¡Viva la Palabra Viva! Doce años contándole historias al Huila
Este año, el Festival Internacional de Narradores de Historias, ¡Viva la palabra Viva!, llega a su décimo segunda edición. Como en versiones anteriores, narradores orales provenientes de diferentes países del mundo se reunirán para contar historias sobre mitos, espantos, amor y otros temas. La presente versión se hará entre el 27 de septiembre y el 3 de octubre. Una fiesta artística y cultural que sigue volando alto en el Huila.
Entre los años 80 y 90, cuando el auge de la narración oral se topó con los círculos de artistas del Huila, el gestor cultural Álvaro Gasca decidió crear un festival de narradores de historias. Tras egresar como licenciado en Arte Dramático de la Escuela Nacional de Arte Dramático, artistas del Huila y el país comienzan a producir grupos escénicos de teatro, danza y sala. De allí surge lo que se llaman las salas de arte escénico independientes. Una de ellas, la Corporación Cultural Casateatro, dirigida por Álvaro Gasca y que este año cumple 23 años de funcionar en pro del arte y la cultura de la región.
¡Viva la palabra Viva! Festival Internacional de Narradores de Historias nace en el 2004 como heredero de las "Jornadas de Cuentería" realizadas por Casateatro, en la programación que desde el año de 1992 viene realizando de manera continuada en su Sala de Espectáculos Públicos, como un aporte desde la cultura para construir Paz y fortalecer las razones de identidad de arte en la región.
El festival ha reunido en su trayectoria a 180 narradores de países como Inglaterra, Italia, Camerún, España, Portugal, Francia, pertenecientes a Europa y África, y todos los países de América Latina. También, artistas colombianos de 22 departamentos, 25 municipios huilenses y 190 jóvenes pertenecientes a los talleres de formación. El festival ha reunido cerca de 70.000 espectadores de todas las edades, en comunas y zona rural de la ciudad de Neiva. Para Álvaro Gasca, el espacio se ha logrado constituir en una importante excusa de esparcimiento que permite que niños, jóvenes y adultos lleguen a las instalaciones de la corporación para disfrutar, además de los espectáculos, momentos familiares junto a los artistas. “Hay familias enteras que no han fallado a ninguno de nuestras ediciones del festival, tienen los afiches completos y me muestran las colecciones”, manifiesta Gasca, quien reconoce con orgullo los resultados de su festival.
“Hay actividades permanentes en Casateatro anualmente. Estas funciones son de carácter colectivo y en cada una de estas funciones se presentan de tres a cuatro narradores, lo que significa que el Festival realiza entre 120 presentaciones en esas 45 funciones que van al público”, expresó Gasca. ¡Viva la Palabra Viva! No solo se ha concentrado en su espacio habitual ubicado en el barrio Altico de Neiva sino, también, en otros espacios como colegios, escuelas o plazas públicas de pequeñas localidades del departamento. “Nos dirigimos a población de primera infancia, a niños de primaria, a docentes de colegios públicos y privados, a las comunidades”, expresó Gasca.
Este año, el festival llega a su versión décimo segunda y busca convocar entre el 27 de septiembre y 3 de octubre, a cerca de 13 mil espectadores distribuidos en los diferentes espacios a los que llegará cada uno de los espectáculos. Desarrollará 42 presentaciones, 10 talleres temáticos, en donde 25 cuenteros locales, 5 nacionales y 5 Internacionales, confrontarán sus experiencias para que el público “reconozca en la universalidad, nuestra riqueza cultural, con presentaciones en colegios, sala y espacios comunitarios”, señaló Gasca, al tiempo que señaló que el proyecto ha ayudado a tejer identidad cultural y recuperar encuentros y lazos familiares para, finalmente, aportarle a la construcción de la paz en Colombia.
“Nos hemos dado el lujo de traer narradores de América Latina y el mundo, de calidad. El festival que hacemos tiene que ver mucho con tradición y con las historias de esas regiones y del país de donde vienen cada uno de los artistas. El formato es pequeño, son cinco internacionales y cinco nacionales”, añadió Gasca.
Frente al apoyo económico, Gasca manifiesta que el festival se realiza con el mejor entusiasmo y aunque se preocupan por lo presupuestal y el apoyo financiero que las pocas empresas privadas y entidades institucionales les brindan, bajado el telón “nos congratula el hecho de ver la respuesta del público”. “Muchos nos dicen por qué no hacemos el festival en otro tipo de espacios como el Teatro Pigoanza o el Centro de Convenciones. Pero además de todo lo que eso implica en cuestión de presupuesto, logística y otras cosas, si se hace en algún otro espacio perderíamos un elemento fundamental y es esa relación muy cercana y muy íntima que se crea entre el artista, el cuentero, el narrador y el público. En otros escenarios no sé qué tipo de condiciones habrían de crearse para que se pueda compartir de esa forma. Espacios como esos están hechos para que la persona vea el espectáculo, aplauda y se vaya, mas no están creados para el encuentro. El formato del festival permite que este sea muy íntimo”, expresó Gasca.
Alrededor de 30 personas trabajan en la ejecución del Festival. Cada año, el proyecto se envía a la convocatoria de proyectos concertados al Ministerio de Cultura. Por su trayectoria y los componentes de formación que posee, resulta beneficiado entregando a la comunidad los mejores resultados. “Entre las personas están los de logística, publicidad, los que recorren los colegios y escuelas y zonas rurales convocando público”, señaló Gasca.
Las anécdotas del Festival
Detrás de cada invitado siempre hay, además de la historia que cuentan al público, relatos de vida que han trascendido en la memoria del festival. “Ha pasado de todo”, dice el director Álvaro Gasca. Desde el príncipe heredero de Camerún (África), hasta el boliviano que vivió peripecias para llegar a Colombia en busca de un espacio en el festival.
Gasca comienza los relatos y se remite a la primera edición del festival. Allí cuenta la historia del narrador proveniente de Bolivia, que sufrió todo tipo de peripecias durante su viaje. “A Boris nadie lo conocía, él me envió su hoja de vida por la convocatoria que hace el festival. Nosotros le ayudamos a gestionar para los pasajes pero, en últimas, él no los consiguió y tuvo que venirse por tierra hasta Colombia. Duró viajando como cuatro días, pero cuando llegó al Perú, resulta que los peruanos no es que quieran mucho a los bolivianos, de mala fe le dieron indicaciones que no eran y terminó al otro costado de ese país”, relató Gasca entre risas. Además de los retrasos en el viaje, al artista boliviano le robaron sus maletas y las de su compañera. “Nos comunicamos por internet y yo le dije que como estaba más cerca de Bolivia, se devolviera, ‘no, tranquilo, ya va empezar el festival’, le dije a él, pero él insistió y me dijo, ‘no, si yo llego es al otro día, y me tiene que recibir’. Finalmente llegó a Colombia, desbaratado por ese viaje tan terrible”, narró Gasca. Boris participó en la primera versión del festival y estuvo feliz. Aun habla con el director.
Silvia Luna, una argentina proveniente de la región de La Plata, llegó a Colombia para una versión del festival. Lo hizo cuando el DANE realizaba un censo de población. “Los colombianos somos muy famosos por ser buenos narradores, somos como la potencia de la narración en América Latina. Ella venía con esa expectativa”, comentó Gasca. Silvia llegó asombrada, pues en cada calle leía afiches de publicidad donde se leía ‘En Colombia todos contamos’. “Sí, es cierto, me decía ella, pero yo le expliqué y le dije, no Silvia, eso es del censo, es la publicidad del censo”, relató entre risas.
“Luego vino el artista procedente de Camerún (África) Bonifacio O´fogo a quien conocí en Medellín. Camerún no tiene estados ni departamentos sino reinos, y hay un reino de donde proviene este narrador, que también era príncipe heredero”, narró Gasca. En África, la tradición de contar cuentos está muy fresca y viva. A Viva la Palabra Viva, Bonifacio llegó con las mejores expectativas.
“El último día que él estuvo acá, en medio de la conversación le dije, usted es el príncipe heredero y va a ser el rey porque su papá está enfermo. En medio de los whiskeys le pregunté; ¿va a ser un rey de los justos con la gente? Me dijo, no, no quiero ser rey, pero no sé cómo hacer con mi padre porque él sí quiere; yo tengo un hermano que siempre ha estado al lado de mi padre y lo mejor es que él sea el rey”. Gasca, sin dudar un segundo, le sugirió una idea. “Bueno, si su papá está tan enfermo no puede hacerle ese desaire, entonces acepte y luego renuncia para que su hermano sea el rey y finalmente, usted se queda en las relaciones internacionales. Con su acento español me dijo, ‘¿sabe que no está mal la idea?’”.
Meses después, Bonifacio le comunicó a Gasca que su padre había muerto. “¿Y…?”, le respondió Gasca en un correo electrónico. Bonifacio fue coronado rey de uno de los reinos de Camerún y tres días después abdicó al trono; su hermano había sido nombrado rey. “Prácticamente, en Casateatro se decidió el destino de uno de los reinos más importantes de Camerún, en África”, cuenta.
Sophie era una francesa que contaba las historias de Edith Piaf y se parecía a ella, pero hablaba poco español. “Ella llegó y encantó. No era muy linda físicamente pero era encantadora”. Todas las noches, a Sophie alguien le llevaba arreglos florares hasta Casateatro. Hoy, ese joven es concejal de Tello. “Ella terminaba y alguien entraba con el arreglo floral a entregárselo a ella. No sabíamos bien quién era, yo pensaba que era alguien de logística de Casateatro, hasta que al final supimos. Yo pensaba: ‘los muchachos de logística están volando”. En Casateatro han pasado cosas muy lindas”, relató sonriendo el director del festival.
La Corporación Cultural Casateatro y el Maestro Álvaro Gasca, su director, esperan seguir posicionando así un evento que se proyecta como un aporte desde el arte, a la paz y la convivencia, contribuyendo a hacer de Neiva y el Huila un atractivo para el turismo cultural del mundo, complementario al Festival Folclórico, forma dinámica y rica de disfrute para la familia, comunidad en general y estudiosos del patrimonio y la herencia de la cultura popular.

