En 20 años o menos el río Las Ceibas sería insuficiente para los neivanos
Si hoy la situación del río Las Ceibas es crítica por su bajo caudal, en 20 años o menos sus aguas serían insuficientes para abastecer el sistema de acueducto para todos los habitantes de Neiva. Con el crecimiento poblacional, la demanda de servicios públicos también aumenta.
En el año 2035 o antes de esa fecha, Neiva se tendría que abastecer de agua para el consumo humano del río Magdalena o de otra fuente alterna ya que el caudal del río Las Ceibas, única fuente de la que hoy se nutre, sería insuficiente en 20 años o menos para la totalidad de sus residentes, según proyecciones de crecimiento poblacional realizadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas –DANE.
Según la Alcaldía la ciudad cuenta con cerca de 400 mil habitantes. En sus proyecciones el DANE indica que 387 mil.
Las Empresas Públicas de Neiva tiene a su cargo el manejo del acueducto al que según datos del Sistema Único de Información de Servicios Públicos –SUI–, se a diciembre de 2012 encontraban registrados aproximadamente 85 mil usuarios, entre hogares, empresas comerciales, de servicios, oficiales e industriales.
“De un caudal medio de 4.7 metros cúbicos por segundo que en épocas de sequía baja a 3.5 metros cúbicos, la ciudad demanda en la actualidad 1.7 metros cúbicos. Si sumamos la demanda agrícola subiría a cerca de dos metros cúbicos por segundo” afirma el director de la CAM, Carlos Cuéllar Medina, para quien esos dos metros cúbicos que hoy se toma Neiva deberían ser el caudal en el 2060, cuando la población proyectada por el DANE se aproximaría a los 630 mil habitantes.
“Esta demanda hace que tengamos unos escenarios de alto déficit hídrico y alto riesgo por abastecimiento” dijo, agregando que hay que tener en cuenta que al río le debe quedar un caudal del once por ciento, es decir 1.3 metros cúbicos en el cauce para que tenga vida, “por lo cual debemos analizar el nivel de impacto del uso que hoy le damos a la cuenca y la oferta para el consumo humano”.
Debido a esta crítica situación de la cuenca, cuya longitud de cauce es de 63 kilómetros desde su nacimiento en la Cordillera Oriental hasta su desembocadura en el río Magdalena, el debate por una posible exploración de petróleo en parte de su área se ha concentrado en el análisis técnico de estos y otros factores ambientales que determinan la gravedad de las afectaciones.
Dicho análisis sustentaría parte de los inconvenientes que acarrearía una nueva intervención por acción de la minería extractiva en su área, dado que desde hace diez años existe un campo petrolero en producción llamado Río Ceibas, aguas abajo de la bocatoma El Guayabo, a 11 kilómetros de Neiva, operado hasta el 2011 por Petrobrás (Braspetro) y en los últimos tres años por Ecopetrol al revertir su concesión.
Pérdida
“Al bajo caudal se suma una pérdida del 53 por ciento de agua en tubería por daños y deterioro de la misma”, según el funcionario. “Debido a esa pérdida estamos consumiendo el doble de lo que deberíamos consumir hoy”, informó hacia ocho días en reunión de socialización de la situación de la cuenca ante afiliados a la Federación de Lonjas de Propiedad Raíz –Fedelonjas–, en Neiva.
Proyecciones y fuente alterna
Sobre el crecimiento poblacional y la demanda de servicios, a comienzos de este mes, el alcalde Pedro Hernán Suárez informó a la opinión pública nacional en debate en plenaria en el Congreso de la República, que de acuerdo con un estudio preliminar realizado en 2006 con un crecimiento de la población con datos suministrados por el DANE, la cuenca del río Las Ceibas sería suficiente y abastecería la ciudad hasta el año 2035, pero según sus propios criterios, el crecimiento de Neiva no coincide hoy con el planteado por el DANE, razón por la cual se requieren acciones urgentes para garantizar su desarrollo.
“Hoy Neiva es la ciudad capital de departamento con mayor crecimiento en materia de vivienda de interés social. Somos per cápita la ciudad que más vivienda de interés social está construyendo y eso requiere un esfuerzo enorme en materia de servicios públicos, dentro del cual está incluido el agua”, dijo.
Por lo anterior, explicó, es necesario definir una fuente alterna y para ello anunció que su administración dispone de una partida de 500 millones de pesos con destino a la contratación de un estudio que permita establecer cuál de las alternativas identificadas hasta ahora sería la más viable: la desviación de la cuenca del río Las Ceibas desde el río Fortalecillas, la conducción desde el río Baché, la perforación de pozos profundos, la conducción desde el embalse de Betania, la desviación de la quebrada Balsillas hacia el río Las Ceibas o el bombeo desde el río Magdalena. A su manera de ver “muy posiblemente” sería esta última.
Aun cuando en su intervención no mencionó el acuífero subterráneo que se extiende desde el municipio de Baraya hasta Hobo, referenciado recientemente, este también podría ser tenido en cuenta. “La CAM dispone de estudios sobre el”, informó en el Congreso el senador Hernán Andrade.
Según Cuéllar Medina, dicho acuífero representa seis metros cúbicos por segundo. “Es otro río Ceibas subterráneo” dijo, al dar a conocer que la concesión de esta clase de aguas se encuentra muy limitada en Colombia por norma. “La prioridad es dar uso a las aguas superficiales. Los acuíferos deben ser preservados. Son una reserva de extrema protección”, afirmó mientras recordaba que México abastece el 80 por ciento de su población con aguas subterráneas.
Desarrollo
Al término de su exposición sobre la preocupación que le asiste por el desarrollo de la ciudad, el alcalde Suárez planteó esta reflexión ante el país entero: Si hoy el municipio de Neiva se queda sin el abastecimiento de la cuenca del río Las Ceibas su desarrollo sería inviable desde el punto de vista urbanístico, “ya que no tenemos un plan de contingencia alternativo”.
De ahí la consigna “agua sí, petróleo no”, a la que hacen eco miles de ciudadanos desde el 10 de abril pasado, día en que se cumplió la marcha multitudinaria en Neiva en defensa de esta importante cuenca hidrográfica.
Por: Marta Eugenia Lòpez
