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Regional/ Creado el: 2015-12-06 03:07

Amores, odios y milagros: la vida de un bandolero

Ayer se cumplieron 50 años de la muerte del bandolero Saúl El Renco Quintero. Su familia lo recuerda, sus devotos lo alaban y sus detractores lo siguen odiando.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 06 de 2015

La muerte del ‘pájaro’ Saúl El Renco Quintero constituyó el fin del bandolerismo en el Huila, como también el inicio de una devoción hacia él.

El temido guerrillero de los años 50 y 60 en el Huila, El Renco Quintero, no solo dejó odios, sino amores que se propagan por doquier como ‘milagros’ reconocidos por sus seguidores.

Ayer hizo 50 años en que en la finca El Papayal de Teruel, lo emboscó el Ejército y la Policía, y finalmente lo mataron (1965). A decir verdad, es un sitio sombrío, una casa desvencijada por el tiempo y por cientos de historias que se resisten a morir. Dicen que fue un guerrillero ‘bueno’ que le robaba a los que eran ricos y les daba a los que no tenían qué comer.

“La muerte de Saúl significa si no el fin definitivo, sí el comienzo de la terminación de esa época del bandolerismo en el Huila. Una época marcada por el horror, por crímenes desalmados, propiciados por estos grupos que estaban comandados en esta zona del departamento principalmente por Saúl, Tres Espadas y el Mico”, afirmó José Amín Suárez Álvarez.

Otras versiones

“Con justificado alborozo, la prensa nacional y local registró la muerte de El Renco a manos de las autoridades. Así por ejemplo, El Tiempo señala: ‘Sensación de tranquilidad ha traído al departamento y especialmente a las zonas del Occidente que fueron el mayor teatro de sus crímenes, la baja del bandido Saúl Quintero (alias El Renco) ocurrida hoy a las ocho de la mañana”, afirma José Jairo González Arias en el texto ‘La violencia en el Huila’ publicada en el Volumen II de la Historia General del Huila.

Este guerrillero fue temido junto a Tres Espadas y El Mico, otros dos líderes guerrilleros integrantes de los ‘Pájaros’ conservadores, quienes sembraron el terror en gran parte del Huila. Sus asaltos hoy en día son motivo de tristes e indeseables recuerdos, pues fueron muchas las extorsiones y las muertes causadas por sus acciones delincuenciales.

Los que lo alaban

Por otro lado, están los defensores de El Renco, que lo consideran el Robin Hood huilense. Hace tres años DIARIO DEL HUILA dio a conocer dos cartas de El Renco, que mostraban su rostro humano y familiar.

Hace tres años en este medio de comunicación, una de las sobrinas, Eneida Constanza Quintero, hija de Clara Olga Quintero, única hermana de Saúl, afirmaba que realmente su tío se convirtió en un prófugo de la justicia cuando injustamente lo llevaron a los calabozos, primero en Teruel y luego en Neiva, donde lo maltrataron.

Según Eneida, luego de prestar el servicio militar en Bogotá, su tío Saúl ingresó a la Policía en Ibagué, allí un preso se le escapó y por esta razón abandonó esta institución. Regresó al Almorzadero (zona rural de Teruel de donde era oriundo), y se dedicó con un amigo al sacrificio de ganado y a la venta de carne. Un buen día, uno de sus amigos, Ramón, lo invitó a tomar. Cuando iban por las calles de Teruel, un señor “le echó el carro encima”, cuenta Eneida, y esto desencadenó una pelea que llevó a Saúl a la cárcel de este municipio, donde lo tuvieron unos 15 días; y luego, a la cárcel de Neiva (el panóptico, hoy Centro de Convenciones). Allí, según relata su sobrina, lo maltrataron y luego lo llevaron al hospital de donde días después huyó y se convirtió para siempre en un prófugo de la justicia.

Los milagros

Luego de 50 años de la muerte de Saúl Quintero, hoy en día en el Cementerio Central de Neiva aún se mantiene la devoción por la imagen milagrosa de este personaje catalogado como el Robin Hood opita.

Más de 50 acciones de gracias reposan en su tumba por favores recibidos. Según cuentan las personas cercanas a El Renco, quien recibió ayudas tras su muerte fue su madre Laura María Quintero, a quien él en vida siempre pidió que ayudaran si a él lo mataban. Sin embargo, una letra de cambio por 40 mil pesos que había dejado Saúl para su madre para que la cobrara y comprara la casa de la que tanto le hablaba en sus cartas, un amigo del bandolero mediante engaños la alteró y la puso por el valor de cinco mil pesos. Finalmente, aunque la casa donde viven en Palermo les costó 5 mil 200 pesos, es un recuerdo y al mismo tiempo, un favor de El Renco.

Así, entre milagros y reproches, hoy en día se recuerda a El Renco Quintero. Un mítico personaje que con el correr de los años sigue permaneciendo en el imaginario colectivo de muchos huilenses

“Gracias a los milagros nosotros tuvimos un techo donde vivir”

Una de las sobrinas, Eneida Constanza Quintero, hija de Clara Olga Quintero, única hermana de Saúl, afirmaba que realmente su tío fue un hombre bueno y justo, y que siempre protegió a su familia, aún después de muerto.

¿Todavía van a su casa a contarle y llevarle presentes por milagros de Saúl?

Una señora que le habían diagnosticado cáncer de útero escuchó hablar de mi tío Saúl y ella se aferró a la idea de que él pudiera ayudarla. Parece que lo hizo con mucho fervor y luego le hicieron otros exámenes médicos y ella aparece como si no tuviera cáncer.

A mí me gustaría que se hablara de ese ser humano que yo no conocí porque no había nacido, pero que se dejó ver a través de sus cartas y su idea de salvaguardar a la familia con esa idea novelesca de seguir velando por la familia hasta aún después de su muerte. Gracias a los milagros que él ha hecho, nosotros tuvimos un techo donde vivir y alimento en nuestra mesa.

¿Cómo fue lo de su hermano?

Incluso la oportunidad que mi hermano Jesús Adolfo Quintero se pudiera ir a trabajar y estudiar a Bogotá fue gracias a una persona a la que él le hizo un milagro. Y fue el primero que pudo salir adelante porque éramos los hijos de una persona que era sorda y ni ella ni mi abuela trabajaban, así que vivimos de las cosas que nos daban.

Y aunque las cosas cambiaron desde que mi abuela murió, porque la gente ya no acude a nosotros y no nos beneficiamos económicamente, como sí ocurrió en mi infancia, siguen ocurriendo muchos milagros, solo que ya la gente no se expresa acá con un bien económico y afortunadamente nosotros ya no lo necesitamos.