De aserrador a vigía del medio ambiente
Don Luis Carlos Casas Valderrama aserró bosque nativo por cerca de 37 años en el sur del Huila y Caquetá. Motivado por daño lesivo a la naturaleza, dejo su motosierra; y hoy promueve la reforestación.
La tala indiscriminada es origen de la desaparición de afluentes hídricas, avalanchas, el sobre-calentamiento global, el acabose de especies de árboles y fauna silvestre.
El sur del Huila, especialmente las partes altas de los municipios de Palestina y Acevedo en predios aledaños del Parque Nacional Cueva de Los Guácharos fue por muchos años objeto de la intervención de la mano lesiva de aserradores. De forma indiscriminada talaron el bosque nativo, causaron una grabe afectación del ecosistema en la región.
Hoy con peso de conciencia por todo el daño causado a la naturaleza y con la firme determinación de resarcir el daño se estableció en la vereda El Macal de la ciudad de Pitalito el señor Luis Carlos Casas Valderrama, quien de sus 61 años de edad 37 dedico a la tala indiscriminada.
“Comencé a cortar madera desde que tenía 23 años, sacaba de rastra en rastra para medio subsistir; eso hice en el Huila por más de veinte años. Luego me fui para Solano en el Caquetá en donde también estuve aserrando”.
Árboles conocidos como amarillo, cobre, comino, roble en sus diferentes especies, arenillo, barbasco y comino real eran los más buscados para cortarlos debido a su alto valor comercial.
“Cortábamos grandes extensiones de árboles en su mayoría adultos, que se estaban secando o en tiempo de aprovechamiento, nunca cortaba especies jóvenes”.
Daño ambiental
Recuerda con nostalgia como al cortar un árbol adulto, el tronco caía sobre diez o veinte arboles medianos. Y como en aquel tiempo su único interés era el de cortar árboles porque de ello dependía el sustento de su familia y la adquisición de su capital.
“Jamás hubo una energía positiva que nos dijera: ‘no hagan eso’, solo nos preocupábamos por talar y talar. Hoy me siento muy arrepentido de no haber tomado la decisión de no tumbar más árboles hace mucho tiempo”.
Además del corte de árboles para madera, una de las mayores afectaciones era la tala en diez o veinte hectáreas de bosque nativo, que era tumbado y luego de que estaba seco se le prendían fuego para el establecimiento de cultivos.
“Eran grandes extensiones de bosque que se derribaban sin ningún tipo de aprovechamiento”.
¿Porque dejo la tala?
Don Carlos fue conmovido en lo más profundo de su ser, por el impacto negativo que se generó en la región debido al corte indiscriminado del bosque que servía como filtro y conservación micro cuenca de fuentes hídricas que surten acueductos veredales; de muro de contención del suelo, y mantenía estable el clima en la región.
“Me conmocionó ver las aguas contaminadas, llegaba a la escuela y nuestras casas por la tubería del acueducto puro agua barro; ver como bajaba café, plátano en medio de las avalanchas. Todo por haberle tumbado hasta el último arbolito que ayudaba a conservar las quebradas que surten el acueducto, y estabilizar el suelo”.
Una de las zonas más afectadas por las avalanchas está ubicada en la vereda Villa Fátima de Palestina, en los últimos dos años ha registrado más de siete, dejado grandes perdida en cultivos, y víctimas fatales.
Si no hay árboles no hay vida
Hoy don Carlos Casas ha cambiado totalmente su convicción por medio ambiente, no escatima esfuerzos para resarcir el daño causado. Fue así como en noviembre de 2012 se desmovilizó, entrego su motosierra, integra la asociación “Los Castores”, y empeño su esfuerzo a promover la reforestación estableció en la vereda el Macal de Pitalito un vivero que cuenta con más de treinta mil plántulas de especies de árboles en vía de extinción.
Trabajo que viene realizando con la ayuda de los CAM y lo organización Scouts de Colombia y su programa “Semillas de paz”.
“Yo hoy invito a la comunidad en general para que reforesten, amen a la naturaleza. Si no hay árboles no hay vida, agua limpia y protegida, no hay sombra, y se acaba con la fauna silvestre, y el calor es inclemente”.
De forma empírica con el conocimiento que le dieron sus años, don Carlos pasa semanas enteras recorriendo sus predios, en medio de lo que queda del bosque cerca al Parque Nacional Cueva de Los Guácharos, no talando, sino recogiendo semillas que luego de un proceso de desinfección, las pone a germinar y luego las siembra en las bolsas.
Hoy tiene más de veinte mil plántulas de roble listas para sembrar, en su vivero se encuentra palma de cera, amarillo, cobre, comino, arenillo, barbasco y comino real.
Este material vegetal está listo para su aprovechamiento, don Carlos lo vende a bajo precio para poder continuar en su labor de promover la reforestación, inculcando la siembra de cercas vivas, la conservación de micro cuencas, la siembra de árboles en vez de su tala.
“Cada rato me estrello con excompañeros que no han dejado sus motosierras a quienes invito para que no talen más; está en juego el futuro del medio ambiente, que es el futuro de nuestro hijos de nuestras familias, (…) por favor no corten más árboles más bien reforestemos”, finalizo con sus ojos entre lágrimas y su voz entrecortada.
