El asentamiento Monterrey toma agua de aljibe
“Yo construí el aljibe por ver esa necesidad que tenemos acá en la invasión, de conseguir ese líquido preciado que es el agua, primero lo hice para mí, luego quise ser solidario con todas las familias del asentamiento Monterrey”, aseguró el habitante del asentamiento Monterrey, Jorge Eliecer Sánchez.
Cerca de dos años duró el sacrificio de más de 35 familias del asentamiento Monterrey de la comuna Ocho de Neiva, debido a la falta de agua. Alrededor de medio kilómetro era lo que tenían que caminar loma abajo para poder recoger agua de “La moya”, una pequeña quebrada que pasa cerca del lugar.
“Cuando llegué acá nos tocaba caminar hasta La moya a recoger el agua en baldes, echárnosla al hombro y caminar loma arriba por esta calle destapada y empedrada para llevarla hasta la casa para las necesidades básicas, la ropa sí nos tocaba lavarla allá”, relató una de las primeras invasoras del sector.
Todas las personas del lugar recuerdan que además de lavar la ropa en la quebrada, tenían que bañarse allá y lavar las motocicletas, “el agua que recogíamos era exclusivamente para hacer de comer y para los baños porque la cargada es muy dura, muchas somos madres cabeza de familia, solas, sin la ayuda de los hombres, no es nada fácil”, explicó la señora.
Esta era una de las mayores controversias de la problemática pues a pesar de que se sienten agradecidos con la naturaleza por brindarles el agua que no puede llegar a sus casas, por todas las actividades que realizaban allí el líquido no era muy apto para el consumo y los más perjudicados son los menores de 5 años, quienes beben esa agua sin ningún tratamiento.
“Es evidente que todas las acciones que se realizaban en la quebrada la contaminaban, es preocupante que tuviéramos que darle esa agua a los niños, muchos padecían problemas estomacales, tenían parásitos, vivían enfermos del estómago, sabíamos que les hacía daño pero no había de otra, o les dábamos eso o los dejábamos morir de sed”, añadió la madre.
Así mismo, otra habitante del sector, Claudia Esperanza Laiseca, dijo que en muchas ocasiones han tratado de que se ponga el alcantarillado, han tocado puertas pero la respuesta siempre ha sido la misma, “nos dicen que no pueden hacer nada porque estos terrenos tienen dueños y nosotros estamos invadiendo, hasta que no seamos un barrio legal no pueden hacer nada”.

¿Ambición o solidaridad?
Jorge Eliecer Sánchez, conocido popularmente como El Cura, llegó hace cerca de dos años al sector, su propósito en un principio fue individualista, pero con visión un poco más abierta, menos conformista pero más ambiciosa, decide darle un vuelco a su vida y a la de cada familia que se beneficia de esta idea.
“Yo llegué al sector como un invasor más y de ver la situación, decidí hacer un aljibe con ayuda de un amigo, este tiene 28 metros de profundidad y un nivel friático de 5 metros y para extraer el agua utilizo una hidrobomba estilo lapicero, eso es una bomba que viene sumergida para no tener problemas de que de pronto se nos airée, decidí meterle una de las mejores”, contó Sánchez.
Una vez creado el aljibe, Sánchez cuenta que fue el primero en probar el agua que salía ahí para saber si era buena o mala, “yo fui el primero que tomé y cuando me di cuenta que era buena decidí compartirla”, además, dice que es cristalina y a simple vista “se ve que es mucho más limpia que la de La moya.
Sin embargo, como nada es gratis, una vez El Cura empieza a compartir el agua la cual es sacada y transportada por unas mangueras hasta un tanque donde la gente puede hacer uso de ella tres veces al día, el promotor de la idea empieza a cobrar un valor de $7.000 pesos mensuales, “el cobro que yo hago es para pagar el recibo de la luz que me llega a mí directamente por el gasto de energía de la motobomba”.
Por su parte, los residentes del sector se encuentran de acuerdo con pagar esta cantidad ya que, según ellos, el beneficio es enorme, “acá no hay posibilidades que nos traigan el agua, si pagáramos un recibo sería más caro, entonces, no le vemos problema con que cobre por el servicio”, concluyó la habitante de asentamiento, Claudia Esperanza Laiseca.
DIARIO DEL HUILA habló con la subgerente técnica y operativa de Empresas Públicas de Neiva, Olga Acosta, el director de planeación Municipal, Rafael Hernández, y la gerente general de EPN, Cielo Ortiz, quienes aseguraron hacer una vigilancia y control a este tema, adicional a esto, ratificaron que la idea no sería desmejorar la situación sino, por el contrario, ayudar a buscar una solución puntual y benéfica para la sociedad.
Según Acosta, lo primero que se debe hacer es un estudio a esa agua, pues aquellas personas pueden estar poniendo en riesgo su salud por ser aguas subterráneas, en su mayoría, no son aptas para beber debido al alto grado de contaminación.
