El Gigante en sus 234 años de refundación
Un homenaje a su Ceiba símbolo de la Independencia Republicana.
La historia de la siembra del árbol como símbolo de la libertad nace en la Francia Revolucionaria. El árbol desde la revolución francesa representa la libertad de los pueblos. Allí el árbol significa el adiós a un viejo mundo y el nacimiento de otro nuevo.
Por Humberto Montealegre Sánchez - Historiador
humonsa@hotmail.com
La independencia del yugo español tuvo como uno de sus símbolos el árbol de la libertad, por ello se sembraron árboles en las plazas públicas de los pueblos, villas y ciudades. La majestuosa ceiba giganteña es un fiel ícono de la libertad republicana.
La Gazeta Ministerial de Cundinamarca de mayo 20 de 1813 en alusión al Árbol de la Libertad, hace la siguiente proclama: “Los habitantes de Cundinamarca que siempre han detestado la tiranía y el despotismo, y que fueron los primeros en sacudir el pasado yugo que habían llevado por más de tres siglos, no habían tenido hasta ahora la satisfacción de haber levantado el Árbol (…). Hoy tienen el placer de ver plantado en su suelo el Árbol en que se simboliza la libertad, (…)”.
El Gigante pueblo de próceres de la independencia
El Gigante en los procesos de independencia es considerado uno de los pueblos de la entonces Provincia de Neiva, que contribuyera a la libertad republicana. Familias giganteñas como los Montalvo y Cuervo, entre otras, educaban sus hijos en Santafé, algunos de ellos terminaron vinculados a los movimientos y ejércitos de la causa independentista. Entre estos jóvenes sobresalieron los próceres José Miguel Montalvo, José Rafael Cuervo y Juan Agustín Gerardino, quienes finalmente hicieron parte de las tropas de Antonio Nariño. Montalvo hace parte de los mártires que entregaron la vida por ese precioso valor de la libertad.Representó notorio papel el 20 de julio de 1810 en Santafé con Acevedo y Gómez. Junto a Nariño firmó el acta de independencia del Estado de Cundinamarca el 19 de Julio de 1813. Combatió hasta 1816 en las acciones de Palacé, Calibío, Juanambú, Tasines, Cebollas y Ejidos Pasto. En el combate de Nóvita, fue puesto prisionero por las fuerzas realistas. El 29 de octubre de 1816 en la plaza de San Francisco de Santafé fue fusilado en compañía de Caldas. Las autoridades civiles y la sociedad de El Gigante y del Huila aún le deben un reconocimiento a estos héroes, especialmente a Cuervo y Gerardino, cuando sus nombres ni siquiera han sido tenidos en cuenta en representación alguna.
El Árbol como símbolo de la libertad
La historia de la siembra del árbol como símbolo de la libertad nace en la Francia Revolucionaria. El árbol desde la revolución francesa representa la libertad de los pueblos. Allí el árbol significa el adiós a un viejo mundo y el nacimiento de otro nuevo. Tras el movimiento de la independencia en la Nueva Granada de 1810, Antonio Nariño recoge entonces las banderas de la revolución francesa, retomando el símbolo del “Árbol de la Libertad”, a partir de la traducción y divulgación de los derechos humanos.
El 29 de abril, Nariño en la plaza mayor de Santafé sembró un arrayán. Entre los poemas que adornaban y otorgaban significado al acto del Árbol, Manuel del Socorro Rodríguez, poetizó de la siguiente manera: “No al vil libertinaje bruto y fiero / Se dedica esta fiesta deliciosa/ sino a la dulce Libertad amable/”. Con la siembra del Árbol se iniciaban las celebraciones cívicas, las fiestas políticas y las afirmaciones públicas de la libertad. Después de las fiestas de Santafé, la siembra del árbol se extendió por las poblaciones de la provincia de Tunja y el Estado de Cundinamarca. Ahora, por asistir a las fiestas, por ocupar un papel destacado en ellas, muchos fueron perseguidos durante la reconquista hispánica. Al franciscano Sebastián Mora se le acusó de “haber plantado con sus manos el árbol de la libertad”. Al presbítero Ignacio Losada se echó en cara haber recorrido las poblaciones de Guasca, Guatavita, Zipaquirá, Ubaté, Fúquene, Chiquinquirá y Saboyá predicando sermones cívicos y plantando en sus plazas los reprobables árboles.
Neiva para esta época también hacia parte del Estado de Cundinamarca. En efecto, en esta provincia también se fue sembrado el árbol, especialmente por clérigos amantes de la independencia republicana. En La Plata, el padre Inocencio Valencia y Vivas siembra a finales de 1813 en el centro de la plaza el árbol de la libertad, una ceiba, suplantada en 1901. El Gigante para la época era uno de los mayores asentamientos de criollos y españoles de la provincia, con reconocidos próceres que luchaban en los movimientos independentistas. En medio de ese fervor por la independencia republicana, muy probablemente, el vecindario tomó la decisión liderada por su párroco Pedro Joseph María de la Borda y Polanco de plantar la ceiba de la libertad hacia finales de 1813, tal como venía sucediendo en Santafé y, poblados, villas y ciudades de la nueva república, donde los curas tuvieron su protagonismo en la siembra de los árboles. Pedro Joseph María era el líder político más importante de las parroquias de la zona centro y por consiguiente de El Gigante, en tanto que había liderado el cabildo abierto de la villa de Timaná en Garzón, cuando en 1810 se aprobara la Constitución de esta villa y haber sido nombrado presidente del colegio electoral de la provincia de Neiva. Ahora, por abducción, es de pensar que la persona más indicada e interesada en sembrar el árbol, por su vocación independentista y tener de antejardín la plaza pública, lo era el mismo clérigo.
No hay que olvidar que Nariño en su trayecto de la “Campaña del Sur”, tendiente a reconquistar a Popayán y pretender someter a la realista Pasto, hizo arribo a La Plata el 27 de octubre de 1813, manteniendo su cuartel general hasta el 22 de diciembre del mismo año en dicha ciudad, en cuyas filas se encontraban los giganteños Montalvo, Cuervo y Gerardino. En su recorrido y estadía en La Plata (cerca de dos meses), se infiere que delegaciones de las parroquias circunvecinas hicieron presencia en esta ciudad para brindar apoyo a su ejército. En el listado de las delegaciones visitantes debieron estar representantes de la parroquia de El Gigante, liderada por el párroco de la Borda y Polanco, amante de la libertad republicana y oriundo de La Plata, acompañado del vecindario, en especial de los familiares de los próceres que hacían parte de las fuerzas patriotas. El apoyo del clérigo de la Borda y Polanco al ejército republicano le llevó a ser llamado con justicia “Poderoso auxiliar de los patriotas”.
La Ceiba símbolo de la independencia republicana
Estos acontecimientos sugieren cómo la Ceiba de El Gigante, es un fiel documento y monumento que simboliza la independencia republicana, versión que contrasta el relato oficial que relaciona su siembra con la “abolición de la esclavitud”. Está demostrado como la siembra del árbol no fue tema de 1851. De ahí, que no sea comprensible ni explicable, según la historia oficial, que siendo Feliz María Borrero uno de los mayores esclavistas de El Gigante a mediados del siglo XIX, lo señale José Manuel Silva Gutiérrez, como quien “organizara en El Gigante una fiesta para conmemorar la libertad de los esclavos en 1851 y entre los números del programa estuviera sembrar un árbol en la plaza principal”. Borrero, seis meses antes de sancionarse la ley de la libertad de los esclavos (Ley del 21 de mayo de 1851), es decir, el 29 de noviembre de 1850 mantenía aun 3 esclavos adultos (Juan Ma., Eulalia, Evaristo y 4 infantes, (Jerónima, Simón, Bonifacio y Francisco),sin que ni siquiera diera cumplimiento a los decretos de manumisión.
Abel Díaz Manrique en el documento “Mi Autobiografía, Habla La Ceiba de la Libertad”, señala queel general José Hilario López estando en casa de Félix Borrero en El Gigante, recibió informes de Bogotá, notificándole la designación de Presidente de la República. (…) Allí doña Antoñita Montalvo le pidió al general López la libertad de los esclavos. Un mes más tarde en la ciudad de Bogotá se sellaba la libertad de los esclavos (…). El general López inició su periodo presidencial el primero de abril de 1849y la Ley que sancionó la libertad definitiva de la esclavitud fue el 21 de mayo de 1851. Este relato de Díaz Manrique presenta serias inconsistencias en lo temporal, por cuanto la mencionada Ley, no fue sancionada “al mes de llegar el general a la presidencia”, versión que sin lugar a dudas, está falseando fechas de hitos de la nación, en tanto, riñe con el pasado histórico. Así mismo, los Montalvo por tradición eran esclavistas. En el censo de esclavos en El Gigante a diciembre 24 de 1844 se registra a “Cándida Montalvo, esclava de primera clase de 28 años de edad”. En una sociedad, en la que los grupos sociales de la plebe eran tan rotulados y despreciados por la nobleza, cuyas relaciones eran de explotación y sometimiento como sucedía con los esclavos, estaba entonces, doña Antoñita a favor de la abolición de la esclavitud, en su rol de esclavistas y cuando en este caso, tenía que velar por el cuidado de sus diez hijos. Crianza que muy probablemente no era fácil, sin el acompañamiento de la servidumbre.
Estos referentes de la“historia oficial” no tienen soporte documental alguno, siendo más bien producto de la imaginación y fantasía. La fuente documental más antigua se registra en 1856. El periódico oficial de El Alto Magdalena en el informe de la “VISITA” que hiciera el 20 de junio de 1856 a la cabecera de la localidad de El Gigante, José María Rojas Garrido, gobernador de la provincia de Neiva, describe la plaza “como espaciosa y limpia, teniendo en la mitad un ceibo”. Esta lectura sugiere un árbol de una buena contextura, es decir que debió ser replantado décadas anteriores a 1851. Ahora de haber sido replantada en 1851, Rojas Garrido, se hubiera referido en su descripción a un “arbolito, ceibito o ceibita” y no a un ceibo. Especie que en su primer lustro, por su lento crecimiento, no alcanzaba, probablemente los tres metros de altura y un grosor en su tallo de 10 centímetros. Ceiba supuestamente de cinco años, equidistante en la cuadricula y, mirada en 1856 desde cualquier costado o distancia, muy seguramente quedaba perdida para ser descrita como un ceibo. Esta es un prueba reina soportada en fuentes documentales que infiere que la ceiba no es definitivamente resembrada en 1851 y mucho menos “símbolo de la libertad de los esclavos”, como lo pregona el refrito del periódico la Nación en su edición del 17 de septiembre, al desinformar a la opinión pública.
Lo cierto es que las ceibas venían siendo resembradas desde los primeros decenios del siglo XIX en las plazas públicas. Nariño, en 1820, estando por cuarta vez en prisión, en las cárceles de Cádiz, España, añoraba aquellos espacios, cuyos árboles se esparcían en las plazas públicas, así lo daba a conocer en carta a Francisco Antonio Zea: “Cuánto diera porque a la sombra de un ceibo o un aliso garláramos quince dias seguidos sobre las cosas de la pátria, economía, política y constitución (...)”.
La Ceiba hoy por hoy, se ha convertido en un objeto cultural histórico como signo y símbolo, en tanto significa la igualdad e independencia de las naciones y simboliza la libertad del hombre y de los pueblos de la tiranía colonial. Árbol que también refleja y evoca la revolución francesa. Cuanto dieran los franceses por tener esta simbología viva en la plaza de la república de Paris.
La ceiba se merece un gran homenaje en la etapa final de su existencia
La Ceiba después de dos siglos de existencia reviste mayor relevancia que la estatua misma de la libertad de New York, por ello, cuando aún estamos celebrando el bicentenario de la independencia republicana (1810–1819), que importante hacerle un merecido homenaje, de ahí la invitación a las autoridades municipales, departamentales y nacionales para que aunando esfuerzos, se enaltezca este ícono libertario y se gestionen recursos para proyectos de impacto económico, social, cultural y turístico en el territorio giganteño, no sin antes continuar con su tratamiento iniciado en 1989 por la Federación Nacional de Cafeteros, interrumpido por un largo periodo y reiniciado por la administración municipal en el 2002 y 2014.
Ceiba convertida en patrimonio de la nación ha dado lecciones de vida, libertad y convivencia del hombre con la naturaleza y la sociedad, nos llama a reconciliarnos como hermanos en esa paz que tanto anhelamos los colombianos.
