lunes, 30 de marzo de 2026
Regional/ Creado el: 2014-05-26 08:14

Cocinas ecológicas: De la necesidad a la transformación

Diecinueve familias de El Doche, una vereda ‘desconectada’ de la civilización, son las protagonistas de un proceso de transformación con doble propósito: Formarse para la vida y resolver necesidades básicas insatisfechas.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 26 de 2014

En medio del embrujo de la zona desértica del norte del Huila, donde el amarillo cobrizo de los paisajes se entreteje con las verdes montañas que se niegan a desaparecer, surge una pequeña vereda, enmarcada en la tranquilidad que sólo conocen quienes viven alejados de la cotidianidad citadina.

Es El Doche; un lugar habitado por no más de 25 familias que de la mano enfrentan las necesidades propias de un sector aislado de la civilización y, tal vez, lejano de las tradicionales acciones gubernativas y los típicos procesos de planeación.

Hoy, estas familias luchan por mejorar sus condiciones de vida y dar a sus hijos la posibilidad de nacer y crecer en un ambiente más tranquilo y, aunque suene extraño, menos contaminado.

Es por ello por lo que decidieron sumergirse en un programa de formación que culminó con la construcción de 19 cocinas, incluidas las hornillas que les permitieron dejar atrás el uso de espacios altamente rudimentarios, poco apropiados para cualquier ser humano.

Diógenes es uno de los beneficiados. Este campesino, de 66 años de edad, dedica sus días al cultivo de cacao, yuca, plátano y maíz, así como a la cría de ovejas y gallinas. Lleva 35 años en El Doche, el sector donde le fue asignada una parcela a través de la Reforma Agraria, para que, como dice él, pasara de trabajador a propietario.

Sus manos y su rostro demuestran que el paso por este mundo no ha sido fácil. Sin embargo, reconoce que el proceso de transformación adelantado en esta zona por el SENA, con el apoyo de la CAM, “es el comienzo del cambio de una estructura. Queremos entrar al turismo. Con esa idea llegamos al SENA, donde hablamos de nuestras necesidades y del deseo de cambiar la vida que traíamos”, comenta.

Para él, el sentir de la comunidad obtuvo eco y derivó en un ejercicio que ya dio sus primeros frutos. “Ellos no vinieron con promesas. Se dedicaron a darnos una formación, para que cambiemos de vida, para que mejoremos nuestros ingresos, para que mejoremos nuestra forma de trabajar. Yo ya puedo hacer una cocina y una estufa de éstas”, expresa con satisfacción.

 

Doble propósito

Diógenes, al igual que el resto de la comunidad dochuna, considera éste como el resultado de un proceso integral, porque además de la formación y la apertura de nuevas opciones, contribuye a la reducción de los índices de contaminación.

Antes, cada una de las familias asentadas en El Doche consumían alrededor de 50 kilos de leña por día. “Ahora cocinamos con 15”, repara. 

En efecto, estas personas tomaron la decisión de buscar alternativas de solución a algunas de sus más básicas necesidades… Buscaron la forma de acceder a un proceso de formación que les permitiera abrirse nuevos caminos y, de paso, resolver un problema de salud y contaminación ambiental, derivado del uso de cocinas rudimentarias, generadoras de altos niveles de polución.

“Llevamos la teoría a la práctica. Después de un periodo de entrega y dedicación, hoy podemos demostrar que aunque haya escasos recursos, se puede trabajar en unión. Este logro ha sido mundial para nosotros, así mucha gente de afuera no lo vea de esa manera. Nuestro corazón se enorgullece de saber que sí se puede”, enfatiza Isabel Tovar, docente de la Institución Educativa Gabriel Plazas.

Fue así como se gestó y se ejecutó este proceso de transformación, que inició con la cualificación de 30 lugareños en Mampostería Estructural y culminó con la adecuación de las cocinas y la instalación de las hornillas ecológicas y saludables. Las mismas que ahora les permiten optimizar los recursos, gracias al buen manejo del calor y la correcta disposición del humo y las cenizas.

“Es un ejercicio de doble propósito: Se crean las capacidades en la especialidad en que se está formando a la comunidad y, además, estamos dando una solución, estamos brindando bienestar, estamos siendo amigables con el medio ambiente y estamos ayudando a la cohesión familiar. Todo, partiendo de una necesidad que encontró solución en la formación”, asegura el director Regional del SENA en el Huila, Luis Alberto Tamayo.

 

Todos ponen…

El proyecto, que hoy es una realidad, se consolida como un ejemplo de mejoramiento de vida, trabajo en equipo y resolución de problemas convertidos en oportunidades para demostrar que sí es posible hacer las cosas bien y avanzar de la mano en la búsqueda de propósitos comunes.

“Hubo aportes valiosos de la comunidad, la CAM y el Municipio de Villavieja. Cuando se quiere se puede. Ésa es la conclusión”, manifiesta el subdirector del Centro de la Industria, la Empresa y los Servicios, Fermín Beltrán.

De acuerdo con el funcionario, éste es el resultado de un proceso demarcado por diferentes aristas, que inician en lo social, traspasan lo económico y culminan en lo ambiental.

“Se logró el sueño de construir y poner en servicio las 19 cocinas ecológicas, hecho que se convierte en un gran ejemplo para el país. Es una comunidad que toma decisiones y ejecuta proyectos de manera articulada, movida por propósitos comunes. Es la decisión de participar en la solución y no sólo de criticar desde la orilla, esperando que otros lo hagan”, insiste.

Sus palabras coinciden matemáticamente con la percepción de la gente. “El humo estaba matándonos. Pensábamos que este proyecto no llegaría a ser realidad. Pero, hoy somos otras personas”, puntualiza José Ney Perdomo.

Sin duda, la mirada de la población dochuna vislumbra promisorios horizontes… Sabe que, aunque permanece alejada del mundanal ruido, ahora más que nunca tiene la posibilidad de dar vida a otras propuestas, de trabajar de la mano en la materialización de sus anhelos colectivos y, por encima de todo, de no morir en el intento.