Dirigente cafetero resultó herido en accidente
El hecho se registró en Gigante. En el percance podría haber manos criminales.
Una llanta delantera que intempestivamente se le salió del eje en plena marcha al vehículo que conducía el dirigente de dignidad cafetera Octavio Oliveros, estuvo a punto de causar una grave tragedia el viernes anterior en Gigante.
El percance ocurrió en momentos en que Oliveros, se desplazaba raudamente a bordo de su vehículo particular un Jeep Chevrolet Gran Vitara, por la vía Neiva – Garzón, cuando al entrar al municipio de Gigante, la llanta delantera se deprendió del eje del vehículo, ocasionándole la pérdida de control del Jeep, al cafetero que lo conducía, quien se estrelló violentamente contra una roca que había a un lado de la vía.
Por fortuna en el accidente no se presentaron víctimas humanas, mientras que el vehículo sufrió graves averías, avaluadas en cinco millones de pesos.
Manos criminales
Por las características del accidente Octavio Oliveros, pedirá a la fiscalía la investigación del origen de la falla mecánica que por poco le cuesta la vida.
“Yo compré dos llantas nuevas para el Vitara. Las hice cambiar en un montallantas de Neiva, minutos antes de partir rumbo al centro del Huila.
Al sitio donde me estaban montando las llantas, llegó a los pocos minutos de estar realizándose el procedimiento una pareja en una motocicleta, quienes le entregaron al operario encargado de cambiar las llantas un paquete. Sospecho -porque a nosotros los dirigentes agrarios desde el inicio del reciente paro nos han venido haciendo seguimientos misteriosos- que la pareja presuntamente convenció al montallantas para que dejara la llanta floja y ocurriera el accidente, donde por fortuna no perdí la vida.
Claros que son simples sospechas mías, fundamentadas en el estado de asedio a que nos tienen sometidos por los seguimientos sospechosos que nos hacen. Esto la vamos a poner en conocimiento de la fiscalía para que se investiguen los Hechos”, precisó a DIARIO DEL HUILA, el dirigente cafetero y abogado Octavio Oliveros.
