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Regional/ Creado el: 2016-02-18 09:00

El tesoro que guarda el primer museo de antigüedades y numismática del Huila

Hace veintisiete años, Jesús Rodrigo González Arciniegas, comenzó a coleccionar antigüedades y a profundizar en el arte de la numismática, que hace alusión al estudio y conocimiento de la colección de monedas y billetes de países. Hoy, con su invaluable tesoro, materializó el sueño de constituir el primer museo de antigüedades y numismática en el Huila, ubicado en el centro poblado de La Ulloa, en Rivera.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 18 de 2016

“Escopeta Remington Calibre 12, año 1950”, “Trabuco de bola, año 1416” (utilizado por los españoles), “tanque para inodoro en hierro; perteneció a los abuelos paternos del fallecido doctor Rodrigo Lara Bonilla”. El lugar tiene decenas de estas leyendas que acompañan cada una de las antigüedades que guarda el Museo de antigüedades y numismática, ubicado en el centro poblado de La Ulloa, en Rivera, y que hoy se convierte en el primero de este tipo en el Huila. Hay viejas planchas, escopetas, despulpadoras de café, rifles, sables chinos, cámaras fotográficas, máquinas de escribir, registradoras, tocadiscos, entre otros objetos que adornan los estantes, mesas y paredes del lugar.

Jesús Rodrigo González Arciniegas, el creador del lugar, se ideó el museo cuando en las entrañas de su vivienda ubicada en la Comuna Diez de Neiva, los visitantes lo abordaban y, sorprendidos por la cantidad de piezas alojadas, le insinuaban también el valor que representaban. Él mismo, siendo líder comunitario de esa zona de la capital huilense, cuenta que estableció vínculos con algunos personajes políticos como el ex alcalde Pedro Hernán Suárez y el ex mandatario huilense Carlos Mauricio Iriarte Barrios, quienes al llegar a su residencia le sugerían aprovechar el potencial de la obra y sacarle un provecho educativo e histórico.

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De esta forma, Jesús Rodrigo emprendió la búsqueda de un lugar donde instalar el museo. Acudió a las autoridades de cultura de Neiva, pero sus gestiones corrieron con poca suerte. “Me ofrecieron un espacio en el parque andino pero de manera temporal y sin garantías de seguridad, pues el espacio siempre ha sido inseguro”, manifiesta. A La Ulloa, llegó por el potencial turístico del municipio de Rivera. “Esto entre semana vive casi siempre solo, pero los fines de semana llega mucho turista, porque los paisajes de esta zona son muy agradables”, expresa.

 

Veintisiete años de colección

Un monta llantas ubicado en la Comuna Diez, inició siendo la primera fuente de ingresos de Jesús Rodrigo y su familia, la cual está conformada por su esposa y dos hijas de 21 y 16 años de edad. El origen de la primera máquina de escribir que obtuvo, parte de ese lugar, cuando un hombre llegó y terminó por vendérsela. Por eso, dice que cada reliquia la adquirió buscándola, “llegando hasta ellas cuando me daba cuenta qué era lo que me faltaba. A veces me quedaba sin lo de la comida por ir en busca de las piezas y comprarlas”. Pero a medida que Jesús Rodrigo adquiría una, quería seguir obteniendo más modelos y completando sus preciadas colecciones.

Su orgullo lo exhibe dichoso. Son cerca de cien billetes entre colombianos y de otros países que penden de un estante, a través de un plástico que protege cada ejemplar. Israel, China, Kazajstán, Argentina, Perú, Chile, Venezuela, Brasil, Uruguay, entre otros, figuran en las denominaciones. Señala el billete de medio peso colombiano, la primera denominación que elaboró el Banco de la República en 1948. “Lo que me gustaría es que los colegios vengan al museo y los estudiantes conozcan la evolución de las denominaciones y sepan y conozcan cómo eran los billetes antes”, expresa Jesús Rodrigo.

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El lugar que es hoy un museo y por el que Jesús paga cerca de un millón de pesos de arriendo, tiene indicios de haber sido un billar o algún bailadero. En el techo penden diferentes tipos de lámparas, con múltiples formas y tamaños. Jesús dice que el valor de cada una de ellas radica en la calidad del vidrio. “Esta es especial, era de las que se utilizaban en las iglesias. Alguna vez una persona me dijo que el valor de esta lámpara era inigualable, pues el vidrio ya no se consigue ni se produce en ningún lado”.

En su recorrido, Jesús expone más objetos. Máquinas de coser que datan de los siglos XIX y XX, fogones a querosene, de mecha a petróleo tipo estufa y reverbero a gasolina. Exhibe también el escudo de guerra indonesio y los sables de la república China que datan del siglo XVIII y XIX, con los que los soldados de ese país se defendían.

“Este es un casco de los soldados alemanes que se usaban durante la segunda guerra mundial”, señala Jesús González un casco mediano de color verde oscuro que se sostiene de un pendiente en la pared. En otro puesto, un fonógrafo guarda la leyenda: “Vitrola fonógrafo de la Víctor II, año 1930”.

En otro punto del museo, yace en el suelo un inodoro en hierro, el cual perteneció a los abuelos paternos del fallecido Rodrigo Lara Bonilla, padre del actual alcalde de Neiva, Rodrigo Lara Sánchez. “Este objeto me lo vendió una señora que vive en el Altico en Neiva y me comentó la historia de esto, pues lo sacaron de la casa de los abuelos paternos del doctor Rodrigo”, dice Jesús. Más adelante, está un carriel arriero y una ruana de lana que de acuerdo con Jesús, fecha de la década de los 40.

Sin duda el lugar exhibe no solo pequeños trozos de historia de Colombia y otros países, sino también hábitos y costumbres de otras épocas. Un estante deja ver, por ejemplo, las planchas de las que hacían uso las mujeres hace más de 150 años. Jesús toma una de ellas y dice, entre risas, que está pesada y “que si se quiere entrenar a una mujer en esta labor, se debería empezar por una de estas”. 

En otro estante se observa una colección de estribos, de los cuales no tiene presente la fecha. Son dorados y plateados. “Estos los usaban los jinetes; tienen aproximadamente unos cien años”, dice Jesús Rodrigo; luego va a otro estante y exhibe viejas cuchillas de afeitar, máquinas para pintar autos y una serie de elementos que otrora fueron destinados para fumigar el ganado.

Siguiendo el recorrido, está el tramo de los tocadiscos. Seis de estos componen la colección del museo. Hay grandes, medianos y pequeños. Sobre los tocadiscos, están los acetatos o LP donde se consignaban los grandes éxitos de la época. Jesús dice que existen aquellos que datan de los años sesenta, setenta y ochenta y que en su momento, fueron la sensación para el disfrute musical. Muestra, orgulloso, la portada de uno de los primeros discos de Diomedez Díaz donde

 

Un pequeño susto

Pese a que Jesús tiene en custodia algunos objetos como los rifles, escopetas y armas, principalmente, narró un momento, quizás el primer susto desde que el pasado 12 de febrero el museo abriera sus puertas a la población. “Aquí llegó el comandante del municipio de Rivera y llegó de improviso. Yo lo vi y de inmediato pensé que a lo mejor me iban a confiscar las armas o a decirme que estaba incurriendo en el delito de porte de armas o algo parecido”, dice sonriendo.

Pero lo que Jesús pensó que era algún llamado de atención, terminó siendo una felicitación por su quijotesco proyecto. “El comandante de Rivera me felicitó, me dijo que esto era una gran labor y que siguiera con esta causa que este lugar era magnífico. A él le agradezco por su confianza”.

Jesús Rodrigo dice que espera que el museo sea reconocido en el ámbito académico, principalmente, para que se convierta en una invaluable fuente de conocimiento para las generaciones que buscan entender las costumbres y hábitos de los antepasados, no solo del Huila y Colombia, sino de otros países del mundo. También, aseguró que quiere seguir afianzándolo y nutriéndolo de nuevos objetos.  

“Con este museo también espero una ayuda de las autoridades locales para que vean el potencial de este lugar y poder instalarlo en Neiva. Las personas pueden venir a La Ulloa, como también los colegios que quieran venir pueden establecer contacto conmigo y conocer de primera mano esta historia”, dice, confiando en la historia que su tesoro guarda y la curiosidad de los huilenses por conocerla.

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