo y resultaban robadas.

“La Mecha”, que es entrar a un almacén y sacar ropa o mercancías, entre piernas o utilizando la guagua, (una caja envuelta en papel regalo y aluminio para que no se activen las alarmas de la mercancía al salir del almacén).

“También la mecha son unas medias ortopédicas en cada una caben cuatro pantalones bien doblados en cada pierna”.

No podía faltar el cosquilleo o, el escape que es sacarle billeteras u objetos de valor a las personas sin se dé cuenta.

“En esta modalidad la clave es la agilidad, y el tacto para hurtar, aprendí ‘el repro’, que es reproducirle plata, es decir, de un billete de cincuenta le sacan dos; la estafa, el paquete chileno, la losa, el cajoneo, y el fleteo pero no me gusto porque había que usar armas de fuego”.

 

El profesor

Llego a ser jefe de bandas en diferentes ciudades del país, su alias ‘El Profesor’ no lo lleva en vano, porque planeaba cada golpe milimétricamente de tal manera que ninguno de los integrantes del grupo delictivo se fuera a caer.

“Yo era el que armaba la película y así la hacíamos, fueron contadas las ocasiones que alguien se cayó”.

Operando en Bogotá conoció a integrantes de la banda de Los Internacionales que viajan por el mundo en busca de sus víctimas, estuvo con ellos en México, los EE.UU. le enseñaron una modalidad de hurto que le llaman el pinchazo.

“Ubicarse frente a un banco para estar pendiente quien salía con una bolsa llena de plata, utilizábamos una aguja para pinchar una de llantas del carro antes que la persona saliera de la entidad bancaria. Cuando salía con el dinero a la cuadra, lo alcanzábamos y le decíamos que la llanta esta pinchada la persona se bajaba entonces aprovechábamos para sacar el bolso con la plata. Esta modalidad se utiliza muy poco en Colombia, se hace es en otros países”.

 

Estuvo en la cárcel

Luego hurtar un vehículo, quien lo acompañó en ese robo lo delato ante las autoridades. Seis años después fue capturado en Yopal, Casanare, en un hotel, en desarrollo de control de verificación de antecedentes. Aparecía una condena como reo ausente en un Juzgado de Popayán, tuvo que purgar una pena de seis años, tiempo durante el cual casi perdió el contacto con su familia.

“Al caer en la cárcel, mis hijos observaron que su mamá se había quedado sin el respaldo mío, siguieron el mismo camino y llegaron a ser inclusive más avanzados que yo, por ejemplo mi hijo mayor se la pasa en Europa y México, llegando a ser reconocido como profesional del hurto y lo digo con pena, porque se me salieron de las manos, se metieron en este cuento, y no es un orgullo para mi saber en el mundo que andan, sin poderles reprochar nada”.

El Profesor y su familia, integrada por su esposa y 8 hijos, vivieron por más de 30 años del hurto como única opción para conseguir su sustento y darse vidas de lujo, vistiendo, comiendo muy bien, y viviendo en excelentes sectores residenciales.

Lamenta como la peor decisión de su vida fue incluir a los suyos en sus andanzas ilegales. Hoy su esposa es catalogada como una de las mejores mecheras de país, uno de sus hijos es un experto cajonero (delito que consiste en distraer a la persona que está a cargo de la caja registradora y otro llega y sustrae el dinero producto de las ventas).

“Como él era un niño entraba y sacaba la plata, yo no creía que iba a llevar a mis hijos esta profesión que realmente es una perdición por el error mío”.

Hoy 3 de sus 8 hijos están purgando penas por los delitos de hurto en las cárceles de Jamundí, Palmira y Medellín, señala como a ellos sí les gusto el uso de la violencia para despojar a sus víctimas de las pertenecías.

“Se entraban a las casas y ponía de quietas a las personas para llevarse el botín que había, cajas fuertes, siempre hacían esto en casas de ricachones. Aprendieron lo que el papá sabia porque no tenían nada más que hacer”.

Haciendo una retrospección de su vida,   quiere dejar el hurto y convertirse en una persona de bien, señala como culpable de su desgracia a la misma sociedad que lo corrompió estando trabajando con el mismo gobierno y con políticos.

“La vida de El Profesor esta vacilante. La mucha plata que me gané la despilfarré, hoy no tengo ni para la comida o para el arriendo. Pero a mis 53 años quiero enderezar el camino, aunque sé que no será difícil porque nadie me cree. Quiero ir para adelante… porque para atrás asustan”.