El hombre que lleva 13 años sin bañarse
En una humilde vivienda del barrio Villa Colombia de la ciudad de Neiva viven dos abuelos; uno con baja visión y una gran atadura que no lo deja tocar el agua; y el otro en situación de discapacidad, acompañados de un adulto que sería el bastón de la vejez de estas dos personas.
En medio de una calle sin pavimentar y en una casa de bahareque, sin alcantarillado ni cocina, viven Eupiano Mosquera, de 83 años, quien se encuentra atado a lo que el óxido ha dejado de una silla de ruedas; Alfonso Andrade, de 80 años, con un nivel muy bajo de visión, y Javier Vicente Lemus de 50 años, quien manifiesta tener como misión en este mundo cuidar a estas dos personas.
Una verdadera muestra de abandono y soledad son estos dos abuelos de quienes sus familiares se han olvidado por completo. Sin embargo, como una “bendición” llegó como inquilino Javier, quien desde hace siete meses acompaña, cuida y sustenta a sus “hijos”, como él los llama.
“Yo, muchas veces no entiendo cómo llegué acá, siempre me causó curiosidad porque don Alfonso andaba solito, viendo la discapacidad que posee, todos sabíamos en qué condiciones vivían. Un día le dije que me arrendara un campito acá en la casa, me traje mis cosas y desde entonces, los cuido como dos niños pequeños”.
Un accidente los dejó en silla de ruedas
Cuando Eupiano pensaba que aún sus piernas le daban para muchos años más de vida y se sentía vigoroso y alentado, un carro le arrebató esa posibilidad de valerse por sí mismo dejándolo en silla de ruedas y dependiendo de otros para poder vivir.
“En el año 2003 cuando iba para Surabastos en mi bicicleta, un señor en el carro me atropelló, me llevó al hospital y me dejó allá tirado, se robó la cicla, supuestamente pagó $4.000.000 millones de pesos por mi tratamiento y nunca más volví a saber de él”, relata entre dientes el anciano.
Es así como este abuelo recuerda todo lo que ocurrió antes de su accidente, años en los que no se imaginaba que terminaría en las condiciones en las que hoy se encuentra. “Ya había logrado comprar un lote, como yo era constructor hice una casita y ahí vivía sólo, con Alonso, somos amigos desde hace 10 años y nunca me imaginé que fuera a terminar mis días acá con él”.
Simplemente “como tres almas gemelas” viven estas personas que aunque en una situación precaria, agradecen todos los días por tener dónde vivir, porque nadie los va a sacar de ahí y porque, bien o mal, en algún momento les llega la comida.
Los cuida como a unos bebés
Javier, quien trabaja como electricista ofreciendo sus servicios puerta a puerta, es el que concina, si al hecho de calentar el agua con un calentador “de esos que utilizan en las peluquerías” se le puede llamar cocinar; les bota las necesidades a los dos ancianos, “yo los pongo a hacer en una bacinilla y cuando salgo a trabajar los boto en el monte”, y hasta asea, “a Eupiano lo convenzo cada tres días de que se bañe, pongo la manguera, lo siento en la silla y lo baño, después me toca arroparlo porque le da escalofríos”.
“Con Alfonso me toca estar muy pendiente porque la vida de él es el cigarrillo y el café, entonces, cuando hay mercado, él lo cambia en la tienda por esas dos cosas, él es un niño en cuerpo de hombre”, cuenta Javier.
Sin embargo, este no es el único bondadoso, pues al ver la situación de los dos ancianos, a Ana Díaz también se le mueve el corazón, “yo vivo a tres casas de ellos y cuando tengo, pobremente le traigo almuerzo a don Eupiano porque me da mucho pesar la situación en la que él se encuentra y como yo sí tengo cocineta, puedo hacer algo mejor que lo que Javier les da”.
“Por un lado, está pagando lo que hizo antes”
Como un acto de justicia divina, asegura Javier que se puede denominar la situación en la que hoy vive Alfonso, su familia lo olvidó, perdió gran parte de la visión y ahora depende de la misericordia de sus vecinos, pero todo esto “porque fue mal hijo, mechoneaba a la mamá, el vicio del cigarrillo lo botó al abandono y ahora él sólo piensa en poder fumar, no en alimentarse”.
Otra cosa que la persona que los acompaña no entiende es por qué Alfonso hace 13 años no se baña, motivo por el cual su apariencia es decadente, “nunca lo he podido convencer de bañarse, cuando le toco el tema se convierte, se pone agresivo, no entiendo por qué actúa así, cuando llueve no le gusta salir, es como si le tuviera miedo al agua, no sé qué pasa”, explica.
Sobreviven con $4.000 pesos diarios
Según relata Javier, él se levanta todos los días, les hace tinto, compran pan y ese es el desayuno, antes de salir a trabajar le deja en el bolsillo a Alfonso $4.000 pesos que él ya sabe para qué son: dos bolsas de vísceras, libra y media de papa, media libra de arroz, un tomate de $200 pesos y un tallo de cebolla de $200, ese es el menú de todos los días, “y no le quedan vueltas”, entre risas, revela Alfonso.
Es acá donde muy seguramente todos piensan que qué ha pasado con las ayudas que brinda el gobierno para los adultos de la tercera edad y esta es la peor parte de la historia, pues Alfonso no ha podido recibir ninguna ayuda por no tener cédula (la cual perdió hace más de 1 año) y Eupiano, por no poder salir de su casa y hacer las debidas diligencias.
En cuanto al servicio de salud, ambos tienen; sin embargo, nunca lo utilizan porque no se pueden dirigir hasta las instalaciones de la EPS Comfamiliar, “yo he sido alentado, casi no me enfermo, sin embargo, hace 5 años no saco una cita médica, motivo por el cual me dijeron que me iban a retirar del seguro, pero ¿cómo voy a ir yo a sacar una cita?, ¿quién me va a sacar de esta casa, llevarme y traerme?, yo no puedo y nadie viene hasta acá a verificar si a mí me pasa algo, si estoy alentado o no”, asegura Mosquera.
Luego de una campaña que dirigió la Personería de Neiva, cuando descubrieron la manera cómo vivían estas tres personas, ayer se les hizo una visita con el fin de hacerles entrega de un mercado para que estos abuelos se alimenten mejor, además de levantar un acta haciendo constar que aunque han hecho el llamado a las Secretarías de salud, Desarrollo económico y la Defensoría del pueblo, no se hicieron presentes.
