“Chato”, 60 años de correrías por el Huila
A sus 81 años, el papá de los fotógrafos de Neiva, José María Aya, murió por un paro cardiorrespiratorio. Sus compañeros lo recordarán por ser el hombre más experimentado en esta profesión, pues entregó gran parte de su vida a esta carrera y a las personas que quisieron aprender este arte.
La fotografía ha sido uno de los inventos más relevantes de todos los tiempos, en ella quedan presentes recuerdos, se capta la realidad a través de un lente que es fiel a los hechos, tanto así, que muchos acontecimientos históricos quedaron plasmados en imágenes que hablan por sí solas. Quien se desempeñe en este campo, requiere de imaginación, creatividad y sobre todo de amor por lo que hace.
Hace un mes, falleció a sus 81 años el precursor de la fotografía en Neiva, José María Aya. A los fotógrafos a los que les enseñó a ganarse el sustento con este oficio, les quedó de herencia sus enseñanzas. Prácticamente 60 años los dedicó a esta profesión, viajó por el país, hizo a las familias felices con cada ceremonia a la que asistió para entregar sus mejores ángulos.
Conoció de cerca la trasformación de la fotografía: el telescopio, a blanco y negro, análoga y por último la digital. Antiguas cámaras fotográficas, quedaron guardadas en un baúl, para dar paso a los nuevos avances tecnológicos. Su hijo Lisandro Aya, evoca los tiempos en los que era tan solo un niño, cuando su padre viajaba constantemente a ferias y fiestas en todo el país. Crecer en ese mundo le permitió darse cuenta que quería seguir los mismos pasos.
Cuando se fue a vivir con Mery Cardozo en unión libre, empezó a trabajar en almacenes, pero eso no era lo suyo, por lo que fundó su propia empresa, y se dedicó a las fotos pues no le gustaba ser empleado de nadie. Desde ese momento, comenzaron las aventuras por el departamento “hace 20 años iba a los reinados, dejó un legado bonito, la mayoría de fotógrafos de esos tiempos pasaron por las manos de él, les prestaba la cámara, disponía del equipo y ellos iban y las vendían, el negocio era muy rentable, en la actualidad no tanto”.
Aya, alcanzó a tener el famoso cuarto oscuro, lo tapó completamente para que no le entrara la luz y allí se encargaba de revelar los rollos. Lisandro manifiesta que se encerraba, cogía la ampliadora, colocaba el papel, graduaba, y en tres gavetas con químicos, sumergía el papel y luego la colgaba, sus hijos cogían un secador para que el proceso fuera más rápido.
Era considerado el papá de los fotógrafos de Neiva
Según su hijo, todos lo llamaban “Chato” por la forma de su nariz, pero sobre todo era reconocido por ser el papá de los fotógrafos, el más antiguo en esta labor. Todavía hay fotógrafos en el Parque Santander, pero son pocos, la mayoría han tenido que buscar otras fuentes de ingresos porque no pueden mantener a sus familias con lo poco que les pagan, él nunca se cansó, esta vocación la realizó hasta su muerte.
“Mi papá recorría pueblos, era de esas personas a las que le gustaba andar en correrías, si había algún cumpleaños en un lugar, un matrimonio, bautizo, lo que fuera, allá iba. Le decía a mi mamá, alístele la ropa al niño que me lo llevo para Pitalito, San Agustín u Oporapa”.
Cuando los eventos culminaban, se reunía para compartir unas cervezas y sacar el producido. “Los fotógrafos tienen otras ocupaciones porque no son bien remunerados, pero a mi papá nunca le importó, cuando estaba en la casa, le llegaban los vecinos y le decían ‘don José me voy a casar, tómenos las fotos’, le avisaban con tiempo para que no se comprometiera”.
A Aya también le decían “El perro” porque así como le gustaba admirar los paisajes, monumentos y demás, apreciaba la belleza de las mujeres. También le fascinaba la pesca, la caceríay otras actividades que compartía con su familia.
“Fue muy de la casa, la gente le agradece porque mi papá les enseñó todas las técnicas que de la fotografía. Estuvo en Florencia, Putumayo y nunca se veía aburrido con lo que hacía, por el contrario, nos decía que conoció Colombia, personajes, aprendió de historia y eso era para él muy gratificante”.
Aya falleció el 21 de diciembre por un paro cardiorrespiratorio, tuvo seis hijos, de los cuales solo quedan tres. José Alberto, Julio César y Lisandro, son fotógrafos también y esperan continuar preservando ese legado de generación en generación
